
"Fiebre": en el mundo de la disco
El musical, realizado por Ricky Pashkus y Chet Walker, recrea el ambiente de las discotecas de los años 80 y se estrenará el viernes en el Presidente Alvear
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El viernes se estrena "Fiebre", que, por las dudas, no se trata del nombre de una película de Isabel Sarli y Armando Bo. En todo caso, es el título de una comedia musical basada en el universo de la discoteca, ese mundo que por diferentes motivos e historias de vida tanto apasiona a los coreógrafos Ricky Pashkus y Chet Walker.
"Fiebre" remite a un mundillo que se ha convertido en material dramático para infinidad de obras de teatro y películas, y que, como ocurrió con el film "Los últimos días de la disco", de Whit Stillman, sirvió para trazar una estampa de la década del ochenta a partir de Studio 54, "la" disco de Nueva York en aquel momento.
Como producto local, no espere usted que "Fiebre" esté ambientada en Mau Mau, la contrapartida porteña a Studio 54. "En realidad, reparamos en la disco de los ochenta porque es la más glamorosa, la más atractiva, la más fascinante", apunta Walker, creador del espectáculo "Fosse", rechazando de plano toda posibilidad de que esa afirmación tenga que ver con una lectura generacional. Porque más allá de los defectos y virtudes entre la movida de la disco de los ochenta y el mundo tecno de "Creamfield", por tomar un ejemplo, hay algo que sí es cierto: Chet Walker debe de haber disfrutado aquellos años con todo su furor juvenil. "Justamente esa experiencia se tomó como punto de partida para este trabajo", apunta Pashkus.
Estos dos reconocidos coreógrafos tienen mucho en común, pero también las mismas experiencias de vida los ubican en sitios diametralmente opuestos. Por ejemplo, si bien Pashkus reconoce que ese mundo de la disco nunca fue lo suyo ("a lo sumo, me gusta ir para observar"), en una hipotética situación compartida, Chet hubiera sido uno de los tantos sujetos observados por Pashkus. "A mí me encanta la disco. Allí está todo", apunta su compañero en este nuevo emprendimiento. Su descripción sobre ese mundo está mucho más allá del lugar común que sostiene que las disco están endiabladamente habitadas por sexo, droga y alcohol. "Eso también aparece en el espectáculo, pero básicamente una disco es el lugar de la seducción y del divertimento. Es el lugar en el cual podés liberarte, jugar a ser apunta el norteamericano con ojos chispeantes, como si en el mismo armado de la oración se le vinieran a la mente cada una de las escenas de cuando entraba a Studio 54 (sí, él fue uno de esos elegidos que pisaron aquel mítico lugar neoyorquino).
En contraposición, nada de esos brillos seducían a Ricky. "Ese baile -apunta refiriéndose a toda la movida- no me expresaba. Aún en el sentido más literal del término podría decir que no bailaba bien esa música. Y en lo que hace al rito de la seducción, era mucho peor." Es más, confiesa que hace como 25 años que no pisa una disco como para dejar bien en claro lo suyo.
Entonces, ¿por qué hacer una obra sobre ese universo en el que aparentemente la pasó fatal? El coreógrafo de la mayoría de los trabajos de Enrique Pinti explica sin complejo alguno: "Que no lo haya pasado bien no significa que no sea un buen tema. En lo personal, las luces de la disco no reflejaban algo brillante de mí". Exactamente lo opuesto a este simpático norteamericano enamorado de Buenos Aires.
Los ejes del musical
Luego de un largo ensayo, los dos responsables de este nuevo montaje cuentan los ejes de "Fiebre". El musical que presentarán en el Presidente Alvear tendrá un anclaje musical ligado también a los ochenta. Para ello rescataron típicas melodías de Donna Summer o Aretha Franklin, algunas de las diosas de aquella movida, y como para sacarle un dejo casi nostálgico, Gerardo Gardelín, director musical del espectáculo, intervino los ritmos originales mechándoles algo de funk, un poco de hip hop y hasta jugando con el rap.
Ya en pleno ensayo, Chet Walker escucha una y mil veces un pasaje musical. Cuando se para, inmediatamente el resto lo rodea. Pero antes de hablar, cierra los ojos como buscando en el disco rígido de su mente (un archivo de datos seguramente muy valioso), la imagen que tanto necesita. Cuando parece haber dado con la tecla, recién en ese momento se larga a hablar en inglés casi sin traducción mediante porque su mismo cuerpo explica todo. Y como está jugando el juego que más le gusta, marca los pasos con sus mismas pisadas, con su misma energía. "One, two, three, four, five...", dice en voz alta una (y dos, tres, cuatro y hasta cinco veces, si fuera necesario), hasta que la pareja que está ensayando se aproxima a esa imagen que hasta hace instantes tenía en mente. Mientras tanto, Ricky Pashkus y Gerardo Gardelín, encargado también de componer algunos temas originales de la obra, dirigen el ensayo del resto del elenco compuesto por Marcela Paoli (de "Operación triunfo"), Andrea Surdo (del grupo Seducidas y abandonadas"), Rubén Roberts (trabajó en "Los miserables") y Julio Zurita (del elenco de "Cirtango").
Así va la cosa en esta disco comanda por dos disc jockeys de lujo: Pashkus y Walker, dos señores que no contentos con haber creado en estas tierras la Compañía Internacional de Teatro Musical (la real cantera del cuerpo de baile que copará la sala oficial), el año pasado ya montaron un trabajo conformado por números sueltos y este año redoblaron la apuesta para armar una disco en pleno teatro Presidente Alvear.
"En realidad -especifican-, no quisimos convertir al teatro en una disco, sino que pretendemos que la gente note que armamos una disco en un teatro." Allí, el lugar estará presidido por una enorme cabina del disc jockey y, de lo alto, colgará una infaltable bola de espejos (no podía ser menos). "Claro que en algunos momentos, las canciones serán interpretadas en castellano para que cumplan una función dramática", apunta Pashkus.
La historia a la cual hace mención reunirá a un DJ, un gigoló, una chica joven bien ingenua (siempre las hay), un habitué del lugar, la dueña de un cabaret en una trama de amoríos cruzados y silenciados. O sea, una escena que todos las noches estalla en cualquier disco de cualquier lugar del mundo, sea con la glamorosa Donna Summer de fondo o con un furioso tema de Fat Slim Boy.
El resultado final de un proceso de ensayos de un poco más de un mes, se podrá ver a partir del viernes. Y aunque parezca poco tiempo de ensayo para una comedia musical (trabajos siempre complejos), Pashkus sostiene lo contrario: "Tanto Chet como yo teníamos muy en claro lo que estábamos haciendo, por lo cual no fue complicado".
Las bola de espejos ya está lista. Donna Summer promete sonar a full. El vestuario, dicen, tendrá algunos toques fashion bien de esta década. Aseguran que el baile tendrá una coreografía estilizada para que no remita inexorablemente a los ochenta. Y si uno de los más graves problemas de las discos es saber si el grandote de la puerta permite la entrada, las puertas del Presidente Alvear no contarán con esos temibles señores.
Con todas estas cartas en juego, "Fiebre" ya está levantando temperatura.
Para agendar
- Fiebre, musical de Ricky Pashkus y Chet Walker.
Presidente Alvear, Corrientes 1659. Miércoles a domingos, a las 21.




