
Fish se mueve en escena como un pez en el agua
Recital del cantante Fish. Con John Marter (batería), John Wesley (guitarra), Robert Hayden (teclados) y Steven Barnacle (bajo). El sábado, en el teatro Coliseo.
Nuestra opinión: bueno.
El show comenzó dos horas después de lo previsto. Pero no fue porque el cantante Derek William Dick intentó hacer honor a su apodo (desde hace más de veinte años lo llaman Fish, ya que pasa demasiado tiempo bajo la ducha).
El escocés y su banda llegaron temprano, pero el retraso de la función de "Rhythm of the dance", el espectáculo anterior, provocó la demora. En ese rato, en el hall del Coliseo se registraron algunas quejas que fueron aliviadas por una empresa de bebidas que convidó con aperitivos y por un par de asistentes de la comitiva de Fish que improvisó un puestito de discos y merchandising: gorras y el último CD del cantante, "Fellini days", a 20 pesos; remeras del "South America Tour 2001", a 15.
La escena era similar a la de otros encuentros de rock progresivo o sinfónico, con treintañeros en grupos de amigos, solos o en parejas. Pero es cierto que no se percibió un clima de devoción casi religiosa como en otras ocasiones, quizá porque Marillion -la banda que hizo famoso a Fish o la banda que se hizo famosa gracias a Fish- tuvo su momento de esplendor durante los ochenta. Y la fuerza épica y el hermetismo de las letras que aparecían dentro del rock progresivo de la década anterior fueron matizados en este grupo con los sonidos más pop y las baladas de los años que le tocó vivir. Basta con recordar "Incomunicado" o "Kayleigh", sólo por nombrar algunos hits del combo.
Además, hace pocos días, el cantante declaró a LA NACION que hoy existen grupos que creen que hay que seguir haciendo lo que se hizo en los años setenta. "Eso no suena progresivo, sino más bien regresivo. Creen que por llevar ese nombre la gente va a comprar sus discos", aseguró.
Sin embargo, no es nada tonto. Y sabe que tiene un público cautivo (al menos en la Argentina) que responde al llamado de los clásicos. Por eso, pasada la 1 de la madrugada apeló a aquellas viejas canciones para atraer como un imán hacia el borde del escenario a la mitad de la audiencia ubicada en la platea.
Claro que, a diferencia de otros artistas que siguen en la ruta por obra y gracia de la evocación, Fish trajo más que un puñado de old hits . Esta vez llegó con cuatro estrenos del último CD, piezas anteriores de su carrera solista y su carisma tan particular. Fish es un señor escocés de 43 que para el oído argentino canta con la aspereza del idioma alemán.
Cantante y actor
Es un grandote (una especie de gladiador) de movimientos toscos y hasta graciosos, pero que forman parte de una gran personalidad que se completa con extensos comentarios entre cada tema. Es el hombre educado que larga un "párdon" flemático cuando no llega a comprender la pregunta de un fan; es el rocker de pantalones símil cebra que se sienta al borde del proscenio para pedir un cigarrillo, imitar a Sean Connery y seguir la línea de un discurso interminable con una botella de vino en la mano que le acercó su asistente (uno de pollerita escocesa que corre de un lado a otro).
Fish abrió el show con "3D" de su flamante material; siguió con el coreado "Credo"; con una canción inspirada en imágenes de Bosnia; con "Long cold day", dedicada a su ex esposa, y con "So Fellini", para la que hizo una larga introducción sobre la sensualidad del tango, a pesar de que el tema sonó a rock duro con riffs machacantes, como la mayoría de las canciones que interpretó esa noche.
Entre mucho rock, en el medio hubo una desabrida versión de "Kayliegh" y una improvisación vocal que tomó por juego (aunque fue evidente su esmero por no calar notas en un diseño de pasos microtonales), hasta llegar al cierre con una bella y exquisita "Lavender" y los solicitados "Fugazi" y "Market Square Heroes", que, progresivos o regresivos, fueron los únicos que realmente llegaron a conmover al público.






