
Gluck, el audaz reformador
En "Alceste" privilegió el drama sobre la música
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La ópera siempre fue tema. Es su destino provocar pasiones, presiones y rechazos. Lo otro, la indiferencia, le es extraño. Teóricos, libretistas y compositores se han inquietado muchas veces para frenar un género donde la fantasía no pone límites. Ya en 1640, casi en la cuna de la ópera, comienzan las sátiras, aunque el sarcasmo pasó los límites cuando en 1720 Benedetto Marcello, compositor él mismo, se burló en su librito "Teatro a la moda" tanto de los músicos como de libretistas, cantantes, empresarios, decoradores y hasta partiquinos. En realidad, las reformas estuvieron al día, pero no todas hicieron historia. La primera grande, importante, fue la de comienzos del siglo XVIII con los poetas Zeno y Metastasio, que dio origen a la llamada opera seria napolitana; la segunda, a partir de la década de 1760, fue la de Gluck con el poeta Calzabigi, punto de partida de la tragedia lírica moderna.
Tras veinte años de rendir tributo a la ópera seria italiana, Christoph Willibald Gluck se aparta del estilo metastasiano para iniciar desde Viena su reforma operística de la mano del libretista Raniero de Calzabigi. "Orfeo y Eurídice" (1762) será el primer paso en ese terreno, que enseguida se afirma con "Alceste" (1767), cuya edición, aparecida dos años después, llega acompañada por un prólogo donde hace explícitas sus nuevas concepciones. Establecido luego en París, Gluck compone, además de las versiones al francés de "Orfeo" y de "Alceste", sus tragedias "Iphigénie en Aulide", "Armide", "Iphigénie en Tauride" y "Echo et Narcisse". En el manifiesto del "dramma per musica" que acompaña la edición de "Alceste", Gluck fustiga la complacencia de los compositores y la vanidad de los cantantes, que interrumpían la débil acción dramática con sus interminables gorjeos. Sin vueltas, aclaró que su mayor preocupación era la de hacer que la música sea sierva de la poesía y sepa amoldarse a las situaciones dramáticas, sin interrumpir, dice, la acción o sofocarla con ornamentaciones inútiles. Es decir que, frente a la eterna cuestión dentro de la ópera, de si debe privar la música o el drama, Gluck alteró el difícil equilibrio proclamándose en favor del drama. Mozart diría enseguida lo contrario: la música ante todo.
Pero Gluck pretendía hacer un lifting a fondo. Para ello otorgó mayor variedad a las formas del aria; buscó nivelar las diferencias entre ésta y el recitativo, dando mayor interés musical a este último, al acompañarlo con la orquesta en sustitución del clave, y puso en el banquillo a la obertura, obligándola a reflejar la naturaleza de la acción y los sentimientos. Por último, y bajo el estímulo de Lully y la ópera francesa, reincorporó al coro, que había sido eliminado por los italianos. De ahora en adelante, las monumentales tragedias de Gluck encontraban en la masa coral el camino para asegurar al teatro lírico una gran fuerza trágica.
Amar hasta morir
Casi medio siglo ha transcurrido desde la última versión en el Colón, en 1954, de "Alceste", de Gluck. Esto confiere un enorme valor adicional a la inclusión de la obra en esta temporada del Teatro Argentino de La Plata, por lo que vendría a tener casi el carácter de novedad para nuestro tiempo. Por otra parte, y salvo el caso de "Orfeo y Eurídice", los escenarios argentinos se han mostrado en los últimos tiempos poco adictos a llevar a Gluck a sus carteleras.
De "Alceste" existen dos versiones, la original en italiano, representada en 1767 en el Burgtheater de Viena, y la segunda, la francesa, de 1776, que se conoció en la Académie Royale de Musique de Paris (actual Opéra), con texto de Lebland du Roullet, y que contiene importantes modificaciones, al margen del idioma, respecto de la original. Es esta última la que ha elegido el escenario platense para esta importante reposición que se verá a partir del domingo (ver recuadro).
El amor conyugal, la inmolación por el ser que se ama, el miedo a la muerte, son los sentimientos que determinan el estilo general de la música de Gluck. El tema de "Alceste" es, en verdad, ¡todo un tema! Tragedia de final feliz, según la había diseñado Eurípides, su protagonista, Alceste, se ofrenda a los dioses para salvar de la muerte a su marido Admeto, rey de Tesalia. Pero los dioses se apiadan y la devuelven a la vida y a su esposo. En el curso de los siglos, y a partir del año 438, cuando la estrena Eurípides, Alceste revivió incontables veces en la literatura universal. Entre las más importantes figuran la de Wieland, llevada a la ópera alemana por Anton Schweitzer en 1773; la de Vittorio Alfieri, que edulcoró el egoísmo de Admeto; la de Hofmannsthal, de 1916, y, ya en el exclusivo territorio de la ópera, las de Lully y de Gluck.
Versión francesa
La versión francesa que ahora veremos aporta una simplificación radical. Hay cambios de divinidades, pero sobre todo hay una revaloración masculina en beneficio de Admeto, quien no acepta el sacrificio de Alceste, sino que corre a las puertas del Averno con la intención de llegar antes que ella. Afortunadamente, la intervención divina los devuelve en paz y amor al pueblo de Tesalia. En Gluck la concentración sobre el drama interior de la protagonista es absoluta, a través de un arco que se diseña en la medida en que se suceden sus estados de ánimo, sus debilidades ante la muerte, sus arrebatos de heroísmo.
El régisseur Pier Luigi Pizzi, responsable de una de las puestas más creativas, como todo lo suyo, realizadas en Europa en los tiempos modernos, descubre en Alcestes a una mujer portadora de una nueva verdad, algo así como el retrato de una mujer moderna. Es en ella donde reside la verdadera humanidad, y en ella donde se concentra la esencia de la reforma gluckiana. Admeto en cambio es para él un personaje clásico, a quien no alcanzan los movimientos del corazón, incapaz de comprender el verdadero alcance del sacrificio de su esposa. En medio de efigies retóricas, ella es el soplo de vida, la mujer que sufre y que, desbordando el artificio clásico, da actualidad al teatro lírico de hoy. Y luego está el coro, elemento fundamental de la reforma de Gluck, como presencia constante que determina la continuidad dramática de la obra que envuelve la materia musical. Y está también la danza, que, gracias al influjo de la tragedia lírica francesa de Lully sobre Gluck, aporta una dimensión humanística a esta "Alceste" de alto voltaje estético.
Elenco y funciones
- "Alceste" se ofrecerá en la sala Alberto Ginastera del Centro de las Artes Teatro Argentino, calle 51 entre 9 y 10 de la ciudad de La Plata, los días domingo 8 y 15, a las 17, y martes 10 y viernes 13, a las 20.30. Con dirección orquestal de Carlos López Puccio, escenografía de Milan David y régie de Roberto Aguirre, actuarán la mezzosoprano Virginia Correa Dupuy (Alceste), los tenores Eduardo Ayas/Gustavo López Manzitti (Admeto) y el barítono Enrique Gibert Millá (Gran sacerdote de Apolo), entre otros.

