
Gran recital del pianista Nelson Freire
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Recital del pianista brasileño Nelson Freire con motivo de cumplirse el 182° aniversario de la Independencia de Brasil, organizado por la embajada de Brasil y Petrobras. Programa: Preludio en Sol menor BWV 535, de Bach; Sonata en La mayor K. 331, de Mozart; Sonata Op. 27 N° 2 ("Claro de luna") de Beethoven; Preludio de las Bachianas N° 4 y Tres piezas de "Prole do bebé", de Villa-Lobos; Barcarola Op. 60, dos Mazurcas, y Polonesa Op. 53 ("Heroica"), de Chopin. En el Teatro Colón.
Un concierto como el que Nelson Freire ofreció el lunes último en el Teatro Colón no es un hecho habitual. No es habitual que se formule un programa con obras muy difundidas -y por eso no menos riesgosas-, ni que ellas constituyan un mosaico de expresiones tan diversas de épocas y estilos, sin amenguar el nivel de excelencia, y sin que cada obra ejecutada deje de ser ejemplar. Se diría que Nelson Freire se halla en el cenit de una carrera; compartiendo su gloria con los mejores pianistas de nuestro tiempo.
En un amplísimo arco interpretativo en el que el pianista, de vastos recursos técnicos empleados con extraordinaria naturalidad y sin esfuerzo aparente, literalmente desapareció detrás de cada obra poniendo en juego inusuales dotes interpretativas que alcanzan horizontes expresivos de refinada calidad.
Nelson Freire hizo oír en primer término el Preludio en Sol menor BWV 535 de Bach cuya transcripción para piano por Silotti evocó su sonoridad organística original. Fue un Bach de sonido puro, amplio y generoso, con atinada regulación de las intensidades expresivas y gran elevación espiritual, el Bach que conquistó la acendrada admiración de Villa-Lobos, quien encontró secretas afinidades entre el genio de Leipzig y la música folklórica brasileña. Sus Bachianas reflejaron una verdadera conciliación entre la serenidad clásica y el espíritu romántico.
La línea expresiva mantenida durante la Sonata K. 331 en La mayor, de Mozart, tuvo por sustento una sonoridad encantadora en la exposición del tema inicial y de cada una de las variaciones que siguió, en las que Freire hizo gala de una variedad de matices increíble, en los contrastes dinámicos y los acentos, desocultando tras la aparente sencillez e ingenuidad expositiva del canto los imponderables caminos de la gracia mozartiana. La flexibilidad magistral del discurso, su gracia aérea, la considerable dosis de refinamiento, demostró la gran disponibilidad de medios que posee Freire y su aplicación en cada aspecto del fraseo. El último movimiento (“Alla turca) fue un dechado de perfección.
“Claro de luna”
Seguiría nada menos que el Beethoven de la Sonata Op. 27 N° 2 (“Claro de luna”), con la contenida fantasía del primer movimiento (Adagio sostenuto), hecha con un “legato” sin fisuras, de poética expresividad; el Allegeretto central –“una flor entre dos abismos” diría Liszt– reflejó una alegría conciliatoria y el Presto agitato fue una captación original del turbulento mundo interior beethoveniano de apasionados “crescendos”, contrastes acentuados, y asombrosa seguridad en el ataque de altura en los poderosos acordes que contiene, sin excesos que pudieran alterar la calidad sonora ni la expresión entrecortada del fraseo.
No podían faltar en este recital celebratorio de la Independencia de Brasil obras del genio de la música latinoamericana, Heitor Villa-Lobos. Freire realizó una traducción magistral del Preludio a las Bachianas N° 4, y de tres piezas de “A prole do bebé”, con toda la fuerza de la espontaneidad de su autor, su sonoridad mágica y las sutilezas rítmicas que van de la mano del brillo multicolor de su música. Freire reservó para el final de su concierto varias páginas de Chopin, en las que evocó su ensueño sonoro en la Barcarola y también el arrollador vigor heroico de la “Heroica” en este recital inolvidable que culminó con una ovación que se asoció así al festejo patrio de la nación hermana.
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