
Hammond, el visionario
El nombre de John Hammond -no el cantante de blues, sino su padre- se ha venido filtrando recientemente en estas columnas, vinculado con personajes tan distantes entre sí como Bob Dylan y Robert Johnson. También hubiera podido aparecer al recordar el aniversario del festival de Newport, del que fue uno de sus fundadores, o si se hablara de Count Basie, Billie Holiday, Benny Goodman, Aretha Franklin, Leonard Cohen, Bruce Springsteen, o algún otro de sus hallazgos durante las cuatro décadas en que anduvo rastreando notables artistas.
No obstante haber producido en 1933 las grabaciones finales de Bessie Smith y las primeras de Billie Holiday con tres días de diferencia y su influencia sobre Goodman, a quien convenció de formar una exitosa orquesta, integrar músicos negros en tiempos en que eso equivalía a un suicidio profesional, además de casarse con su hermana, y de la pasión con que impuso la banda de Basie, Hammond sólo se volvió notable y respetado como visionario en 1938.
Fue cuando presionó al Carnegie Hall, cerrado al jazz y sus antecedentes hasta principios de ese año, para que aceptara un programa denominado "De los spirituals al swing", con la participación sólo de artistas negros, la mayoría desconocidos, que no habían actuado nunca en el norte del país ni ante oyentes blancos.
Por primera vez, esa noche sonó una armónica: la de Sonny Terry, en Carnegie Hall; se cantaron negro spirituals en una sala de conciertos clásicos, y se escuchó el gospel de Sister Rosetta Tharpe fuera del templo. Big Bill Broonzy viajó desde su granja para interpretar blues en lugar de Robert Johnson; el boggie-woogie, ejecutado por un trío de pianistas, se convirtió en la sensación bailable de los años siguientes, y a partir de ahí los músicos folklóricos negros pasaron a ser casi una moda en ámbitos elegantes, comenzando por el Café Society, legendario local financiado por Hammond durante la década del cuarenta.
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Porque un detalle nada menor es que este campeón del jazz hot y la igualdad racial, un bohemio que abandonó la Universidad de Yale para recorrer los estados del Sur buscando discos de blues, vivir la vida del Harlem nocturno y escribir en la revista marxista Las Nuevas Masas, podía permitírselo sin sobresaltos, ya que su madre era una Vanderbilt, heredera de fortunas inmensas que terminaron en manos de una organización moralista especializada en embaucar a viudas ricas.
Pero aunque llevó mucho tiempo agotar el dinero familiar, el rol de mecenas nunca fue el suyo, sino que prefirió interferir en el rumbo de la música con un extraordinario sentido para detectar talentos originales y tesón para luchar por ellos, como fue el caso de Charlie Christian, el genio que inventó la guitarra eléctrica e inspiró el primer gran cambio en el jazz, que no habría existido si John Hammond no hubiera arriesgado su amistad con Goodman para que lo aceptara en su formación.
Si bien su corazón estuvo siempre del lado de Count Basie y sus solistas, en particular Lester Young y la cantante Helen Humes, era lo suficientemente sensible para que su clarividencia reaccionara también en géneros que le eran indiferentes. Reparó en Aretha Franklin antes que nadie y también fue el primero en advertir las posibilidades de Bruce Springsteen ("un poeta natural lleno de imaginería callejera y muy buen guitarrista", según sus palabras), pero la iluminación que colocó para siempre a este fundamentalista del jazz en la historia del rock fue su deslumbramiento frente a Bob Dylan, a quien se arriesgó a contratar en condiciones irregulares, según cuenta en su autobiografía.
"Le pregunté cuántos años tenía. Veinte, respondió. Eso significa que tus padres deberán firmar por vos. No tengo padres, me dijo. ¿Y algún pariente? Sólo un tío que vende drogas en Las Vegas, contestó, agregando enseguida: «John, podés confiar en mí». Lo hice, y cuando se convirtió en un éxito comercial y sus abogados buscaron declarar nulo el acuerdo, no me traicionó." Esa capacidad para tomar decisiones audaces y la confianza ciega en sus protegidos eran otras de las virtudes que hicieron de John Hammond un productor de música como no se ha vuelto a repetir.





