Hoy y mañana toca Ingrid Fliter
La pianista argentina actuará junto a la Orquesta Académica del Teatro Colón
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El noveno capítulo de la temporada de Nuova Harmonia en el Teatro Coliseo estará dominado por jóvenes músicos argentinos y un director experimentado.
Hoy y mañana, a las 21, se presentará la Orquesta Académica del Teatro Colon bajo la dirección de Guillermo Scarabino, que contará con la participación como solista de la talentosa pianista Ingrid Fliter.
Fliter, que se encuentra radicada en Italia, consiguió un hito en su incipiente carrera hace dos años, cuando obtuvo el segundo puesto en el célebre Concurso Internacional Chopin, de Varsovia.
Fue la primera artista argentina en llegar a tan alta distinción en este certamen que se realiza cada cinco años y que en 1965 fue ganado por Martha Argerich. Precisamente, Argerich fue uno de los 23 jurados que la eligieron en la edición 2000.
Fliter confirmó con creces el porqué de la distinción en dos conciertos ofrecidos en el Teatro Colón de Buenos Aires, el año último: un recital de solo piano, para Festivales Musicales y, a los pocos días, sumándose como solista invitada de la temporada de la Filarmónica de Buenos Aires. Los dos críticos de LA NACION que asistieron a ambas funciones coincidieron en calificar de excelente la performance de la pianista.
Junto con la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires tocó el Concierto para piano N° 2 de Chopin, el mismo que en la final en Varsovia.
Ahora tocará "el Chopin que le faltaba", esto es el Concierto para piano N° 1 en la primera velada del ciclo Nuova Harmonia; al día siguiente tocará el Primero, pero de Beethoven.
Por su parte, la Académica interpretará esta noche la Sinfonía en re menor, de César Franck y la "Pavana" Opus 50 de Gabriel Fauré, y reiterará mañana la Sinfonía Franck y junto con el Entreacto en si bemol mayor D. 797 "Rosamunda", de Franz Schubert.
Primeros estudios
Nacida en Buenos Aires en 1973, Ingrid Fliter comenzó a estudiar piano a los diez años con la profesora Elizabeth Westerkamp y debutó en público al año siguiente. En 1992 continuó sus estudios en Alemania con Vitalj Margullis en la Musikhochschule de Freiburg y dos años más tarde con Carlo Bruno en Roma. Desde 1996 hasta 2000 se perfeccionó en la Academia Incontri col Maestro, de Imola, bajo la guía de Boris Petrushansky y Franco Scala.
Con la consagración en el Concurso Chopin (último de una serie de éxitos en diversos certámenes de piano europeos), se lanzó a la carrera internacional.
Naturalmente, en esta primera etapa Chopin ocupa gran parte de su agenda por expreso pedido de los programadores que la convocan en todo el mundo.
Fliter ya fue de gira dos veces a Japón, tocó con la Filarmónica de Budapest, dirigida por el célebre Zoltan Kocsis, y llegó EE.UU. y, al Lincoln Center de Nueva York, junto con la orquesta de Varsovia.
"Tocar Chopin con ellos, que lo han hecho tantas veces, es un honor", cuenta Fliter en diálogo con La nacion, quien también remarca que la agrupación polaca está muy lejos de tomarse estas obras como una rutina. "No obstante la cantidad de veces que tocaron estos conciertos siempre antes de cada función hicimos un ensayo de media hora o cuarenta minutos para trabajar detalles de fraseo como los ritardando y expresiones", explica la pianista.
Es que, como bien señala Fliter, la interrelación entre piano y orquesta que propone Chopin implica un trabajo de tipo camarístico: "todos los músicos tenemos que respirar de la misma forma, no es un asunto automático la resolución de las frases, por ejemplo. Es muy importante mantener la misma onda de respiración".
Para ella, los dos conciertos que escribió el pianista y compositor romántico "tienen una característica común, el hablar directamente al corazón de la gente, especialmente el primero con su tema tan célebre y tan lírico. Trato de destacar esta característica de Chopin, que es de una total entrega desinteresada. El habla con una elasticidad que toca directamente mi corazón. Amo las dos obras desde que empecé a tocar el piano. Espero poder traducir esta sensación en el concierto".
Con un promedio de 60 funciones anuales, Fliter cuenta que está tratando de evitar el encasillamiento inevitable al que lo puede someter su premio polaco. "Tocar Chopin siempre va a ser un gran honor, porque es una gran fortuna, seguir descubriendo y gozando de su música", asegura, para luego agregar: "Pero no puedo cerrar mis horizontes, y trato de insertar otro tipo de estilos, me gusta mucho el clásico alemán, Beethoven, Schumann y Brahms, y también la música del siglo XX. Por ejemplo, quiero encarar los Estudios de Ligeti".
La noche de mañana es una muestra de este nuevo camino. Fliter inicia su saga integral de los conciertos para piano de Beethoven, por el principio de quien rescata su carácter "haydiniano". "El Primero de Beethoven es interesante en cuanto el sentido del humor que tiene, y las facetas diferentes que tiene a lo largo dela obra, donde conviven lo juguetón, infantil, lírica", concluye.



