Iggy Pop regresa a las fuentes
En su nuevo CD, "Beat´em up", retoma la senda del rock puro, con toques punk
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Hace poco más de dos años, cuando Iggy Pop editó "Avenue B", muchos creyeron escuchar que, por fin, el rebelde eterno había crecido. Ahora parecía y sonaba como un hombre maduro, acorde con sus cincuenta y pico de años, cantaba baladas oscuras y parecía sentirse más cómodo en casa que por las calles. Para la grabación, invitó a participar a gente tan cool como los integrantes del trío de jazz neoyorquino Medesky Martin & Wood.
Aquellas canciones hablaban del paso del tiempo, de nuevas elecciones, de amores desencontrados (incluida "Miss Argentina", dedicada a quien era su novia entonces) . Por ese tiempo, David Bowie, viejo compañero de correrías, editó "Hours", un disco que en su temática hablaba sobre el paso del tiempo. Empezando por el título. El rock y sus caminos hacia la adultez.
Pero Iggy Pop, con su nuevo disco, "Beat´em up" (que podría traducirse como "muélanlos a patadas") decidió tirar por la borda esa incipiente carrera de crooner extraño. Suponemos, de paso, que no le importó demasiado. Que si algo aprendió en una vida al borde es a apostar fuerte y a perder muchas veces. Entonces, revoleó las pantuflas y plantándose ante la vida desafiante como siempre, volvió a rockear, a buscar el sonido que tan bien conoce, el de la banda de garaje. De paso, su álbum se convierte en una pequeña lección de cómo se hace. En serio. Porque en esa pequeña ficción que uno se compone frente a la audición de una obra nueva, puede imaginarse a un Iggy harto de ver en los canales musicales a bandas que gritan su enojo prefabricado. Poses hechas a la medida de la MTV. Insultos y actitudes que tienen menos carne que la de su propio torso. Iggy pone en claro que no hay laboratorio capaz de clonar esa vida que él lleva marcada en su rostro.
De otra época
El, claro, viene de otra época. Cuando formó los Stooges, en la Detroit de 1967, ser músico de rock tenía pocos beneficios. No significaba la posibilidad de zafarse de los trabajos corrientes y la forma de hacer plata fácil si la varita de la suerte, esgrimida por las grandes cadenas, decidían tocarte. Era mucho más riesgoso y menos gratificante. Cuando Iggy cortajeaba su cuerpo en escena, no era para que esa imagen se multiplicara en videos de alta rotación. Arte con la brutal contundencia de lo efímero, que no está calculando trascendencia ni buscando el impacto mediático.
Por eso su figura fue revindicada por los punks y, ya en los años noventa, por la movida grunge. James Osterberg había nacido, pero se convirtió en Iggy Pop y en el padrino del punk y ahora viene a recordarles a muchos nuevos grupos de dónde viene el asunto y cómo es el estado de las cosas. "Las comadrejas controlan el rock and roll", canta en "Weasels".
Y sí, claro, hay en este disco pura energía punk, y hasta hace mejor que muchos el ñu metal, rock fuerte y acelerado. Sí, tiene 54 años pero al escuchar "Ugliness" se tiene la impresión de que el hombre es una central eléctrica a pleno. Quienes lo vieron en sus visitas a Buenos Aires lo saben. Cuando lo entrega todo en escena, no pueden quitársele los ojos de encima.
Ese tema "Ugliness" hay que escucharlo con atención porque, como corresponde a la estética de garaje que eligió, no están las letras incluidas en el disco. Ascetismo de sonido y de arte de tapa, sin vueltas. Pero allí La Iguana dice esto. "Nadie da un centavo por mí", y ríe. Habla, sí, de las bandas nuevas y canta enojado sobre "tantas canciones sin alma, ni verdad, ni amor, de los que simulan tocar música" mientras él intenta ser una persona. Esa es su apuesta. Todavía. "Tienen todo controlado -brama-, y ni siquiera tienen un buen disco."
El tema que abre la placa, "Mask", estuvo inspirado por un recital de Slipknot, grupo norteamericano que usa disfraces y máscaras para tocar. Iggy asistió a uno de los conciertos y, tras finalizar, escuchó cómo una chica se acercó a uno de los guitarristas y le preguntó: "Vos, ¿qué máscara sos". Un signo de estos tiempos que se unió con los poemas de Allen Ginsberg que él, dijo en una entrevista reciente, andaba leyendo por esos días en que preparaba las canciones del nuevo disco.
Por último, y antes del track escondido, hay un largo tema casi recitado que, con gran ironía, relata las grandes ventajas que tiene ser una persona VIP (Very Important People). Invitaciones, pases gratis, gente repitiendo "OK, jefe" y, sobre todo, no estar nunca más solo, siempre rodeado de una corte de adulones. Y del miedo a perderlo todo. Así funciona el negocio, parece decir Pop a lo largo del disco y ya sabemos para quién son las patadas.


