João Bosco, de cuerpo entero
En voz y guitarra, el artista minero, mostró la diversidad rítmica de Brasil
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Recital de João Bosco (voz, guitarra, composición, letras). Ciiclo MUBA 2010. Teatro ND/Ateneo. Nuestra opinión: muy bueno.
Al cabo de un show de João Bosco, sobre todo si se trata de un recital como éste, voz y guitarra, se tiene la impresión de haber podido apreciar toda la riqueza de la rítmica brasileña. El artista minero nunca estudió música formalmente y aprendió todo lo que sabe al lado de los grandes maestros de la música popular, desde los anónimos de Ponte Nova, donde nació, o los de Ouro Preto, donde se formó como ingeniero, hasta los famosos, como Vinicius, que fue uno de sus primeros parceiros. Después, desde que se decidió francamente por la música, se ha pasado la vida investigando en todas las direcciones y por todos los terrenos, sin ningún preconcepto y sin limitación. Se internó por las vertientes de la tradición afro y por las de sus ancestros árabes, exploró el samba tradicional y el jazz, el bolero y la bossa nova, los ritmos regionales y los tropicales, el tango y el fado; encontró un sonido personal para su guitarra, inventó -sigue inventando- un scat propio y un lenguaje para cantar en el que muchas veces las palabras importan más por su sonoridad que por su significado, y nunca deja de perfeccionar el entramado entre guitarra y voz. Una prueba contundente, "Nação". Otra, "Jade".
En más de treinta años en ese ejercicio ha producido una obra tan diversa y rica que debe de serle difícil sólo escoger un puñado de títulos para un recital como el que cerró el ciclo MUBA. Así y todo, la equilibrada mezcla entre clásicos propios ("Papel marché", "Corsário") y ajenos ("Águas de março"), entre las viejas creaciones compartidas con Aldir Blanc ("Mestre sala dos mares", "De frente pro crime") y las recientes con versos de su hijo Francisco (la bossa nova Perfeição", el espléndido samba "Tanto faz")" alcanzó para trazar un retrato completo.
La voz puede no tener, sobre todo en los agudos, el brillo de otros tiempos, y es posible que la ecualización que practica con su garganta impida acceder a versos enteros, pero João sabe cómo administrarla (fue notable su versión de "Lígia", de Jobim). La maestría no se pierde y João ha hecho un estilo de lo que algunos llaman canto percusivo. Todo el resto lo hacen sus creaciones -"Coisa feita", "De frente pro crime", "O ronco da cuica", "Desenho de giz", "Quando o amor acontece"-, todas admirables.
"Caça à raposa" abrió el programa y fue el primero de los homenajes a Elis Regina, que tanto incidió en la difusión de su obra. Era justo que su espíritu asomara también en la despedida. Con "O bébado e a equilibrista", claro, que ella convirtió a fines de los 70 en un himno a la amnistía.




