
Jordi Savall interpretó un mestizaje musical
Concierto con equilibrio, contrastes y versatilidad
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Encuentros de músicas de fuego & ayre de la Iberia Antigua al Nuevo Mundo. Concierto de La Capella Reial de Catalunya y Hespérion XXI. Dirección: Jordi Savall. Obras de compositores españoles y americanos de los siglos XVI y XVII. Mozarteum Argentino.
Nuestra opinión: muy bueno
En el programa de mano, Jordi Savall lo llama mestizaje. Algunos estudiosos le dicen hibridación. En las ciencias humanísticas, se habla de procesos aculturativos. En este concierto, Savall trató de mostrar cómo el encuentro multicultural que se desarrolló como resultado de la conquista española de América tuvo su correlato en manifestaciones musicales europeas que, de uno y otro lado del Atlántico, perdieron cierto grado de virginidad y sufrieron modificaciones, más o menos esenciales, al incorporar otros rasgos y otros componentes, precisamente, por mestizajes, hibridaciones y aculturaciones varias. Por su originalidad, por ubicar al fenómeno dentro de la órbita de la
Historia y por abrevar en los conocimientos aportados por la Musicología, la idea es, en sí misma, estupenda. Y además, si Savall es quien la lleva adelante, hay grandes chances de que su realización alcance niveles superlativos.
Savall dispuso a los músicos de Hespérion XXI en un semicírculo simétrico, con un gigantesco violone en el centro, rodeado, a cada lado por un cordófono punteado (guitarras, vihuelas o laúdes) y con dos pares de violas da gamba hacia cada uno de los extremos, una de ellas, la más aguda, precisamente, en las manos del director. Por detrás, en el centro, un estupendo trío de percusionistas. Distribuidos entre los instrumentos, cada vez que tuvieron que hacerlo, se sumaron los seis cantantes de La Capella Reial de Catalunya. Dado que el Coliseo y su acústica no resultan el ámbito más propicio para un recital de música antigua, la cuestión quedó solucionada con una mínima ayuda tecnológica, ciertamente, nada distorsionante.
El concierto estuvo estructurado en dos partes, cada una de ellas, a su vez, segmentada en tres secciones que respondían a una idea temática o musical. Y, de principio a fin, la sucesión de música instrumental-música vocal fue mantenida a rajatablas. En general, las realizaciones instrumentales tuvieron una concreción impecable, bien balanceadas y con interpretaciones de alto refinamiento. En cambio, en los diferentes tipos de canciones, en general, muy bien presentadas, aparecieron algunos desbalances y ausencias de algunas voces que se perdían dentro de las mareas de sonidos. Por lo demás, algunas expansiones vocales, más allá de su muy buena emisión y afinación, en cierto punto, fueron poco favorables para la comunicación textual.
En la primera parte, el repertorio estuvo centrado en la música española en su lugar de origen. Pasaron danzas y pares de danzas, ensaladas, villancicos y piezas de variaciones escritas por compositores tan maravillosos como Mateo Flecha, Luis Milán, Diego Ortiz o Antonio Martín y Coll, entre algunos más. En la segunda, en cambio, mechadas entre obras compuestas en España, afloraron piezas escritas de este lado del océano, con rítmicas, procedimientos armónicos y temáticas diferentes.
El repertorio fue escogido apelando a la variedad, el equilibrio, los contrastes y la versatilidad en una sucesión que pasó de lo teatral a lo contemplativo, de lo devocional a lo festivo y de lo pastoral a lo virtuosístico. De la veintena de piezas ofrecidas, casi todas en versiones inmejorables, podemos recordar, en especial, tres. La guaracha "Ay que me abraso, ay", de Juan García de Zéspedes, a su modo, resumió las transformaciones que sufrieron los patrones europeos en su migración transoceánica. Muy notorias, además, porque a la rítmica y los diseños melódicos mesoamericanos o caribeños, Savall le agregó, de su propio cuño, una percusión muy cercana a nuestra chacarera. Las otras dos, también instrumentales, fueron un passamezzo, de Diego Ortiz, y la "Danza del hacha", de Martín y Coll, dos obras de variaciones sobre bajo de ostinato, muy hispánicas ellas, dentro de las cuales, no obstante, se asomó, demasiado nítida y muy inglesa, la melodía de "Greensleeves", como para denotar que el intercambio musical español no remitía exclusivamente hacia América.





