La aparición de la atonalidad
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A comienzos del siglo XX, la cultura europea vivió varios terremotos simultáneos y sucesivos que alteraron radicalmente los patrones narrativos y estéticos instalados, aquellos que habían sido la culminación de largos y pacientes desarrollos evolutivos. En aquel contexto, la música académica, que venía desarrollándose desde el comienzo del barroco en un progreso "natural", fue conmovida profundamente, y conceptos que parecían imperecederos se transformaron en discutibles y leyes permanentes fueron derrocadas con relativa facilidad. De todos los componentes del lenguaje musical bruscamente destronados, el que más socavó el decurso normal fue el reemplazo de la tonalidad por un ordenamiento libre de los sonidos que habría de llevar, inevitablemente, hasta la atonalidad. Es menester recordar que fueron necesidades artísticas genuinas de ampliación de los recursos expresivos y discursivos los que llevaron a la ruptura con la tonalidad, proceso que había sido iniciado ya en tiempos de Chopin y al cual contribuyeron compositores tan notables y "progresistas" como Liszt, Wagner, Mahler, Richard Strauss, Debussy y, esencialmente, Schönberg.
La música tonal es aquella que ha sido construida atendiendo, especialmente, a las consonancias que se pueden establecer entre los doce sonidos de la cultura occidental. Hay combinaciones de sonidos que generan armonía y otras que, con mayores o menores disonancias, alteran el reposo y proveen tensiones. Si la música puede ser concebida como una sucesión infinita de tensiones y distensiones sonoras, en el marco de la tonalidad, son las mencionadas consonancias y disonancias las principales causantes de dichas situaciones. Tonales y absolutamente diferentes son, por ejemplo, las obras de Purcell, de Haydn, de Bruckner y también los tangos, los boleros y las canciones de los Beatles.
En la atonalidad, un sonido puede ser combinado libremente con cualquier otro de acuerdo con la elección, la necesidad y la sensibilidad del compositor, sin atenerse a cuan "agradable" y consonante pueda ser esa asociación. Sus equilibrios y parámetros son otros. Con las salvedades del caso, la atonalidad podría ser asemejada a la pérdida de la figuración en las artes plásticas. Pero así como existen armonía y belleza en los cuadros no representativos de Kandinsky, también ellas se dan en las "Tres piezas, Op. 11", de Schönberg, de 1909, considerada la primera obra atonal de la historia. La libertad absoluta que significaba la atonalidad también planteó problemas. El dodecafonismo fue una de las soluciones posibles. Con él será nuestro próximo encuentro.



