La chicha que disfruta el oído

Compilado de bandas de los 70 y un CD que recrea el género tropical del Perú
Gabriel Plaza
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3 de enero de 2010  

En la región andina la chicha es una bebida tan sagrada como cotidiana que sirve como brebaje festivo para soportar largas jornadas continuas en los carnavales. Con ese nombre, también se denominó a un género tropical cultivado en Pucallpa y la periferia limeña que tuvo su esplendor en los años setenta, cuyos rastros todavía se pueden escuchar en grupos como Adrián y los Dados Negros o entre los amantes de la cumbia en el conurbano.

El sonido psicodélico de las guitarras (la utilización del efecto wah-wah y los punteos con leves distorsiones), los sintetizadores moog, esa cadencia surf y la escala pentatónica originaria del pulso de los huaynos, crearon ese original mood que pegó en el gusto de las clases trabajadoras en los 70. Ahora, treinta años después, se transformó en el souvenir preferido de la escena neoyorquina a partir de la edición del disco The Roots of Chicha: Psychedelic Cumbias from Perú .

En ese compilado con las mejores bandas del género -Los Destellos, Los Mirlos, Juaneco y su Combo, Los Diablos Rojos, Eusebio y su Banjo y Los Hijos del Sol- la refrescante sonoridad de la chicha causó éxtasis entre los críticos del New York Times y de la Village Voice, que lo adoptaron como una música de alegre sofisticación. Ahora, el celebrado disco The Roosts of Chicha fue editado por Random en la Argentina, junto al lanzamiento de Sonido Amazónico , de la banda Chicha Libre, un colectivo de músicos francoamericanos, que hace un homenaje a los grupos peruanos.

Pasado y presente

En The Roots of Chicha (el disco indispensable para armar un fiestón bailable) el estilo que diera origen a todo el movimiento de la cumbia peruana en los ochenta (tomando herencia de la música folklórica colombiana, elementos del joropo venezolano y el sonido criollo de Perú) genera un estado de trance, como un mantra psicodélico y tropical. Es difícil resistirse a la cadencia de esas ondulantes bases de teclados de Juaneco y su Combo representativas del sonido amazónico en clásicos como "Linda nena", "Vacilando con ayahuasca" y "Me robaron mi runa mula".

El disco sigue con otras perlitas de la banda limeña Destellos, creado en 1968 por el guitarrista Enrique Delgado, que ofrece un fabuloso cover de "Para Elisa"; y el grupo Los Mirlos (el preferido de Pablo Lescano) cuyo sonido evoca los orígenes amazónicos de su creador en la ralentada y febril "El milagro verde". En plan bailable aparecen Eusebio y su Banjo, Los Diablos Rojos y los Hijos del Sol, completando una selección que recrea con pasión de melómano los años de gloria de la chicha y esos grandes héroes de la clase trabajadora.

En tiempo presente, con un plan evocativo, transcurre el álbum Sonido Amazónico de la banda Chicha Libre, dirigida por el músico Olivier Conan, quien fue el promotor del compilado de chicha en un viaje iniciático a Perú. Buscando nuevas sonoridades Olivier se encontró con los vendedores callejeros que vendían discos piratas de chicha peruana. A partir de allí nace el fervor de este músico francés radicado en Brooklyn por recrear la sonoridad amazónica.

El grupo formado por americanos y franceses, que utilizan instrumentos latinos como el cuatro y la percusión, se sumerge en esa rara atmósfera de fondas de aire tarantinesco y con un giro que recuerda más al sonido de los inmigrantes latinos de Ry Cooder en Chez Ravine .

El grupo quizás no tenga la frescura sonora de aquellos músicos peruanos del setenta, pero consiguen destellos embriagadores en "El borrachito", "Un shipido en España" o "Six pieds sur terre", donde aparece esa promiscuidad cultural de una chanson cumbiera o un bolero lisérgico para un spaghetti western.

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