La emoción de Ricardo Montaner tras iniciar su gira despedida en el Movistar Arena y una hilarante confesión
Después de dos años alejado de los escenarios, el cantante dio inicio a El Último Regreso World Tour 2026 ante un Movistar Arena colmado
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Sin dudas no fue una noche más. La de este sábado 21 de febrero fue una noche que quedará grabada en la memoria y el corazón de todos los que estuvieron en el Movistar Arena. Una noche que significó el regreso de Ricardo Montaner a los escenarios después de dos años de silencio. Pero también, la noche en que comenzó su despedida después de más de cuatro décadas de carrera.
Con un estadio colmado por distintas generaciones, el cantante oriundo de Valentín Alsina dio inicio a El Último Regreso World Tour 2026, una gira que tendrá dos fechas más (este domingo 22 y el viernes 27 de febrero) en el Arena de Villa Crespo antes de despegar hacia otras ciudades y países. “Hay un pensamiento que me viene dando vueltas desde hace más de dos años y es qué va a pasar el día que vuelva. Ese día de volver es hoy y quiero que sepan que le doy la importancia que merece. He vivido dos años de una ausencia absoluta de gente delante de mí escuchándome cantar y valoro este momento tanto, tanto, tanto que espero que de ese valor que yo le pongo ustedes se lleven un pedacito esta noche. Que se lleven guardado que juntos nos convocamos y asistimos a mi primer último regreso”, dijo emocionadísimo en este reencuentro con el público argentino.
Un repertorio cargado de clásicos
Desde las 19, las calles del barrio de Villa Crespo se llenaron con un único objetivo: ser parte de un evento que prometía ser histórico. Y así lo fue. Veinte minutos después de las 21 y enfundado en un esmoquin negro que combinó con zapatillas blancas, Ricardo Montaner fue recibido con una ovación arrolladora que se mantuvo durante las dos horas de show.

Rodeado de 12 músicos y una puesta con pantallas sobria pero elegante, el artista abrió su gran noche con “Yo que te amé” para luego, seguir con su clásico repertorio de baladas como “Será”, “Castillo Azul”, “El poder de tu amor” y “La cima del cielo”; esa colección que ha trascendido décadas, fronteras y generaciones.
A medida que los sonidos transcurrían, la emoción parecía apoderarse de Montaner. Tanto que, en más de una ocasión, el artista se quedó sin palabras, tuvo que taparse la cara para ocultar sus ojos llorosos y dejó que la música y el fervor de la audiencia hablaran por él. Estaba tratando de inmortalizar cada minuto, cada grito, cada aplauso. Se estaba despidiendo.

Una confesión inesperada
Si tuviéramos que calificar las dos horas de show, podríamos decir que la emoción y la nostalgia desmedida fue lo que más abundó. También el humor, ese sello tan propio y característico del cantante que le permitió conquistar a distintos tipos de públicos casi al igual que lo hizo con su música. “Resulta que durante todo este año estaba tratando de organizar… No pero antes de contar eso yo quiero contar otra cosa”, se interrumpió a sí mismo cambiando el rumbo de su concierto.

“Yo me he dado cuenta que siempre he sido como olvidadizo. Que me enredo con cosas que para cualquiera serían una tontería. Se me olvida a veces llevarme alguna cosa y hoy se me olvidaron los gemelos. Entonces le digo a Marlene en el camerino: ‘No tengo los gemelos y me voy a poner un esmoquin’. Empecé a buscar quién puede tener gemelos pero ya nadie usa gemelos. Entonces mi esposa fue al lugar donde ponen la comida y pidió unos paquetes de pan de sándwich. ‘Tiene que ser entero, empaquetado’, le dijo. Cuando se lo da, le dice: ‘¿No tiene otro?’ Resulta que desarmó los dos paquetes y le quitó los plastiquitos que tienen arriba y me fabricó unos gemelos. Ella es así: detallista, brillante”, lanzó mientras la creación de su mujer ocupaba la primera plana de las pantallas y los espectadores estallaban de risa.
La última fiesta
En la mitad de la noche, el exjurado de La Voz Argentina invitó a su público a pasear por “pequeños pedacitos de canciones” porque “sino el show duraría como dos horas y no es la idea”, bromeó mientras los espectadores se quejaban que lo querían más tiempo arriba del escenario. “No, ya no se hacen shows largos. Tienen que ser cortitos como el de Luis Miguel. Llegamos sin hablar y nos vamos”, lanzó ante la tentación de todo el estadio. Así, entre risas, chistes e ironías, Montaner le dio a su gente lo que tanto quería: un medley integrado por baladas y temas más rítmicos como “Corazón fracturado” y “La chica del ascensor”.

La noche se encendió por completo con “Soy feliz”, “Cachita” y “Conga”, clásicos que hicieron que nadie se quedara sentado. Una vez más, en cada estribillo se sentía la complicidad entre el artista y quienes lo acompañan desde siempre.
Homenaje a Venezuela y el amor de la familia
Uno de los momentos más conmovedores de la noche fue cuando Ricardo Montaner le rindió un sentido homenaje a Venezuela, su país de crianza y origen artístico. “Esta es la historia de un niño de 8 años que nació en Valentín Alsina, que se crio en su primera infancia jugando a la pelota y que pensó que sus amigos del barrio iban a ser sus amigos para siempre. Pero las cosas del destino llevaron a este niño a emigrar con sus padres a un país amable, un país que nos abrazo desde que llegamos y que le dio la oportunidad de estudiar, de progresar, de encontrar a esa mujer (señala a Marlene que se encuentra observando el show desde la tercera fila), de formar una familia, de tener unos hijos maravillosos”, relató haciendo referencia a su historia personal.
“Hoy esa gente que lo abrazó por circunstancias de la vida han estado migrando hacia aquí y la Argentina hizo con ellos lo que Venezuela hizo con ese niño de ocho años. Hoy, como ese niño nacido en Alsina, quiero regalarle a esa Venezuela que me amó y me abrazó un pequeño homenaje”, dijo antes de entonar un popurrí de canciones y gritar “¡Qué viva Venezuela!”. No faltaron los ojos vidriosos ni los aplausos sostenidos.
La conexión con el público volvió a profundizarse cuando el anfitrión compartió el escenario con sus hijos Mau, Ricky y Evaluna y su yerno Camilo. Juntos interpretaron el tema “Amén” y recordaron lo importante que es la familia. “No me voy a poner llorón pero esto fue un regalo para mí, una sorpresa que planearon durante cinco meses. Se pusieron todos de acuerdo para ajustar sus agendas y poder estar aquí esta noche que para mí es tan importante. Y en estos cuatro o cinco minutos ustedes hicieron el resumen de lo que yo le quiero decir a la gente: ‘No existe un tesoro más importante para un ser humano que la familia. No existe, no hay nada más grande que la familia y el amor a Jesús. ¡Que Dios los bendiga!”, exclamó mientras abrazaba a sus hijos y les agradecía por estar junto a él en esta noche tan especial.
Un vínculo difícil de romper
“Bésame”, “Déjame llorar” y “Tan enamorados” fueron los últimos temas de la noche y también los más potentes, coreados y celebrados. Quizá porque todos sabíamos que se acercaba lo inevitable y lo mucho que “se lo va a extrañar”.
Mientras una lluvia de papelitos blancos cubría el campo VIP, Montaner volvió a quedarse sin palabras y atinó a agradecer tanto cariño moviendo sus brazos. Es que esta no fue una noche cualquiera. Esta fue la noche que demostró que, después de dos años de pausa, la vigencia de su voz sigue tan potente como siempre. La que, a lo largo de dos horas, puso en duda una y otra vez si este es realmente “El último regreso”.
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