'La grasa de las capitales': las historias detrás de la obra maestra de Serú Girán grabada en plena dictadura

Hace 40 años, en plena dictadura, Serú Girán lanzó el disco que redefinió el lugar de Charly García en la vida pública del país
Hace 40 años, en plena dictadura, Serú Girán lanzó el disco que redefinió el lugar de Charly García en la vida pública del país Crédito: Rubén Andón
Oscar Jalil
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11 de octubre de 2019  • 13:11

"Descubrimos a los dobles de Serú Girán", dice uno de los títulos de tapa de Grasa de las capitales. La foto es un montaje sencillo y cada personaje se explica por su caracterización: sobre un fondo rojo -de izquierda a derecha- aparece el oficinista con pinta de nerd (Pedro Aznar). A su lado, un flaquito luce la camiseta del Rugby Club Curupayti y unos inadecuados soquetes de toalla bordó (David Lebón). Lo sigue un playero en patas, vestido de blanco y con el escudo de Shell sobre el bolsillo de la camisa (Charly García). El cuadro se completa con la figura de un carnicero con cuchilla y serrucho (Oscar Moro). La imagen es un clic moderno en plena dictadura militar, un rapto de imaginación y fuerza de choque contra la patria tilinga modelo 1979, pero también una reacción de García, starman nacional en ciernes, contra las críticas recibidas desde el palo del rock: no hubo piedad para el primer supergrupo argentino cuando desembarcó en Buenos Aires luego de una temporada supuestamente idílica en Búzios. Tras un incomprendido disco debut y una serie de recitales con sabor a desconcierto, Charly respondió con orgullo herido y nervio mordaz, activismo existencial y el mejor encaje colectivo de su banda soñada.

La sesión de fotos se realizó en el estudio de Rubén Andón. El fotógrafo de 25 años y experiencia en el mundo publicitario conocía a Charly desde los días de PorSuiGieco y había participado de la última gira por Uruguay de La Máquina de Hacer Pájaros, la banda anterior de García, que había durado tan solo dos años. En el tercer piso del edificio ubicado en Hipólito Yrigoyen al 1200, Andón preparó el set. No había maquilladores ni vestuaristas; cada músico llevó lo necesario para componer el personaje que le tocó en suerte. "Charly tenía la idea de hacer una réplica de la tapa de la revista Gente", recuerda Andón. Oscar López, el productor ejecutivo de Serú, le había adelantado que la foto debía emular las clásicas tapas de fin de año del semanario de Editorial Atlántida, en las que se mezclaban personalidades destacadas del espectáculo, el deporte y la política. En la edición de 1978, por ejemplo, aparecía el brigadier Osvaldo Cacciatore, intendente de la ciudad de Buenos Aires en la dictadura, junto a los campeones mundiales Daniel Passarella y Ubaldo Fillol, entre muchos otros. La farándula y una férrea sintonía con el Proceso conformaban los ejes editoriales de Gente. Para García, la guerra de baja intensidad contra el Gran Hermano de papel estaba declarada. Faltaban la foto y los últimos detalles para cerrar un disco de nueve canciones que cambió el destino de Serú Girán.

"A este álbum que vamos a comenzar a grabar en junio lo veo como muy interesante, totalmente diferente a lo de antes. Es más grupal, si querés", dice Charly García en la edición 113 de la revista Pelo. La tapa anuncia un número especial dedicado a la reciente visita a Buenos Aires del guitarrista inglés John McLaughlin. Bajo el título "Las dudas del gigante", la nota es una entrevista en la que cada integrante de Serú habla de temas diversos. García es el que ofrece más pistas sobre el futuro del grupo: "En cuanto a las letras, son algo nuevo. No me hacen acordar a nada que haya hecho antes. Tienen una onda de tango. Son más abiertas, más agresivas y con humor. Todo gira alrededor de la Grasa de las capitales, que es el nombre del álbum, y es una burla, una sátira, de la grasada institucionalizada aquí y en el mundo. La gente piensa -y eso lo noté cuando volví de mis viajes al exterior- que en otros países no existe esta grasada. Y no es así, es algo internacionalizado". A fines de 1978 y principios de 1979, el músico visitó Europa por primera vez. La excusa fue acompañar a Zoca Pederneiras, su pareja de ese momento, una joven bailarina brasileña que formaba parte de la gira continental del Ballet Corpo. "Y grasada no en tanto contraposición entre fino y mersa", seguía Charly, "sino que tiene una connotación más densa; es decir, como que es más represión, decadencia, lo negativo en general. Hay una intención satírica en el álbum y por eso incluyo sonidos actuales como de discotecas de la televisión".

La tapa salió de una idea de Charly, que quería emular una portada de Gente. "Es una sátira a la grasada institucionalizada", decía
La tapa salió de una idea de Charly, que quería emular una portada de Gente. "Es una sátira a la grasada institucionalizada", decía

Andón conserva todas las fotos, cuatro rollos de doce salidos de la Hasselblad que usó para la sesión. La pose que terminó como tapa del disco apareció rápido, en medio de un clima muy distendido. Andón aportó varios objetos que se pueden ver en la portada: "El bidón amarillo que tiene Charly en la mano es de mi laboratorio; todos los químicos para el revelado venían en bidones de diferentes colores para que no se contaminen", recuerda. El maletín que lleva Aznar era del contador que manejaba los números del estudio. El serrucho y el delantal manchado de sangre los aportó el propio Moro gracias a la buena onda que mantenía con el carnicero del barrio. "La idea era producir una foto medio grasunga", dice Andón. "El tiempo hizo que se convirtiera en un ícono, pero la verdad que como obra se parece más a una foto de casamiento".

Si la foto de Grasa de las capitales -el artículo llegó después para convertirlo simplemente en La grasa- fue un relajado juego de máscaras, la construcción del segundo disco de Serú Girán fue más compleja, y pasó por varias etapas y situaciones traumáticas que la banda arrastraba desde el momento en que Charly García había convencido a David Lebón de juntarse a tocar y componer. "No agarraba viaje, el quía", contó Charly a Rolling Stone en 2002. "Estaba en el trip gurú, con el pelo cortito... Estaba con que el mundo material non da y esas cosas. Tenía una banda que se llamaba Seleste, comía pan; era demasiado... Así que con Zoca íbamos a visitarlo todos los días, y al final lo convencimos: se me ocurrió hacer el Festival del Amor, en el Luna Park. David siempre tuvo su parte media conchetona, fashion. Y le gustó la idea de ir a Búzios, armar un estudio... Pero ¿cómo conseguíamos la guita? Pensé: 'Hagamos un festival y a cada músico que venga le pagamos con un equipo de Fender'. Juntamos lo suficiente para pasar tres meses en Búzios en una casa de la puta madre, y nos fuimos".

La versión de Billy Bond, figura clave del rock argentino fundacional, líder de La Pesada y uno de los motores del debut discográfico de Sui Generis, sobre el nacimiento de Serú Girán, no es tan armoniosa: "Ellos se van a Búzios y la cosa no termina bien", asegura Bond. "Oscar López dice que Charly se la tomaba toda y que le salía una fortuna y que todo le chupaba un huevo. Charly y David Lebón dicen que el hijo de puta fue Oscar, que no les pagó, que los largó en banda allá, que los abandonó". A la distancia, Bond dice con espíritu salomónico que había un grado de verdad a ambos lados. "Oscar aparentemente los caga. Charly supuestamente se la tomó toda y se volvió para aquí y se quedan sin un mango. Cuando vuelven a la realidad, porque allá no era la realidad, Búzios era el paraíso, se les cayó el mundo a todos".

En 1978, Billy viajó a Buenos Aires y una serie de hechos fortuitos determinó la creación del sello Sazam Records, con Serú Girán a la cabeza del nuevo label y la incorporación de otros grupos como Nito Mestre y Los Desconocidos de Siempre y Pastoral. Negociador nato, el autor de "Salgan al sol" elaboró un plan maestro a toda velocidad. "Lo vamos a visitar a Néstor Selasco, que era el dueño de Music Hall", recuerda. "En realidad lo vamos a ver a Jorge Montes, que era el director artístico y tomaba cocaína, y le digo a López: 'Vamos a verlo a Jorge a ver si tiene un pase'. Por supuesto tenía, y nos quedamos la tarde entera conversando con él. En determinado momento pasa Selasco y me abraza: '¡Billy, ¿qué hacés?!'. Subimos a la presidencia de la compañía y Selasco me dice que, desde que me fui, el rocanrol no vende nada, el rocanrol se fue a la mierda, que tenía que volver, y si no quería hacer algo con él. Yo precisaba guita, estaba muerto de hambre. Y le digo a Selasco que sí, claro, que tenía un montón de ideas. Y la verdad es que no tenía un carajo, pero sabía por Oscar que Charly estaba sin contrato, que se habían peleado. Siendo amigo de Charly y de David, le comento a Selasco que tenía una idea de puta madre. Me voy a verlo a Charly, que ya vivía con Zoca. Me atendió en calzoncillos. Vivía en un conventillo en San Telmo. Le explico que iba a hacer un acuerdo con Music Hall y que iba a soltar un sello nuevo. Le pregunto si quería hacer un disco conmigo. Y acepta: '¡Dale, Bondo!'. Le pregunto: '¿Cuánta guita necesitás?'. Porque él también estaba apretado. Me dice que debía 10.000 dólares. Acordamos pedirle 70.000 a la grabadora. Diez mil para pagar sus cuentas, otros 10.000 para mí y con los otros 50 hacíamos el disco. Y él me sugiere: '¿Por qué no hablás con Nito?'. Nito estaba igual y aceptó al toque".

Aznar, Moro, García y Lebón por Rubén Andón. Una foto de esta serie ilustró la tapa del compilado Pic-Nic, de 1980
Aznar, Moro, García y Lebón por Rubén Andón. Una foto de esta serie ilustró la tapa del compilado Pic-Nic, de 1980 Crédito: Rubén Andón

Billy Bond fue por todo. Le pidió 100.000 dólares al capo de Music Hall para grabar tres discos y Selasco compró la idea del sello. "El viejo me miró y se quedó en silencio durante un minuto y me dijo: 'Vení a buscarlo mañana'". De ahí en más, Sazam Records empezó a tomar color. En San Pablo y con Billy como productor artístico, los Serú registraron su disco debut. La integración definitiva del cuarteto, con la llegada de Moro -histórico baterista de Los Gatos, Color Humano y La Máquina- y Aznar -un chico de tan solo 18 años que tocaba el bajo como un campeón-, se había completado en Búzios en el verano de 1978, en esos meses que fueron paradisíacos o desastrosos, o ambas cosas a la vez según quién los recuerde.

Al borde del invierno del 78, las grabaciones del disco debut de Serú en San Pablo dejaron más de 30 temas. La banda optó por las canciones más cristalinas, con arreglos sofisticados muy en la línea Steely Dan, melodías cuidadas y juegos vocales para elevar la expresividad. Los rocanroles fueron descartados. Bond le preguntó a García qué iba a hacer con todos esos temas. "No los vamos a usar, eso tiralo a la basura", respondió Charly. Pero, para Bond, que seguía abrazado a la causa rockera, esas canciones eran oro en polvo. Con los descartes paulistas armó Billy Bond & The Jets y sumó otro número al catálogo de Sazam.

El debut y despedida de Los Jets es lo más parecido al eslabón perdido entre La Pesada y Serú Girán. Nunca reeditado en CD, ese álbum puede escucharse hoy como un recorrido caprichoso por la vida musical de Billy. Grabado en los estudios El Dorado de San Pablo y con una lista de colaboradores de lujo (los Fattoruso, los Serú y varios músicos brasileños, entre otros), contiene el tremendo rockazo "¿No te sobra una moneda?", escrito por Charly a partir de una escena repetida en la puerta de los conciertos bravos de los 70: "Flaco, tengo un mambo que me caigo, y esta noche toca Pappo, no me lo puedo perder", dice la letra, un hito para esos tiempos de censura y represión. El año pasado, a 40 años de la edición del único disco de los Jets, "Loco" dejó de ser un tema de culto para revivir en una versión definitiva: Charly y Billy se volvieron a juntar en un estudio y luego repitieron en el primer Gran Rex de La Torre de Tesla.

El baile de los desencuentros acompañó a Serú Girán desde su primera presentación porteña y luego permaneció un tiempo considerable en un compás de espera. Como en esas celebraciones en donde todos pagan la entrada y nadie se divierte, el cuarteto estaba muy lejos de transformarse en los Fab Four del rock argentino. Por ahora, desilusión y baja tolerancia a las nuevas vibraciones de la banda de García. Después de la fatídica presentación en el Festival de la Genética Humana en el Luna Park, el estreno oficial del disco debut en Obras -el 3 de noviembre de 1978- empeoró aún más las cosas. Pipo Lernoud, desde las páginas de Expreso Imaginario, sentenció de modo sarcástico que esa noche, por razones de seguridad, se habían presentado los dobles de Serú Girán. La crítica cayó muy mal en el corazón del cuarteto y el retruco terminó entre los títulos que ilustran la tapa de La grasa.

La aparición de Serú Girán marcó un quiebre en el estatus de Charly García como figura pública, volviéndose un personaje algo incómodo para parte de la escena rockera. En la primavera del 79 fue por primera vez al programa de Mirtha Legrand
La aparición de Serú Girán marcó un quiebre en el estatus de Charly García como figura pública, volviéndose un personaje algo incómodo para parte de la escena rockera. En la primavera del 79 fue por primera vez al programa de Mirtha Legrand Crédito: Rubén Andón

Tensión entre la prensa rockera y Serú Girán: demasiadas expectativas hacia el artista que todavía cargaba con el recuerdo de Sui Generis y sus gloriosas Pequeñas anécdotas sobre las instituciones. No era para menos. Para un sector del periodismo, Charly era la voz interior que repetía "No te dejes desanimar" y el tipo que escribió todos los mensajes cifrados que exponía La Máquina en Películas. Algo de esa magia clandestina extrañaba Lernoud cuando los escuchó en Obras. Para colmo, el boom de la música disco y el triunfalismo futbolero post Mundial 78 sumaban más nubes al mapa de situación. Para el periodista y poeta, el debut de Serú Girán decepcionó porque no mostraba el potencial artístico de la banda y parecía ajeno al termómetro juvenil cosecha 1978. "Nosotros veníamos de reaccionar a la película Fiebre de sábado por la noche, de hacer la tapa a Travolta que hoy es difícil de entender, porque él simbolizaba el estereotipo de juventud que querían los milicos: bailar, salir con chicas y olvidarse de la política, dedicarse a los valores capitalistas de consumir más, trabajar bien y bailar los fines de semana", dice Lernoud y así se lo podía leer en las páginas del Expreso, una auténtica isla contracultural en dictadura. "Éramos un grupo de gente alternativa. Imaginate Serú en Obras. Hoy sería un Vélez. Y además el rock compartía con los músicos la resistencia a la dictadura, la resistencia no política sino cultural a la dictadura. Y Charly era parte de eso".

Ya en el segundo número del Expreso, García celebró desde el correo de lectores la aparición de una revista de cultura joven: "Quiero felicitarlos por la revista. Me gustó la idea, el contenido y la forma", escribió el músico. Por eso el debut de Serú en Obras tuvo algo de ruptura amorosa. "Todo era muy formal, con una orquesta y ellos muy rígidos, muy inseguros", recuerda Lernoud. "Charly recién se soltó al final. Noté que no estaban tocando mis amigos con la profundidad que uno esperaba, y lo que se me ocurrió decir es que los verdaderos Serú Girán se quedaron en Búzios tomando sol en la playa, y que los que estaban en el escenario eran dobles, unos muñecos para probar qué pasaba con el público. Fue una solución para el comentario y en ese momento me pareció ingeniosa, pero no le di mucha importancia. Después me di cuenta de lo que había escrito: era ponerlos en tela de juicio, decir que no estaban haciendo lo que potencialmente podían hacer".

***

La pelea por un estudio digno terminó a favor de Serú. Como caído del cielo, un productor de eventos llamado Daniel Grinbank empezó a trabajar como manager de la banda, y uno de sus primeros logros fue cambiar la locación original del registro de La grasa. La gestión se volvió más temeraria cuando sacó al grupo de Music Hall y creó su propio sello, DG Discos, y así Serú Girán ingresó a la escudería de bandas independientes. Entre julio y agosto de 1979 fueron las sesiones en ION, con la asistencia técnica de Amilcar "No te Mueras Nunca" Gilabert (así figura en los créditos). El ingeniero optó por aprovechar el perfecto ensamble que caracterizó al cuarteto desde sus inicios, y los grabó "tocando en vivo el 99% del registro". Gilabert contó con libertad absoluta y trabajó como para convertirse en el sonidista de Serú y mano derecha de Charly en su debut solista. Entre sus méritos rankea alto la mezcla de La grasa, gracias al buen uso de la consola de 24 canales que había en ION. "La mezcla de la batería se mantuvo mucho en el estilo tradicional. Pero el uso de equipos analógicos nos ayudó a conseguir una saturación muchísimo más cálida que la que estábamos acostumbrados acá", dice Gilabert, que también colaboró con el efecto de fritura grabado en la cocina de su casa para el tema que abre el disco.

Entre los afortunados que asistieron a la grabación figuraba un novel periodista de Expreso Imaginario. Claudio Kleiman, hoy una de las firmas más importantes de Rolling Stone, estuvo presente en una sesión: "En esa época no había tantos intermediarios", recuerda Kleiman. "Lo más probable es que nos hayamos cruzado y alguien me dijera: 'Estamos grabando en ION, venite'". Metido en la cocina del disco, Kleiman no puede borrar la imagen de Aznar grabando el emotivo bajo de "Viernes 3 a.m.". "Me sigue pareciendo un tema extraordinario, con mucha influencia de Joni Mitchell. Pintaba una situación dramática, un momento individual pero a la vez social", dice Kleiman.

El sonido suave y natural del bajo fretless marcó a Serú. "Me acuerdo que a Pedro le decían Aznorius, por el estilo de tocar, muy Jaco Pastorius, y en la sesión de grabación de 'Viernes 3 a.m.' Charly, desde el control, le hacía señas como para que metiera más de eso. Y Pedro me mira a mí como diciendo: '¿Ves? No soy yo el que hace eso, ellos me lo piden'. Como excusándose", dice el periodista.

La grasa llegó a las disquerías a fines de octubre de 1979 y tuvo una tibia recepción por parte de la prensa. La aceptación corrió lentamente, como esos discos clásicos que exigen tiempo. El arranque ya indica que es un álbum de ruptura con el pasado. Un coro anuncia con claridad meridiana el estado de las cosas: "Qué importa ya tus ideales, qué importa tu canción, la grasa de las capitales cubre tu corazón". En cuatro minutos y medio, Serú escribe una sinfonía de movimientos furiosos, candombe, tango, disco-music y arreglos progresivos que dibujan un pentagrama tan cambiante como el análisis social que desarrolla la letra. Charly denuncia con autoridad de vocero generacional que "no se banca más"; ahí entran la dictadura, la patria careta y la prensa colaboracionista. La temperatura baja e instala a Lebón en un plano folk, pero la letra de "San Francisco y el lobo" es un llamado a la rebelión, un descendiente feroz de "El oso" de Moris o un "Blackbird" revisitado. La sucesión proyecta a "Perro andaluz" como el tema para volver a creer en García y su agilidad melódica, capaz de elaborar una canción de divorcio con nuevos elementos. Pero aún más sorprendente es "Frecuencia modulada" y su ataque a las radios que tratan de imponer "tanta música absurda". Aunque el estilo es disco-funk, esconde un eco notorio de "Rhesus Perplexus" de Brand X, la banda jazz-rockera de Phil Collins. El lado A termina con "Paranoia y soledad", el debut como compositor e intérprete de Pedro Aznar en Serú Girán, un paisaje interior de un pibe de 19 años describiendo el estado de ánimo general, ecos de Satie y Ravel para apaciguar versos como "despertar así es como herirse con la propia destrucción". Las campanas tubulares agregan otro efecto de encantamiento.

Si el cierre de la cara A pintaba un panorama gris, el lado siguiente es aún más oscuro, al menos en sus tres primeros temas. "Me encanta el riff del final", le dijo Lebón a RS sobre "Noche de perros". "La letra está buena porque todos hemos tenido esas noches de perro. El flaco (Charly) me ayudó un poco con la letra". Según el guitarrista, el tema habla más de la vida que de la dictadura, aunque "seguramente alguna conexión existe con la situación del país en 1979 y la sensación de salir a la calle". Después surge inmensa la canción censurada por la dictadura por "incentivación al suicidio". Plagada de detalles -el tictac es sublime-, "Viernes 3 a.m." concentra belleza en un aire asfixiante. García reconoce que la letra contiene un error: "Dice 'bang, bang, bang', y nadie puede pegarse tres tiros, con el primero ya se mató". Cerca del final, "Los sobrevivientes" es el gran tema oculto del disco, un tango como lo entiende García, marcado y dramático, con Piazzolla en un oído y la propia escuela en el otro. La letra es un manual para entender la gran tragedia nacional: autocrítica, defectos de origen y el reconocimiento de que "somos de acá". El disco termina con algo de esperanza, ironía y otra pieza cinematográfica del compositor de Películas. "Canción de Hollywood" es una comedia musical en los términos de García, con guiños a Billy Wilder ( El crepúsculo de los dioses), Chaplin ( Candilejas) y su adorable apego al karma de vivir al sur. Los últimos acordes citan "The Lamb Lies Down on Broadway", que abre el doble de Genesis, banda modelo para Serú Girán.

Entre octubre y noviembre de 1979, García se sentó en la mesa de Mirtha Legrand. Así, La grasa llegó a la TV como la mayor ironía del músico y marcó el inicio de su nuevo estatus en la vida pública: con acceso al corazón del mainstream y a cargo de las contradicciones que tanto fastidian a sus detractores. "Mirtha Legrand mostró la tapa en cámara y dijo: 'Es como People, ¿no?'", dice el periodista Roque Di Pietro, autor de Esta noche toca Charly. "Imaginar la escena es casi un happening. Y le abrió las puertas a otra lluvia de críticas de parte de la buena conciencia rockera".

La grasa se inspiró en el desprecio a la gente careta y el "no se banca más" podía tener distintas capas de sentido. A 40 años de su lanzamiento, el segundo disco de Serú Girán es una obra conceptual sobre los conflictos, las inseguridades y la soledad, una radiografía de época más útil que los manuales de escuela. Se puede palpitar el estado de ánimo de esos tipos que vivían en peligro y de todos los que escuchaban sus canciones como tablas de salvación en un naufragio que duró años.

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