La historia de una pasión peruana
Diana Fernández Calvo, musicóloga argentina, protagonizó el martes pasado en la Iglesia Santuario de Santa Rosa, con repetición ayer, en la Iglesia de San Felipe Apóstol, ambas de Lima, un acontecimiento histórico. La acompañaba Julián Mosca, uno de sus colaboradores del Instituto de Investigación Musicológica Carlos Vega de la facultad de música de la UCA, del que es ella la máxima responsable. Y no era para menos, pues se trataba de la exhumación, tras más de dos siglos de silencio, de la Pasión según San Juan de José de Orejón y Aparicio, uno de los más importantes compositores y organistas peruanos que vivió entre 1706 y 1765. De tal manera, la apasionante reconstrucción del barroco musical americano alcanzaba con este hecho uno de sus frutos más sustanciosos.
Vale la pena desatar algunos nudos para tener una visión más amplia de esta proeza de la investigación actual, ya que lo que se acaba de rescatar ayer en la capital peruana es una ofrenda invalorable de la historia, al devolvernos la creatividad de un hombre considerado en su tiempo como uno de los más encumbrados compositores del país. Quien tenga acceso a la edición de El Mercurio del 16 de febrero de 1792, un cuarto de siglo después de su muerte, puede enterarse de que en el Setecientos sudamericano Orejón y Aparicio superó a todos sus colegas, particularmente en la música de iglesia, y que hasta que se conocieron las obras de Pergolesi, nadie pudo compararse con él en el juicio de los peruanos. Esto explica que su obra se hiciera conocida en Sucre y permaneciera en la memoria del pueblo peruano hasta fines del siglo XIX. Pero también merece que nos acerquemos a ciertos detalles de esta reconstrucción, para valorar hasta qué punto la tecnología actual se ha convertido en una excepcional colaboradora de la historia, cuando está en juego la destreza y la imaginación del investigador.
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Los manuscritos de José de Orejón y Aparicio se conservaban en el Archivo Arzobispal de Lima, hasta que desaparecieron entre 1988 y 1998. Como por milagro, surge el otro cabo de esta historia en 1999, cuando el Instituto de Investigación Musicológica Carlos Vega de la Universidad Católica Argentina recibe como donación el patrimonio de la doctora Carmen García Muñoz, gran especialista en estos temas, que incluía una cantidad de negativos tomados en aquel archivo, con los que esta erudita trabajó hasta su muerte. Fue en el año 2000 cuando un viaje al Archivo Arzobispal de Lima permite a Fernández Calvo llegar a la conclusión de que se poseían en Buenos Aires, como parte de aquella donación, las copias de los manuscritos faltantes en el despojado archivo limeño. A partir de ahí, el proceso ingresa en un proceso de formidable ensanche tecnológico: el pasaje del microfilm a positivo, el revelado e impresión gráfica y la digitalización final de los materiales. Con un equipo de trabajo integrado, para el análisis literario, por una especialista en cartas anuas de la Facultad de Letras de la UCA (Roxana Gardes), y por los estudiantes Mosca y Arturo Fernández, miembros auxiliares del Instituto, la doctora Fernández Calvo logró poner a punto los manuscritos para una cuidadosa digitalización, lo que permitió reconstruir partes faltantes de la obra a través del uso de la transparencia digital de la tinta en el dorso del papel, entre otros aspectos. Finalmente, y tras convenios con centros de investigación musical peruanos y la Universidad Católica de Lima se llega a esta Semana Santa en la que resucita la Pasión de Orejón y Aparicio, a cargo del grupo musical "Lima triumphante".
Luego vendrá todo lo demás. En enero de 2009 el alcalde de la ciudad presentará en acto público la edición de la obra (mil ejemplares y la grabación), que a su vez será la primera publicación internacional de nuestro Instituto de Puerto Madero, lo que permitirá que la Pasión del músico peruano recorra el mundo al lado de tantas otras creaciones motivadas por la dramática historia de Jesús de Nazareth.






