Las Pelotas dio cuenta de su gran presente y revivió lo mejor de su pasado

Las Pelotas / Músicos: Germán Daffunchio (guitarra y voz), Tomás Sussmann (guitarra), Gabriela Martínez (bajo), Gustavo Jove (batería), Sebastián Schachtel (teclados) y Alejandro Gómez (vientos, percusión) / Anteayer, en el Luna Park / Nuestra opinión: muy bueno
Un Luna Park colmado fue el marco festivo para la presentación de Brindando por nada, el nuevo disco de Las Pelotas. Cerca de cumplir treinta años de trayectoria, la banda luce hoy ajustada, sin fisuras y en pleno romance con un público que crece. La consolidación de esa masividad llega de la mano de un reacomodamiento sonoro patente en los temas de su último álbum, que privilegia las texturas espaciales y apuesta a la desaceleración. El tema elegido para el inicio del show, sin embargo, está apoyado en un riff marcial y repetitivo: "El amor hace falta" abrió el fuego de un concierto de cerca de dos horas que cerró con esa certera letanía que nos reveló definitivamente la inventiva y la sensibilidad de Luca Prodan, "Mañana en el Abasto". Fue una despedida melancólica y emotiva, precedida por dos latigazos muy efectivos: "Movete", con la guitarra filosa de Tomás Sussmann marcando el pulso, y la ironía cruel de "Capitán América", clásicos de la primera época del grupo, con Alejandro Sokol como vocalista. En dos tramos distintos del show, cuando subió Gabriel Dahbar para cantar con mucha autoridad "Bombachitas rosas" y "Muchos mitos", y en la versión de "Capitán América", con Emiliano Brancciari de No Te Va Gustar como invitado especial, sobrevoló el fantasma del Bocha, un frontman carismático y sensible al que, siete años después de su muerte, se sigue extrañando. La comparación entre los temas de aquellos primeros pasos de Las Pelotas con los nuevos sirve como prueba de la evolución sonora de la banda, apuntalada por los matices que viene aportando Sebastián Schachtel cada vez con mayor elocuencia. Evolución entendida como cambio, no necesariamente como juicio de valor. Hay algo de la potencia y el groove infeccioso de aquellas primeras canciones que las conserva intactas, tan poderosas como cuando fueron concebidas, aun con los ajustes que fueron sufriendo con el paso del tiempo. Y los mejores tramos del concierto, los más intensos y cargados de personalidad, fueron los que estuvieron dedicados a revivirlas. De esa generosa lista de temas que sonó en el Luna -treinta y cinco canciones desgranadas casi sin respiro y beneficiadas por un sonido realmente impecable-, las que imponen su fortaleza en el vivo son las más clásicas de la banda (incluyendo "Si supieras", un gran momento de un tramo del show de impronta reggae), por encima de algunas más relajadas, de sonido y poética mucho más estándar, las que dominan el repertorio del nuevo disco de una banda que, nadie puede negarlo, no se refugia en las zonas de confort y asume con convicción los riesgos que implica todo cambio de dirección.
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