Lhasa, una voz con sonido trashumante

La artista se hizo conocida en el mundo con su primer disco La llorona, que ahorase edita en la Argentina
Gabriel Plaza
(0)
26 de enero de 2008  

Para la pequeña Lhasa, la vida siempre fue una aventura misteriosa, como andar en un carromato de gitanos. Sus padres, una fotógrafa norteamericana de espíritu beatnik y un escritor mexicano con conciencia social, solían cambiar de ciudades a bordo de una camioneta destartalada escuchando música de Víctor Jara, canciones francesas y rancheras mexicanas. Ese espíritu nómade -sus dos hermanas nacieron en México y ella en la pequeña comunidad de Big Indian, en los Estados Unidos- se terminó transformando en una estética personal.

Rancheras, boleros, ecos de la chanson francesa, guiños moriscos y ritmos melancólicos de Europa del Este forman la valija de canciones de esta chica de 35 años desde que editó el celebrado álbum La llorona , lanzado en la Argentina por Random Records. Con ese primer disco, Lhasa -que desde los 19 años giraba por pequeños escenarios canadienses con su guitarra y coequiper Yves Desrosiers- cautivó a la crítica norteamericana y al público europeo (vendió 400 mil copias en Francia).

El sonido mestizo y nómade de sus canciones -con la estética de un cabaret ambulante- ese exótico fraseo en español más propio de una película de Almodóvar y la atmósfera dulcemente triste y embriagadora del repertorio latino de los cuarenta, la pusieron en la boca de todos. "La gente me pregunta cómo escojo el idioma para cada canción. Pero cantar en español surgió de una forma muy natural porque eso estuvo en mi vida desde niña. Siempre estábamos viajando y viviendo en países distintos. Durante mi vida he tenido que adaptarme a un montón de situaciones, siento que mi vida es un camino vivo, donde todo se mezcla", cuenta la artista desde su casa de Montreal.

El lanzamiento de La llorona en la Argentina es la excusa para charlar con la artista vía telefónica.

Pasó más de una década hasta que el disco llegó a las bateas porteñas. A la distancia, el fenómeno de culto que despertó aquel disco no le extraña. " La llorona es un disco misterioso que continúa con su camino. Esas canciones tienen una larga vida, independiente a la mía", dice y la letanía de su voz produce el mismo extraño encantamiento de sus discos.

Lhasa dice que su vida de joven errante fue una bendición y el origen de los conflictos en su vida cotidiana. "Cuando tengo dificultades en la vida puedo ir a buscar el origen de eso en aquellos años donde no teníamos una casa fija, esa falta de una raíz dónde afirmarse. Pero también esa forma de vida que tuvimos de niña creo ha sido una ventaja y un regalo que me han hecho. Me dio una visión muy vasta para poder aceptar cosas diferentes. Aprendí a ver un poco más lejos", cuenta la ecléctica artista, que editó The Living Road en 2003 y está trabajando en un futuro CD en inglés.

En su bitácora sónica aparecen las influencias de Billie Holliday, Chavela Vargas y Víctor Jara. "Mi padre era fanático de Jara. El tenía un amigo chileno y siempre me hablaba de ese país y las cosas que el pueblo había pasado con la dictadura militar. Mientras me contaba esas historias escuchábamos sus canciones. Yo estaba enamorada de su voz, fue mi primer amor", declara la cantante. Por estos días, en su compactera no dejan de sonar los chicos de Calexico y Radiohead. "Los músicos somos como abejas que buscamos el azúcar en las flores más dulces, y creo que con ellos tenemos amores comunes y puntos de vistas generacionales muy parecidos", dice con fervor de fanática.

Con los ecos del exitoso La llorona todavía dando vueltas a su alrededor, la cantante sigue en el camino. "En un momento sentí que todos esperaban otro disco igual y decidí retirarme y empezar de nuevo. Lo que me guía es la libertad y la búsqueda de la verdad, por eso me gustan mucho las canciones tristes que encontré en el repertorio latino. Allí empecé un viaje desconocido y misterioso por la belleza."

ADEMÁS

MÁS LEÍDAS DE Espectaculos

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.