Lito Vitale y sus amigos del alma
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Ciclo Amigos del Alma, de los martes, convocado por el pianista y compositor Lito Vitale. Presentación del espectáculo "Contraflor al resto", protagonizado por el Chango Farías Gómez (canto, guitarra y batería), Marián Farías Gómez (canto y bombo) y Manolo Juárez (piano). Producción ejecutiva: Esther Soto. Coordinación: Donvi. Coordinación artística: Enrique Masllorens. En el teatro Alvear.
Nuestra opinión: bueno.
El sonido musical es una onda que se propaga, desde el movimiento de un cuerpo sonoro, de molécula en molécula, a través del aire, hasta llegar al oído y de allí a los nervios auditivos hasta producir una sensación.En acústica existe la noción de energía. Y se sabe que el hombre se esforzó en todas las épocas por domesticar esa energía. Cuando se habla de ondas sonoras es natural pensar que la percepción auditiva será tanto más intensa cuando más fuerte sea la energía inicial de la onda. El camino es el de la irradiación.
El hombre se sintió siempre atraído por los sonidos musicales, sobre todo los de timbre agradable y sugestivo. Hasta que llegó la reacción del rock y el sonido cibernético.
El sonido que producen los sintetizadores a veces ha tratado de dulcificar la percepción, pero otras veces ha causado fatiga. Lito Vitale es un cultor de los sonidos cibernéticos y que, por lo tanto parecerá inaudito verlo algún día sentado frente a un teclado acústico. Es probable que tal predilección nada tenga que ver con su talento musical. Porque nadie podrá negar que es dueño de unos excelentes dedos. Que como acompañante usa los más ricos acordes y los comentarios más audaces o sutiles, y algunos adornos inesperados.
Respeto por las esencias
En esta instancia del ciclo "Amigos del alma", a la que convoca Lito los días martes (dos por mes), le ha tocado el turno al espectáculo "Contraflor al resto", que protagonizaron hace unos veinte años Manolo Juárez (piano), Chango Farías Gómez (canto, guitarra y percusión) y Marián Farías Gómez (canto y bombo).Este racconto permite entrever, entre el fárrago de decibeles y la mar de sonidos procesados en los dos pianos (de Lito y Manolo) y en la guitarra del Chango, aquella histórica juntada.
Detrás de todo sonido voluminoso se intuyen temas, melodías, ritmos, armonías ligadas al folklore. Aunque lo telúrico no pide semejante exuberancia sonora, ni tal despliegue tímbrico (todo lo contrario) se vislumbra bastante aquí, sobre todo en las intenciones de sus intérpretes, el respeto por las esencias. Que se entienda bien: nadie podrá cuestionar, por las razones expuestas, el talento de los miembros del esporádico cuarteto. Simplemente que la música se mueve detrás de la ancha y voluminosa cortina sonora.
Por eso se disfruta más y suena más auténtica, en la guitarra y la voz postrera del Chango Farías Gómez, "Maturana", del Cuchi Leguizamón. Y el folklore se abre camino en la voz de Marián cuando canta sola y junto al Chango la "Vidala para mi sombra" o "La pomeña". Sin embargo, la versión de "Milonga triste", que intenta ser introvertida y emotiva en la voz del Chango, se encrespa en sonoridad de tal modo que el "silencio del camposanto" se rompe y es de temer que despierten los muertos...
En medio de la extraversión y la contundencia sonora habrá que rescatar el cuidado en los acentos rítmicos que mantienen su natural cadencia, y la fidelidad a las melodías. Esto, unido al humor irónico de Manolo Juárez, deja en nosotros una sensación de simpatía y euforia.
El próximo encuentro de Lito Vitale será con el grupo de música celta Xeito Novo y Marcelo Moguilevsky (aerófonos) y César Lerner (piano y acordeón).




