Los misterios de Carlos Gardel: por qué el mito de Tacuarembó vuelve una y otra vez y el “jugoso” capítulo sobre su padre
La verdad sobre el “documento uruguayo” y las dos teorías sobre quién fue el papá del Zorzal Criollo
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Cada tanto, Carlos Gardel vuelve al centro del debate público no por su obra sino por una pregunta que se resiste a desaparecer. ¿Dónde nació?
En los últimos días, la circulación de documentos que lo ubican como nacido en Tacuarembó reactivó una polémica histórica, presentada otra vez como revelación, aunque se trata de materiales conocidos, estudiados y contextualizados desde hace años.
El llamado “documento uruguayo” existe. No es falso ni reciente. Se trata de una declaración realizada por el propio Gardel en 1920, ante autoridades consulares, en la que afirmó haber nacido en Tacuarembó en 1887 (curiosamente el mismo año en que nació el uruguayo José Razzano, amigo y compañero artístico en sus comienzos). Aquella declaración tuvo un objetivo concreto: regularizar su situación legal y facilitar su movilidad internacional en un momento en que su carrera comenzaba a proyectarse fuera del país. No fue una partida de nacimiento ni un acta civil, sino un instrumento administrativo, aceptado por conveniencia práctica y sin valor probatorio sobre el origen. Ese punto fue explicado con claridad en una entrevista publicada en 2012 por LA NACION, en una nota firmada por Verónica Dema, a partir de entrevistas a los investigadores Juan Carlos Esteban, Georges Galopa y Monique Ruffié, autores del libro El padre de Gardel (Proa Amerian ediciones). Lejos de negar la existencia del remanido documento uruguayo, los autores lo contextualizaron como lo que era: una declaración tardía, realizada treinta años después del nacimiento, sin respaldo registral.

Frente a esa constancia administrativa, la investigación aportó un documento de jerarquía superior: la partida de nacimiento de Charles Romuald Gardes, registrada el 11 de diciembre de 1890 en Toulouse, hijo de Berthe (Berta) Gardes, soltera. El acta, conservada en archivos civiles franceses, fue reproducida y cotejada con registros judiciales, policiales y migratorios. Desde el punto de vista archivístico, aquel trabajo parecía cerrar la discusión sobre el lugar de nacimiento, aunque el debate reaparece cíclicamente, impulsado más por el peso simbólico del mito que por nuevas evidencias.
La paternidad: una hipótesis dominante y una voz familiar disonante
La investigación de Esteban, Galopa y Ruffié no eludió una cuestión central: la identidad del padre. En línea con la historiografía de la línea “francesa” tradicional (otra podría llamarse la línea “uruguaya”), los autores sostuvieron que el padre biológico de Gardel habría sido Paul Jean Lasserre, quien había estado en Toulouse cumpliendo el servicio militar y que habría mantenido una relación clandestina con Berthe Gardes, emigrando luego a París, donde formó parte de una reconocida banda de ladrones de la época.

Según esa reconstrucción, Lasserre nunca reconoció legalmente al niño y, aunque hay indicios que posteriormente habría intentado un acercamiento a Berthe, ella lo habría rechazado antes de emigrar a la Argentina. Ese rechazo habría sellado el silencio definitivo. Sin embargo, esa hipótesis fue cuestionada desde Argentina por Elena Irene Gardés, ya fallecida, quien se presentó como pariente consanguínea del cantor y dedicó años a investigar una alternativa, plasmada en el libro Carlos Gardel y las raíces de mi genealogía (Ediciones Corregidor, 2003)., ya fallecida, quien se presentó como pariente cosanguínea del cantor y dedicó años a investigar una alternativa, plasmada en el libro (Ediciones Corregidor, 2003).
A diferencia de la versión que apunta a Lasserre, la investigación de Elena Irene Gardés trata de un conflicto estrictamente intrafamiliar. Según su reconstrucción, el verdadero padre habría sido Joseph Gardes, primo de Berthe, quien vivía en la casa familiar y se encontraba en formación como seminarista. El vínculo, según esta hipótesis, no habría sido un desliz externo, sino un romance clandestino dentro del hogar, cuya revelación implicaba un escándalo moral y religioso de enorme magnitud para la Francia de fines del siglo XIX.

Irene Gardés sostuvo que esta versión formaba parte de la tradición oral transmitida entre los miembros de la familia radicados en la Argentina, un secreto conocido pero nunca explicitado públicamente. Según su relato, fue la matriarca de la casa quien impuso un juramento de silencio absoluto, ante la vergüenza que el episodio suponía para la familia y para la Iglesia. Esa misma autoridad familiar habría impulsado la decisión de que Berthe emigrara con el pequeño Charles Romuald, alejando el problema y preservando el honor.
Según Elena Irene Gardés, lejos de la imagen de la inmigrante solitaria que proyectan casi todas las biografías de Gardel, la madre del Zorzal Criollo mantuvo un vínculo fluido con una rama de la familia asentada en la provincia de Buenos Aires. Para ellos, la identidad de Carlos no era un misterio: el parecido físico con la estirpe Gardés era comentado en la intimidad del hogar. “Para mis parientes en la provincia, Carlos no era un mito, era el hijo de la prima que había tenido aquel problema en Francia”, explicaba Gardés en su libro.
Estos familiares habrían sido, además, los guardianes del secreto: sabían que el silencio de Berta no respondía a desinterés ni abandono, sino a un mandato de lealtad hacia el primo seminarista que la familia había decidido proteger a ambos lados del océano. Consciente de los límites de la historia oral, Elena Irene Gardés nunca presentó su investigación como una verdad definitiva. Fue también una de las principales impulsoras del pedido de una prueba de ADN que permitiera contrastar los restos de Gardel, sepultados en la Chacarita, con los de la rama Gardés. Su reclamo llegó incluso a instancias oficiales con una publicitada carta al por entonces presidente Néstor Kirchner en 2003, sin resultados concretos. Pero tanto sus investigaciones como su propia vinculación con la rama directa de Berta y Carlos fueron desestimadas por varios especialistas. Entre ellos Christiane Bricheteau, vicepresidenta de la Asociación Carlos Gardel de Toulouse, quien investigó que la rama familiar de Elena Gardés proviene de St. Geniez D’Olt, a más de 200 kilómetros de Toulouse, señalando además que no hubo primos hermanos entre los Gardes de Toulouse.
A noventa años de su muerte, Gardel sigue interpelando a la historia no solo por el lugar donde nació, sino por los silencios que rodearon su origen. Tal vez porque, más allá de documentos y declaraciones, su figura se construyó en ese territorio ambiguo donde la verdad histórica convive con el mito y donde algunas preguntas -como la del padre- siguen abiertas. Aunque lo realmente importante, por supuesto, sigue siendo escucharlo.
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