
Los preferidos de Bocca
Cecilia Figaredo y Hernán Piquín, figuras del Ballet Argentino
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El Ballet Argentino, que dirige Julio Boca, nunca cesó de bailar, aun cuando el artista estaba lesionado. Cuando se restableció, los que habían tomado los papeles protagónicos en ciertas obras son ahora considerados primeras figuras. Cecilia Figaredo (29 años) es su partenaire más frecuente. Es la que ha permanecido en el elenco desde su fundación, hace 11 años. Riéndose, dice que es la "veterana", no por edad, sino por ser testimonio de la historia del plantel. Y fiel a él con toda su alma. Bailó todas las obras del repertorio, viajó por los cinco continentes e hizo las sempiternas giras nacionales. Nunca se le ocurrió buscar otros rumbos. Ser parte del Ballet Argentino ha sido y es su mayor aspiración y alegría.
En los últimos tiempos hubo cambios. Otros integrantes, con sus talentos, le dan un renovado brillo y perfil. Pero Cecilia es como el peñón de Gibraltar. Allí está, siempre dispuesta.
Su vida dio un gran vuelco cuando Julio la eligió, el año último, como compañera para "Boccatango", que se verá en las actuaciones en el Luna Park.
"Estoy fascinada por la comunicación, la vibración, lo que se originó. Hasta en el dúo en el que bailamos desnudos Julio me hizo sentir protegida, cómoda. Es un bailarín que contagia su energía, su emotividad, un partenaire prodigioso, pero sobre todo un artista que te lleva a otra dimensión.
No tiene barreras con los estilos. Dice: "Reconozco que tengo temperamento. Me amoldo al clásico puro, al neoclásico, al contemporáneo. Mi cuerpo entiende espontáneamente la diferencia y la belleza de cada cosa, y así espero transmitirlo. Me gusta todo, pero me he sentido muy transportada en "Adagietto", "Consagración del tango", el dúo desnudos "Romance del diablo", de "Boccatango". En cuanto al clásico, me encanta "Diana y Acteon", que es muy brillante, y "Tchaikovsky pas-de-deux", entre otros. Mi gran ilusión es hacer algún día "Carmen". Va muy con mi personalidad."
Está también bailando mucho con Hernán Piquín (28) y, según su opinión, se llevan bárbaro. Cecilia comenta: "Nos conocemos desde los 12 años, cuando éramos alumnos del Instituto Superior de Arte del Colón. Tenemos buena química; es muy productivo trabajar con él porque nuestros cuerpos se entienden y siempre sale algo nuevo. Incluso, durante la ausencia de Julio, con Hernán hicimos "Boccatango". Fue distinto, pero igualmente mágico".
Comienzos de un bailarín
Hernán Piquín fue integrante del Ballet del Colón, donde hizo papeles de solista. Ya sus dotes lo destacaban del resto. Más tarde, Julio lo contrató para integrarse durante un tiempo al Ballet Argentino, con el cual se fogueó como lo necesitaba en escenarios mundiales. Allí se reencontró con Cecilia. Volvió a su compañía madre y fue entonces cuando la mayoría de los papeles que le dieron eran los concebidos para una primera figura. La experiencia acumulada hizo que resplandeciera tanto técnicamente como en la transmisión de la sensibilidad de los diferentes personajes. Tres temporadas atrás dejó la Argentina para ir a San Francisco, donde probó con buena suerte y elogios otro elenco En agosto de 2001 recibió un e-mail telefónico de Julio, que lo tentaba para regresar al Ballet Argentino. Hernán le contestó que estaba muy agradecido, pero que debía ver qué pasaba en San Francisco y las cláusulas de su contrato. Luego del los sucesos del 11 de septiembre y tras otra llamada, las cosas cambiaron. Se arregló su situación contractual y quedó libre. Así, hizo las valijas y se vino, a fines de enero.
Hernán explica la razón de su regreso: "Fue algo que comenzó a sucederme después del ataque a las Torres Gemelas. Vivía en estado de intranquilidad, de pánico, porque a cada rato había alarmas sobre bombas en los subtes y todos lados. Pero lo peor fue cuando anunciaron que había algo en el puente Golden Gate, en San Francisco, que va a Sausalito, donde yo vivía. Lo estaba cruzando en ese momento. Todo el mundo bajaba aterrorizado de los autos y los dejaba. La policía tratando de moverlos y yo en el medio, sin poder moverme. Era un caos. Solo y muerto de miedo. Pensé en llamar a mi madre, pero luego me dije que iba a ser peor. Esa fue una de las causas, como la amenaza del ántrax, que decían que estaba hasta en las verduras de ciertas granjas".
Igualmente, su experiencia allá fue muy enriquecedora. "Hacíamos muchas giras por Los Angeles, Nueva York, Hawaii. Tuve muchas oportunidades en los papeles que me daban. Todo lo que hice fue con total entrega y amor. El público se aproximaba y me decía que lo emocionaba, que lo hacía llorar. La que más me gustó hacer fue "Homeless" (sin casa), que me conmocionaba mucho."
-¿Qué significa Julio Bocca en tu trayectoria?
-Estuve dos años con el Ballet Argentino. Hice de todo en cuanto a papeles, viajé por todo el mundo. Recuerdo una función en Nueva York que televisaron en directo. Era tocar el cielo con las manos, una época de oro. Sobre todo, estar con Julio, compartir el escenario con él y ser también primera figura. La cantidad de funciones dan el fogueo tan necesario, ganas de hacer cada vez más porque uno se va asentando en la personalidad y en la técnica. Me decía a mí mismo: "Esto no lo podré pagar nunca, no tiene precio". Es gracioso porque a veces vienen coreógrafos que comentan que mis movimientos son muy de Julio. Y es verdad: yo me formé con él y lo copié. Fue y es mi ídolo. Yo era un nene y lo veía y después lo copiaba en su manera de correr, sus paradas, todo. Cuando se lastimó, tuve que aprender "Boccatango" en siete días. Fue una gran impresión, a la vez que me sentí un poco mal, porque me decía: "Esto es de Julio, le pertenece". Sentí un orgullo y una enrome conmoción, ya que es una obra que lleva su nombre y fue creada a su medida. Y tuve la posibilidad de hacerla. El impulsa mucho, alienta. Un aspecto para emularlo es el de su máxima autoexigencia. Estoy en el contexto de lo que me hace más feliz. Hay esperanza, excelentes compañeros, ánimo positivo, mucho para bailar y hacer en el futuro. ¿Qué más pedir?




