Maggie Cullen: su paso por La Voz Argentina, su vínculo con Abel Pintos y por qué va a ir a Suecia a cantar
Lejos del reality que la hizo conocida y muy cerca de los públicos más variados de la Argentina, a finales de abril la cantautora de 25 años dará un show en el Teatro Ópera
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Maggie Cullen tiene la sonrisa fácil. Y a no confundir con la risa porque no es de esa gente que ríe por cualquier cosa. Ella sonríe con facilidad. Será por el entusiasmo que le genera el show con el que presentará oficialmente su nuevo álbum; será por todo lo que ha vivido en los últimos años.
Se hizo famosa por su participación en una de las ediciones del reality de talentos musicales La Voz Argentina, pero eso no la hizo artista. Lo del programa pasó hace cinco años y si bien muchos la relacionan directamente con la pantalla, la artista se fue tallando con horas de canto; en una peña amiga, en su propia casa, buscando repertorio, en el estudio de grabación donde registró dos bellísimos álbumes (Canciones del viento y el reciente Décimas) y, sobre todo, en las rutas recorridas. Sí, en escenarios de cualquier parte del país donde ha podido compartir su canto. La próxima cita será el 24 de abril, en el teatro Ópera.
Maggie trabaja para la música. Dice que ese es su compromiso. De algún modo lo demuestra en pequeños gestos. Saca su guitarra de la funda, trepa a un “anvil” donde se guardan los instrumentos que usa para salir de gira. Se sienta, comienza a tocar y sonríe a la cámara de la fotógrafa. Apenas termina la brevísima sesión guarda rápidamente la guitarra para cuidarla de la humedad horrorosa que traen las lluvias de varios días. Es cierto que la guitarra no tiene vida por sí misma, pero en esa madera, que sufre tanto por humedad como por resecamiento, están las manos de quien la fabricó. Alguien que trabajó para eso, como lo hace Maggie cuando elige canciones, cuando las graba, cuando decide ir para adelante, cuando prefiere frenar ante un aluvión de propuestas. Dice que va a sus tiempos. Y su tiempo hoy es ese concierto que la tiene con una sonrisa de oreja a oreja.
“Sí, va a ser una fiesta con un súper despliegue, que refleje lo que es para mí este segundo disco, que, también, tiene canciones mías. Además, me encanta dibujar y vamos a tener dibujos que hago cuando estoy de gira, que es mi otra faceta artística. Esas dos horas [de show] son el resumen de mucho corazón puesto en un proyecto, no solo mío, sino de todo un equipo que está detrás".
“Acá estoy yo”
—¿Pensás mucho en lo que hacés o sos más de esa frase que está en “De fiesta en fiesta”, que grabaste en tu disco anterior (“Déjenlo a mi corazón que ande alegre y nada más”)?
—Pienso mucho las letras en todo el repertorio, en los géneros que elijo. Para este disco grabé son cubano, un estilo surero, tonada, chamamé. El disco lo produjo Popi Spatocco. Tardamos más en elegir todo ese repertorio que en grabarlo. Me siento una argentina representada por toda nuestra música. Y en cuanto a eso sigo mucho la línea de Mercedes.
—Sí. Se nota.
—Me gustaba mucho su forma de trabajar el repertorio de nuestro país y, bueno, se sumó ahora la hermosa herramienta de poder componer que es donde uno se involucra también y empieza a decir: “Bueno, acá estoy yo, esto es lo que quiero decir, esto es lo que quiero resaltar”.
—De algún modo tenés el camino allanado para todo esto. Décadas atrás, las cantoras de Buenos Aires no eran las que más triunfaban, hasta que surgieron algunas como la platense Laura Albarracín, que desde su premio revelación en Cosquín, allá por finales de los ochenta, abrió un surco.
—Sí, entiendo. Estuve cantando en muchos lugares. Muchas veces me dicen: “Y vos sos de Buenos Aires, ¿de qué parte de la provincia? No, de Capital —les digo—. Esta es la música que recibí en casa”. Pero también es muy lindo ver en ese sentido que la gente no te cierra la puerta cuando vos das esa respuesta. Para nada, suele ser lo contrario. De verdad, este verano estuvimos por todos lados y fue tanto el cariño. Como un abrazo grande de todo el público que te dice: “Te estábamos esperando acá, qué lindo que hayas venido”. Pasa también cuando cantás música de una región. Me viene a la mente estar en la Vendimia cantando tonadas. Y todos cantando conmigo.
“Hago la música que me gusta"
—¿Y en Buenos Aires nunca sentiste el prejuicio del que piensa que si sos de capital y tenés 25 años tendrías que cantar música urbana?
—Total. Pero la respuesta es sencilla: hago la música que me gusta. La que más disfruto cantar y armar los repertorios porque no es lo mismo un concierto en Córdoba que en Tucumán, Chile o Esquel. Cada público recibe distinto tu propuesta. Este verano hicimos Uruguay, Balcarce, Bariloche, Entre Ríos, una cosa así era la gira. Hay públicos que son más de escuchar, hay otros que bailan como locos. Si la gente está bailando, queremos seguir la fiesta. En el Sur gusta más el rock, por eso puedo cantar canciones de Charly o Spinetta. Mercedes, Charly, Cafrune, los Beatles. Todo eso me compone. Y lo que más me gusta del disco son mis canciones, no porque sean las mejores, sino porque son en las que más me veo.
—Titulaste el disco con una estructura poética y musical muy antigua que es la décima...
—Siento que me salió jugando. Fue un ejercicio compositivo que terminó siendo canción, pero tiene que ver con las cosas que me vienen rodeando. Hice un curso en La Paloma, Uruguay, sobre décimas, con el cubano Alexis Díaz Pimienta. Algo de eso me picó. También los festivales te ponen en contacto con el mundo de los payadores. Es increíble lo que hacen. Bueno, como los raperos, que tienen una rapidez mental increíble. No me sale de esa forma, pero me sale sentarme a jugar. No es una rebeldía, es solo lo que tenía para decir. Sí, creo que es valioso estudiar lo que viene de años. Eso admiro de [Jorge] Drexler y su mezcla con lo actual. Siempre hablo con Nahuel [Pennisi]. Una vuelta, en un aeropuerto, no recuerdo dónde, hablamos de esto: ¿cómo traer al subte B un folclore que fue tan fuerte, sobre todo, describiendo situaciones de época? ¿Cómo llevamos esa situación de pueblo y de carrera al subte B? Fusionar esos mundos es la tarea. El folclore habla de lo que somos. Hay que darle margen al folclore. Pienso en Milo J que lo lleva a lugares nuevos.
Tender puentes
—¿Qué cosas tiene que decir una canción y qué cosas no para que entre en un repertorio tuyo?
—Creo que depende mucho del momento en el que estoy, artístico y personal. Empecé a cantar una canción de Charly en los conciertos y un día un padre que venía con su hija me dijo: “Qué bueno que la cantes porque ella no conoce a Sui Generis”. Hacer ese puente me parece súper valioso y lindo. En cuanto al repertorio, soy abierta a ideas, pero también tengo claro lo que quiero y lo que no. Con Popi hicimos buen equipo.
-¿Seguís haciendo equipo con tus hermanas menores o no hay tiempo?
-Sí que hay; no solo para hacer música. Comparto todo con ellas. Somos muy cercanas las cuatro; yo, la mayor, con 25, y la más chica con 20. Nos llevamos muy bien. Compartimos todo: planes, cerveza, música, viajes. Son lo más, son lindas compañeras y las personas que te conocen más de cerca, ¿no? Toda mi familia es genial. Sabe decirme cuando estoy medio en el aire o perdida: “Maggie, mejor por acá”.
Respetar los tiempos
-¿Hubo que volver a empezar luego de una situación de mucha exposición, como fue tu paso por La Voz?
-Creo que eso es muy personal. Cada uno llega de distinta manera. Yo fui sin intención alguna de salir música, ¿viste? Fui a jugar. Antes de eso solo cantaba en una peña y, después, abrí cuatro veces los shows de Abel Pintos en el Movistar Arena. Siempre le agradezco porque fue muy generoso conmigo. Yo no tenía banda ni repertorio. Me llevó tiempo ir acomodándome. Todo fue gracias al programa y a gente como Abel, Raly [Barrionuevo], Lito [Vitale], León Gieco y Teresa Parodi. Todo eso me ayudó a ver que cantar me gustaba más que cualquier otra cosa.
—Y lo que vino después...
—Lo que vino después fue aprender a respetarme los tiempos. No estaba en el ambiente musical, no sabía lo que era una discográfica, mi familia no viene de ahí. Escuchaba eso de que había que aprovechar la oportunidad para que no se fuera el tren. Mi madrina me decía: “Atrás viene otro. El que vos puedas tomar”. Armé un equipo de trabajo con gente muy afín a mí. Voy dando paso a paso. Empecé a cantar en los festivales, a hacer giras de a poco. Luego eso creció, saqué un disco, empecé a componer, conocí a más gente parecida a mí que busca las mismas cosas que yo. Saqué un segundo disco. Hice el teatro Broadway, luego el Coliseo, ahora el Ópera. Voy dando pasitos a mi tiempo. Sé cuándo no es afín, cuándo es demasiado rápido. Si no, me desarmo, no me puedo dar como me tengo que dar. No puedo descansar ni estar con mi familia. Mi compromiso es con la música y es muy importante. Para eso necesito mis tiempos y mi casa. Vestirme como quiero.
—¿Pensás en lo que le pasa al público?
—Es algo que me excede. Hago lo que me sale hacer, lo que preparé con amor. Hay algo que aprendí de La Sole que es ver qué pide la situación frente al público. Pero lo personal, o sea, lo que le ocurre a cada persona, es algo muy increíble que tiene que ver con el poder de la música. Soy muy creyente y siempre me tomo ese ratito para pensar que lo que yo haga a cada persona le llegue, lo que le tenga que llegar. Distraerse, emocionarse, descargar, compartir con familia o amigos. La música es mucho más grande que nosotros. Pido el don de poder transmitirla.
—¿Hay una música que prefieras?
—No. En mis clases solo canto tango en los últimos meses. Y para mí puedo cantar Queen o La Novicia Rebelde.
—¿Desde cuándo tomás clases?
—Cuando empecé a trabajar, hace cinco años, con Josi García Moreno.
—¿Qué viene después del Ópera?
—Volver a Chile y a Uruguay para presentar el disco con toda la banda. En octubre, una gira de un mes por España y después a Suecia. Es la primera gira formal. Hay muchos argentinos que viven allá desde hace tiempo, que tienen hijos que han recibido el folclore. En muchos casos, es gente que extraña. Quiero acercarme. Me escriben de muchos lados. La música sana en momentos difíciles.
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