Martín Devoto ofrecerá "De Bach al ruido"
Concierto-instalación, hoy, en el Rojas
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El violonchelista Martín Devoto cita al compositor Helmut Lachenmann (Alemania, 1935) para explicar el foco del concierto-instalación "De Bach al ruido", que ofrecerá hoy, a las 20, en el ciclo "Tres cruces", que organiza el Centro Cultural Ricardo Rojas (Corrientes 2038), con entrada a cinco pesos.
"No se trata de nuevos sonidos, sino de una nueva escucha." Esta escucha renovada es la que guía al compositor alemán en gran parte de su obra, constituida por aquellos sonidos que habitualmente un instrumentista lucha por evitar que emerjan en el contexto de una música clásica.
Martín Devoto llama coloquialmente la "verdurita" a esos ruidos y suciedades que, cuando se dedica, por ejemplo, a tocar las bellísimas Suites para chelo solo de Bach, deben quedar únicamente para el instrumentista y no alcanzar los oídos del público. Sonidos que tienen su propia belleza y que, a la inversa de la obra bachiana, requieren la cercanía del público para ser atendidos y disfrutados, en la obra de Lachenmann.
Cerca o lejos: la distancia entre el instrumentista y el espectador es el núcleo de "De Bach al ruido", que reúne una serie de obras para violonchelo solo en las que la distancia cumple un papel clave, más que un tipo de relato cronológico.
Entre la Suite N° 4 de Bach ("mis maestros me decían, y yo coincido, que todo chelista tiene que tener su versión de las 6 suites alguna vez en la vida, y con esto la inicio") y Lachenman, Devoto traza un recorrido, literal, en la sala, con obras del siglo XX: del compositor argentino Carmelo Saitta, pasando por Luciano Berio, Penderecki y Kaija Saariaho.
Devoto, integrante de la banda sinfónica de la ciudad y destacado exponente de la nueva generación de instrumentistas que cambió el modo de interpretar y ofrecer música contemporánea en Buenos Aires, habla del tipo de escuchas que demandan las obras elegidas: "Para apreciar bien las obras de Bach, conviene estar lejos del instrumentista. Lachenmann es todo lo contrario, las cosas que le hace tocar al instrumento requieren que el público esté muy cerca, porque si no no se escuchan".
La vuelta de tuerca del recital la aporta el cruce con el artista plástico Leandro Tartaglia. Devoto le encargó que se ocupara del aspecto visual, que, según explica el chelista, "piensa el concierto como si fuera una instalación, conmigo adentro. Como eje, está la idea de recorrido, literal, que me va acercando al público en cada obra, acompañado de un tipo de iluminación y puesta que acentúa el concepto distancia y foco que se da en lo sonoro".




