Miguel Bosé, del Swinging London a su vida como padre

Antes de su presentación de anteanoche en el Gran Rex, el artista español habló de linajes y revoluciones, incluida la de su nueva familia
Gabriel Plaza
(0)
2 de junio de 2017  

Lo más interesante de Miguel Bosé no es sólo lo que dice, sino también todo lo que transmite sin decir nada. A los 61 años, esa mirada intensa, delineada con rimmel negro, refleja el misterio y la intensidad de un hombre, padre soltero de cuatro hijos, que parece haber vivido varias vidas: la vida artística, la vida personal y la vida secreta. El aura que irradia su figura y todo ese background cultural que forma su contextura artística están tamizados por el imaginario de una infancia vinculada a los artistas más importantes del siglo XX: Dalí, Jean Cocteau, Picasso, Hemingway y su padrino, Luchino Visconti.

Su padre, Dominguín, uno de los toreros más importantes de la historia de España, solía contar que Miguel Bosé llegó al mundo gracias a Ava Gardner, la actriz de Hollywood que le presentó a su amiga, la italiana y también actriz Lucia Borloni. Detrás del ícono pop español, que vendió más de quince millones de discos en todo el mundo, se esconde la historia de un niño de padres divorciados, que se crió entre siete mujeres y fue acunado por la fantasía de una enorme biblioteca de información con los más variados temas, desde la música culta, el cine, la física, la biología, la moda y las artes visuales hasta la vanguardia pop.

Cuando Miguel Bosé, vestido de un elegante equipo de gimnasia y unas zapatillas aptas para un atleta, estrecha la mano sin artificios y con naturalidad, uno sabe que toda esa historia está por detrás y que es el vivo ejemplo del artista de su generación que estuvo siempre en el lugar y en el momento indicados: vivió el Swinging London de los sesenta de la mano de Bianca Jagger y Amanda Lear (musa de Dalí); se formó con Lindsay Kemp, maestro de Bowie; abrió las puertas del pop al mercado español tras la muerte del dictador Franco; trabajó en sus discos con artistas como Andy Warhol y Peter Hamill; fue "chica Almodóvar" en la emblemática Tacones lejanos, y tiene la visión de un artista renacentista moderno, capaz de reinventarse, como lo hizo con discos populares como Papito (2007) o el flamante MTV Unplugged (2016), donde reversiona sus éxitos junto a cantantes tan diferentes como Natalia Lafourcade, Juanes, Marco Antonio Solís y Ximena Saraña.

Son cuarenta años en la música los que revisa ahora en el tour Estaré, que lo trajo a Buenos Aires tras 17 años de ausencia. "Prometo que no volverá a pasar tanto tiempo", decía anoche en su concierto en el teatro Gran Rex. Pero la vida es inesperada y Bosé no sabe lo que le puede esperar mañana. "En estas profesiones uno no se puede relajar nada. De repente si te distraes adiós, bye bye."

-Hace mucho tiempo dijiste que te habías ganado el billete de la lotería. Pero no alcanza con la suerte en el arte.

-Tiene que haber muchas cosas. Lo que pasa que entre todas las personas candidatas con aptitudes para hacer esta profesión a mí me toco el boleto de la suerte. Entonces en los años 70, cuando empecé la carrera, tenía 18 años, había para mi puesto 10.000 candidatos y la gente me eligió entre esos diez mil. Hoy te eligen entre un millón, con lo cual hacer carrera en la música, en el cine, en la pintura o en el arte en general será cada vez más difícil.

-¿Cómo se hace entonces?

-A ver, una carrera es como un barco, la quilla es la que manda, la que rompe, la que da estabilidad, la que abre las aguas y la que te crea el curso. Vemos muy a menudo carreras perderse, aconsejadas por equipos que van pegando bandazos con lo que está de moda. Hoy hacen música urbana y mañana, si se pone de moda otra cosa, cambian. En eso la gente se pierde.

-¿Cuál fue el secreto para mantenerse a pesar de modas y tendencias?

-La coherencia es muy necesaria para al final perdurar y tener una vida de identidad artística reconocible, porque las tentaciones son muchas, las peticiones de compromisos o de autotraición son constantes. Mi carrera es de grandísimos éxitos y de grandísimas cagadas. Lo que nos pasa a los creativos es que uno hace las cosas por urgencia y necesidad, para no quedar atorado creativamente. Quizá si no sacas eso que no tiene éxito después llega a algo que tiene confluencia con la gente. Y la gente entiende esa coherencia, la respeta y te espera. Ahora es un momento de gran cosecha porque las semillas que se plantaron ahora son robles bajo los cuales puedes tomar sombra. Se ha creado un ecosistema y ya se pueden recoger los frutos.

-Usted apareció primero como un ídolo teen, pero después se transformó en un artista iconoclasta del pop de los 80. ¿Cuál fue el proceso?

-Yo nací como artista con la transición. Muere Franco y arranco mi carrera. Entonces las armadas de adolescentes juveniles que no tenían ídolos me tomaron por bandera porque era otro más como ellos, que se vestía con su remera arremangada y un pañuelo al cuello. Cantaba un pop más italiano y diferente. Ya cuando hago el disco Bandido empieza la escritura y la composición, que es una puesta de carrera que ya no tiene nada que ver con nada.

-¿Qué recuerda de la atmósfera de la época cuando salió Bandido?

-Al día siguiente de entregarlo, la casa discográfica CBS (hoy Sony) me llamó y me obligó a firmar la carta de libertad y me despidieron. Yo me quedé con un disco y sin sello porque decían que me había vuelto loco. Así empezó mi verdadera andanza con Bandido, y lo que pasó después fue una revolución, porque fue un antes y un después. Ese disco no lo puedo escuchar. Me genera un vértigo de nostalgia y cojones. Allí participaron Peter Hammill y el productor Fernando Colombo. Sonaba a los años ochenta, new wave puro y duro: Depeche Mode, Duran Duran, Spandau Ballet, pero en español, porque era lo que estaba en el aire de esa generación. Era como una información que estaba ahí en una frecuencia a la que accedíamos desde todos los países de los que hacíamos música en ese momento.

-Desde ese momento lo comparan con David Bowie.

-Creo que eso surge porque éramos de una inmensa ambigüedad los dos. También por la exploración en la música y una forma de componer muy atípica. Yo siempre decía riendo que Bowie jamás tuvo un padre torero y es difícil que podamos parecernos culturalmente, pero es verdad que había similitudes. Los dos integramos la gráfica, el diseño y la moda. Ambos teníamos nuestras armadas de diseñadores que se hicieron enormes. Yo tenía a Montesinos y el tenía a Yamamoto. También tuvimos gente en común que nos formó. Lindsey Kemp, uno de los personajes que le crearon sus espectáculos, fue mi profesor en el Dance Center del Covent Garden, donde compartía clase con Kate Bush. Yo vivía en Inglaterra y había muchas cosas en común que se daban. Pero quien a mí me hubiera gustado ser es Marc Bolan, de T-Rex.

-¿Recuerda ese período de su vida en Londres?

-No había una ciudad más abierta y más creativa, era la meca. Cuando me fui a vivir allí estaba protegido por dos personajes que eran las Gertrud Stein de la Londres de aquella época: Amanda Lear y Bianca Jagger. Ellas dos me mostraban, porque era un chico muy atractivo y apatecible. Era un lolito. Pues ahí es donde conocí a toda esta gente y empecé a crecer y hacerme lo que soy hoy. En fin, ¡qué tiempos!

-De esos años de intensidad juvenil a esta vida como padre de cuatro hijos, ¿cómo vive el cambio?

-Me ha hecho una persona amable y encantadora. Yo no era así. He sido toda la vida bastante border y hosco. Los hijos te humanizan, te obligan a un ejercicio muy extremo y a tener que sacar obligatoriamente lo mejor de ti. Al final, eso acaba trascendiendo, se expone y toda esa cosa acaba siendo pública. O sea que dadles gracias a mis hijos porque si no, ya le hubiera tirado el vaso a la cabeza.

-Suele decir que armó una familia diferente.

-Yo soy padre soltero. Mis hijos son fruto de subrogancia. Nacieron en California. Pero la familia no es sólo lo que nos han enseñado toda la vida de un hombre y una mujer. Yo abogo por las diferencias en general porque un matrimonio no tiene color. El amor se da a todos los lados, en todas las formas. La familia es una unidad de amor y da igual los componentes que tenga y quiénes sean.

ADEMÁS

MÁS LEÍDAS DE Espectaculos

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.