
"Orfeo" recupera su sabor latino
Habrá cinco funciones, a partir del jueves, en el Teatro Colón
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La espera terminó. Pasado mañana llegará al Teatro Colón la multipremiada versión de "Orfeo", ópera de Claudio Monteverdi realizada con instrumentos originales por Gabriel Garrido al frente de un nutrido grupo de especialistas argentinos y cuyo protagonista será el gran barítono Víctor Torres.
Será la segunda vez que una ópera se ofrece con criterios historicistas en el Colón, después de la solitaria y exitosa experiencia de "L´incoronazione di Poppea", también de Monteverdi, que en 1996 contó con la dirección de René Jacobs.
Ahora es el turno de Garrido y su Ensamble Elyma, un grupo barroco "latino", ya que además de su mayoritario porcentaje argentino incluye a músicos italianos. La puesta pertenece al francés Gilbert Defló (el mismo de "L´incoronazione"); la escenografía y el vestuario, al italiano William Orlandi.
La favola in musica, en un prólogo y cinco partes que Monteverdi estrenó en Mantua en 1607, fue su primera ópera y está considerada como la primera "joya" de un género que acaba de cumplir ya cuatro siglos. Cuando en el Teatro Massimo, de Palermo, le propusieron a Garrido que representara "Orfeo", el músico argentino radicado en Ginebra desde hace casi treinta años confiesa que dudó: "Al principio no quería hacerlo, porque todo el mundo lo había hecho y grabado y me preguntaba qué podía aportar yo -comenta Garrido a La Nación , antes de un ensayo-. Prefería hacer algo que no fuera tan conocido, seguir redescubriendo otras obras de Monteverdi que también me parecían interesantes".
Lo cierto es que, por suerte, Garrido accedió y, luego de grabar la producción para el sello K617, su "Orfeo" se transformó en una versión de referencia, a la altura de las grandes del movimiento historicista, como John Eliot Gardiner, Jordi Savall o Nikolaus Harnoncourt.
Garrido, que ya se había ganado el reconocimiento internacional con la serie "Los caminos del barroco", en las que se dedicó a explorar y revindicar la intensa pero olvidada práctica musical que se llevó a cabo en la América colonial y en las misiones jesuíticas, le aportó a Monteverdi exuberancia y espíritu "latino". Algo que, debido a que el movimiento barroco en general había tenido como enfoque dominante el de los grandes intérpretes del mundo anglosajón, modificó radicalmente el enfoque interpretativo de la música del comienzo de este período musical.
Según el músico, que pasó sus primeros años en Europa tocando música andina para sobrevivir y luego terminó su formación en la célebre Escuela de música antigua de Basilea, en Suiza, la otra clave por la que su producción del Orfeo fue tan elogiada fue que llegó a esta obra "desde abajo. Cuando yo me fui a Europa lo que más me interesaba era estudiar el repertorio del siglo XVI. Y fue luego de años de trabajar en este repertorio que llegué al siglo siguiente, y en particular a la obra de Monteverdi", explica.
Después de formar parte de Hesperion XX, el conjunto del violagambista catalán Jordi Savall, y ya instalado como profesor en el Conservatorio de Ginebra, creó su propio grupo, Ensamble Elyma. Además de recorrer con ellos los caminos del barroco latinoamericano, comenzó a "subir" hasta la época de Monteverdi. "Hicimos y grabamos intermedios y la "Dafne" de Monteverdi, obras precursoras de "Orfeo" y fue perfecto. En vez de mirar a Monteverdi desde Mozart o Haendel llegamos de abajo, eso creo que fue lo novedoso de nuestro enfoque."
Luces y sombras
La leyenda griega de Orfeo, el enamorado de Eurídice que consigue descender al reino de los muertos para rescatarla gracias a su canto, pero que la pierde por "mirarla antes de tiempo" es el campo donde Monteverdi hace jugar una batalla entre el Renacimiento y el Barroco, según la visión de Garrido. Allí conviven la última mirada unificadora del siglo XVI y el nacimiento de la teoría de los afectos, que dominará desde el 1600 al 1750.
“El libreto de «Orfeo» es la culminación de la obra humanística. Porque toma la idea del poder de la música, la unión de las artes como alegoría del hombre, lugar del hombre en el universo, una concepción total y perfecta.”
Las luces y las sombras, tema central de la pintura de la época, funcionan como una buena analogía para explicar el enfoque musical de la ópera. “En el principio del siglo XVI había una idea de la perfección con las ideas humanistas y la estética. Son las creaciones de Rafael, Miguel Angel, pero todavía faltaba pintar la oscuridad, la parte negra del asunto. Y para la música faltaba pintar lo que era violento, lo no-ideal sino la condición humana. En «Orfeo», la pasión está en el último cuadro renacentista posible, porque todavía tiene una arquitectura y una idea grande, central. Pero a la vez, Orfeo tiene un centro en la teoría de los Affetti. Es el Orfeo que vence a los Infiernos, pero que sucumbe ante sus propios afectos.”
Los dos finales de “Orfeo” dan otra pauta clara de este momento único en la historia de la música, en el que se cruzan los dos mundos. “Para mí el Orfeo que muere destrozado por las Bacantes es un final moral: él fue vencido por sus propios afectos, termina mal. El segundo final, la culminación feliz, justamente deshace el anterior, porque exalta que Orfeo haya seguido sus afectos. Esta segunda lectura dice entonces que Orfeo no obró tan mal. Esto anticipa lo que está por venir, la moral va a pasar por otro lado.
-¿Cómo fue el trabajo de interpretación de la obra, en cuanto a la orquestación?
-“Orfeo” es fantástico porque te da una idea de la cantidad de efectos y de materia musical y sonora que manejaba Monteverdi y al mismo tiempo te deja muchas lagunas.
-¿Por ejemplo?
-Orfeo canta acompañado por el órgano di legno solamente, que no tiene graves. Es una particularidad. Ahora bien. toda la instrumentación de Monteverdi no es caprichosa, se basa en la práctica del siglo XVI, por eso no va a poner otra cosa que trombones en la escena de los infiernos, porque así ya se hacía en 1539. Lo que cambia es la exaltación del afecto, Rafael pinta un afecto ideal; Caravaggio, uno exaltado, morboso, casi, un afecto fuerte que produce gran choque en la emoción del que ve. Es lo teatral lo que define el cambio.
-¿Y con respecto a las lagunas?
-No hay tanto para inventar. Está claro por la cantidad de instrumentos que el propio Monteverdi propuso en el original, que es bastante espectacular.
-¿En el Colón utilizará entonces el tamaño de la orquesta monteverdiana original?
-Sí y es notable; estamos tocando en el Colón con la Orquesta de Monteverdi, no hubo que agregar ni sacar un violín. Esto les tapa la boca a los “minimalistas” de la orquestación barroca y a la historia de los espacios grande o chicos. Lo único que haremos es tocar con el foso de la orquesta un poco más alto, que ya es una norma y un estilo de las puestas historicistas en todo el mundo.
-¿Qué significa para usted poder dirigir “Orfeo” en el Colón?
-Estoy muy contento, muchas de las cosas que hice se encuentran recompensadas por esto. Cuando me fui a Europa jamás pensé hacer esto aquí porque no era mi historia dirigir ópera, yo quería tocar música antigua y hacer Renacimiento. Además, siempre pelee para que se pudiera hacer una visión de este tipo con un grupo de músicos argentinos. El CD se hizo con gente que también va a estar aquí como Víctor Torres, o miembros del Ensamble Elyma.
Las funciones
- Habrá cinco funciones de “Orfeo” favola in música, de Claudio Monteverdi: pasado mañana, el viernes 29, el martes 3 de julio y el jueves 5, a las 20.30; y el domingo 1º, a las 17. La dirección musical corresponde a Gabriel Garrido, al frente de su Ensamble Elyma. El elenco estará integrado por Víctor Torres (Orfeo), Graciela Oddone (Euridice), Gloria Banditelli, Adriana Fernández, María Cristina Kiehr, Iván García, Luciano Garay, Alicia Borges y Furio Zanasi. Puesta de Gilbert Defló; escenografía y vestuario de William Orlandi, coreografía de Ana Casas, iluminación de José Luis Fiorruccio y coro preparado por Andrés Gerszenzon.





