Otro tiempo de gitanos
Antes de su show de esta noche en el Luna Park, el grupo ofreció un emocionante ritual balcánico en Chile
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SANTIAGO, Chile.– Hay mucha fantasía sobre cómo puede ser el después de un show de la No Smoking Orchestra. El clima se parece mucho a la resaca posterior a un final de fiesta en un casamiento balcánico. Músicos tirados en sofás, un poco más de cervezas y un desfile de personajes: chicas disfrazadas de gitanas, mujeres grandes que hablan en romaní, una cantante dark que se pone a improvisar una antigua canción serbia y hasta una mapuche que pide direcciones de mail a los integrantes del grupo. La excitación musical del concierto en el teatro Caupolicán todavía persiste en el aire y el gustito de esa efervescencia musical se sostiene en todos los que asistieron al concierto en Santiago, la primera parada antes de actuar esta noche en el estadio Luna Park, y a la que LA NACION fue invitado por la productora de Daniel González.
Nelle, el cantante de la banda, pasea por los angostos camarines, y cuando avista al testigo porteño aclara: "Hoy me puse la camiseta de Chile, pero ya tengo mi remera de Excursionistas lista para el Luna Park". América latina es, para el grupo, como un segundo hogar. En Chile y la Argentina se transformaron en un fenómeno local, y la popularidad de sus canciones permite al público corear y bailar los temas de principio a fin hasta en serbio.
En Santiago repitieron ese ritual incansable de ritmos explosivos de origen balcánico con una potente base de punk y rocanrol, y revirtieron el alicaído ánimo de los trasandinos tras la derrota del seleccionado chileno. Las penas desaparecieron cuando Emir Kusturica apareció sobre el escenario, se puso delante de la banda y, con una batuta, dirigió los mortíferos ataques estridentes de los vientos (popularizados en sus películas Tiempo de gitanos, Underground y Gato negro, gato blanco ) para iniciar esa gran fiesta gitana al ritmo del unza unza.
Como en un casamiento balcánico, lo que podría durar dos horas de concierto parece que no tiene fin. La venta de alcohol es libre y la gente entra y sale con vasos gigantes de cerveza, que aumentan aún más el fervor casi futbolero del público de izquierdas de Chile. Cinco mil personas al borde del éxtasis desenfrenado (como en las memorables jornadas de los primeros conciertos del grupo en la Argentina) siguen cada golpe de bronces, cada ataque enloquecedor del violín de Djevan Sparavalo, cada solo de saxo de Nesho "Blackbird" Petrovic, cada salto del cantante Dr. Nelle y cada riff de la guitarra eléctrica de Emir Kusturica, con saltitos cosacos infartantes.
Nadie se detiene abajo y, por supuesto, arriba del escenario, donde el torbellino gitano ataca sin piedad con melodías irresistiblemente contagiosas, que quedan dando vueltas en la cabeza como en un carrusel sin fin. El ritual festivo se repite con los clásicos de Gato negro, gato blanco; Unza unza time, Life is Miracle y dos temas de la ópera rock Time of the Gypsies, donde los ritmos tradicionales de Serbia, que resuenan en los acordes del acordeón, en el sonido grave de la tuba de Goran Popovic o en el stacatto del violín, se potencian con la percusión latina, la base punk de las guitarras, el ritmo caballito de la batería de Stribor y la performance teatral del cantante, que trepa a las cajas de sonido y arenga a la masa con sus frases irreverentes dedicadas a la cadena MTV. La intervención de Kusturica es modesta, pero brilla en los momentos justos del show, como cuando cita a Sumo con un riff de "Los viejos vinagres", replica el himno "Smoke on the Water" en "Pitbull terrier" o acepta el desafío del violinista para tocar su guitarra con un arco gigante.
Como un buen director, prefiere ponerse al costado de la escena y seguir cada plano de sus músicos, disfrutando como si fuera un adolescente de toda la película. Nelle, en cambio, se lleva el protagonismo de las secuencias más fuertes de la noche dirigiendo los tiempos del show y acelerando el ritmo de las canciones hasta llevarlas a una pulsación imposible en himnos gitanos como "Bumara" y "Was Romeo Really a Jerk".
El enloquecedor ritmo de la banda recuerda las películas de Kusturica. La gente parece transportada a la atmósfera surrealista de sus películas y todos se sienten parte de esa gran fantasía en vivo cuando suben al escenario tres gitanas bailando el unza unza con espadas sobre la cabeza y trajes multicolores: el toque surrealista y sorpresivo, para sentirse un gitano más en una fiesta de bodas balcánica.
Para agendar
The No Smoking Orchestra , regresa el grupo de rock balcánico liderado por Kusturica
Luna Park , Bouchard y Corrientes. Hoy, a las 21. Campo: ?$ 100.




