
Para Estelares, llegó la hora de la popularidad
El grupo acaba de editar Una temporada en el amor
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Mediodía soleado y caótico. Media ciudad está colapsada por marchas, protestas y paros programados. Los Estelares tardan en llegar desde La Plata. A las 14 están programados una firma de autógrafos y un petit show de cinco temas en el Musimundo de Santa Fe y Callao, pero cuando faltan 15 minutos nadie llega, sólo Manuel Moretti está en el camarín improvisado matando el tiempo. "Estoy asustado", confiesa por segunda vez; la primera, casi una hora atrás, fue cuando en la puerta de la disquería una chica se acercó a pedirle que le escribiera algo en su cuaderno. "Tus canciones son una inspiración para mí", le dijo ella con una voz cristalina.
A Estelares le llegó la hora de la masividad. Después de la explosión radial que la banda formada en La Plata vivió con Sistema Nervioso Central (06), es el turno de la confirmación, del último salto. Manuel sabe que las canciones las tiene y, sin arrogancia, señala tres o cuatro "cortes" seguros que sonarán en la radio. Tampoco peca de ingenuo: sabe que cuenta con el apoyo de su compañía para que los temas de la banda suenen hasta que se adhieran a la memoria colectiva.
De las palabras de Moretti se desprende que su sueño es ubicarse entre Andrés Calamaro y Jorge Serrano, en el Olimpo de los hacedores de canciones populares. Sin embargo, no intenta competir por el título honorífico de campeón nacional de la canción. "Yo no sé si me importa algún título -ensaya una respuesta-. Esto es lo que hago desde mucho antes de que pasara todo esto y es lo que me gusta hacer. Ahora estoy armando un lugar para laburar exclusivamente, llevar el piano y la guitarra y ponerme a componer de nuevo, porque en el último año y medio surgieron mil ideas, pero no tuve tiempo de escribirlas. Pero no me preocupan los motes, sí que nosotros sigamos mejorando como compositores y como banda."
Hubo un tiempo de furia para el escritor, similar al período camboyano del Salmón. De esa época, son buena parte de las canciones de los últimos tres discos de la banda: Ardimos, Sistema ... y Una temporada en el amor. Por lo tanto, si se intenta dividir los discos de Estelares en etapas se llegará a una conclusión errónea. "Hubo varias épocas en las que compuse mucho. Pero hubo un período en el que laburaba en gastronomía y mi relación con el mundo se restringía a trabajar y escribir canciones. No me gustaba para nada el laburo y me dediqué a desarrollar el oficio, trabajar a full con las canciones. Para mí la música implica trabajo, placer, karma, y redención o exorcismo de las situaciones que vivo."
Diez, cien, mil canciones
Encerrado en su departamento platense, Moretti aglutinó buena cantidad de las canciones que esparció en los cinco discos de la banda. El otro período de intensa productividad lo vivió en los primeros años de su radicación en Buenos Aires, en compañía de amigos, de bares y de tragos. "De esas épocas, quedaron canciones que tienen autoridad. Cuando les mostré «Cristal» [tema que abre el nuevo disco] a los chicos, Víctor [Bertamoni; guitarras] ya la conocía porque la había tocado conmigo tiempo atrás; «Superacción» les encanta a Pablo [Silvera; bajos], a Carlos [Sánchez; batería] y a Víctor desde hace mucho, y «Viaje a Irlanda», que cierra el disco, es una canción oscura increíble, que siempre les gustó a todos. Me encantó cómo nos pusimos en sincronía para elegir estos temas y la manera en que fueron orquestados."
Con un café americano en sus narices, Moretti sigue describiendo las canciones de Una temporada en el amor, mientras el tránsito de la avenida Santa Fe pasa por sus lentes. Habla de "Autobuses" –con Fito Páez–, que en principio fue un valsecito; de "Máscaras", que tiene sólo un año y medio de añejado; de "Mil abejas", que la escribió para su pequeña hija Juana. "Casi todas las canciones son más cargadas, más testimoniales que las del disco anterior. Son cosas que me pasaron en diferentes épocas. Me parece que la banda tradujo eso de una manera impresionante y se metió en la misma intención: las violas de Víctor son del estilo de Wilco y hasta juega por momentos con las ideas de [Edelmiro] Molinari y de Big Star, porque, mientras grabábamos el álbum, él estaba escuchando mucho a Alex Chilton. El resultado es un disco con mucho peso específico, no tan popero como el anterior, aunque «Cristal», el tema que está sonando, tranquilamente pudo haber integrado Sistema..."
-Desde el nombre del disco hasta algunas músicas y letras, hay un aire de canción popular de los 70 que a Estelares le sienta bien.
-Es el lugar en el que yo conecto con [Leonardo] Favio, con Sandro, con Roberto Carlos, con el "Perro" [Jorge] Serrano, toda esa cosa de pop melódico cruzado con el clásico cantor italiano popular. Los Babasónicos tienen algo de eso también. Algo bastante...
-Los dos primeros discos parecen de una banda y los últimos tres de otra. ¿Qué pasó en el medio?
-Hay una dinámica de banda hasta Ardimos y otra que vino después. En los dos primeros discos, estábamos colgados en no salir de casa. En mi caso, fue una investigación narcisista; mi relación con la soledad, con la carencia, la articulación de no querer hablar mucho con nadie. Cuando llegó Ardimos, todo cambió, pensé que me tenía que ir a vivir a Buenos Aires. «Si todos me tratan bien, me tengo que hacer cargo y quiero que mis canciones me den de comer», pensé. Con Víctor por primera vez pensamos en un productor y, cuando nos acercamos a Juanchi [Baleiron, productor de los últimos tres discos de Estelares], nos encontramos con alguien que ya conocía a la banda y a quien le gustaban nuestras canciones. A partir de eso, me di cuenta de que mis canciones podían salir de la habitación de 1 y 46, ver más allá de la antorcha de Berisso, que era el paisaje que yo observaba por mi ventana. Me di cuenta de que no quería morir como el poeta fértil al que 20 tipos le dicen qué hermosas son sus canciones.
El poeta fértil dejó La Plata en 2000, la ciudad a la que recaló a los 21 años desde su Junín natal ("llegué hecho una pirotecnia de química en mi cabeza y en mis venas") y se refugió en casas y en salas de ensayo de amigos porteños. En una semana de furia, Manuel compuso la vieja "Aire" y la nueva "Superacción". "Y dos más que están buenísimas y que van a tener su disco, una es «Lagos del Sur». Me acuerdo que componía tanto que si en una semana no escribía nada me parecía que había perdido el tiempo. Pero se viene una nueva etapa de encierro. ¿Eh?"
Un escapista, eso es M. M. Se escapó de dos ciudades, del destino de rocker maldito, de la figura del perdedor entrañable que tan bien le sienta al sesgo tanguero de su garganta y ahora canta con orgullo que "en hoteles es feliz" ("Hotel"). Aún lo tiene a maltraer la nostalgia, pero él le presenta batalla con historias épicas que trocaron el húmedo bajón por un optimismo luminoso.
Para agendar
Estelares, la banda toca los temas de Una temporada en el amor.
La Trastienda Club, Balcarce 460. Hoy y mañana, a las 21. Entradas desde 25 pesos.
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