Pity Álvarez en Córdoba: el manso regreso a los escenarios de un indomable que mató a un hombre y hoy se refugia en el rock
Tras siete años en los que estuvo preso y en rehabilitación, el rockero se presentó anoche en el Estadio Mario Kempes con un show puntual y preciso, de más de tres horas, en el que recorrió todos sus clásicos
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CÓRDOBA (de una enviada especial).—Nadie lo hubiese imaginado. Ninguna de las 35.000 personas que se dieron cita anoche en el Estadio Mario Alberto Kempes esperaba puntualidad en un recital de Pity Álvarez. Tampoco previsibilidad. Pero todo transcurrió preciso y correcto. Por supuesto que hubo cerveza, pogo y mucho rock, pero el pacto implícito era el de comportarse. No había margen para ninguna clase de incidentes. El rockero se mantuvo concentrado en cumplir a rajatabla lo que estaba estipulado para el show. No improvisó. Se limitó a lo pautado.

Después de una hora de recital, y una vez que todo marchaba sobre ruedas, Pity, ataviado en un pantalón de rayas negras y blancas que podía entenderse como una referencia presidiaria, tomó el micrófono y esbozó una frase que fue también un manifiesto de su regreso: “Si Dios nos hizo a su imagen y semejanza significa que todos somos Dios...entonces ¿Quién me puede juzgar a mí? Solo el universo me puede juzgar”, deslizó con una mezcla de osadía y autocompasión.

Con esta presentación, Pity buscó borrar la época más oscura de esa montaña rusa de talento, excesos y autodestrucción que fue su vida. Y es que ese mismo que logró anoche convocar a miles de rockeros sin sobresaltos, supo ser una estrella del desborde que hace siete años mató a un hombre. A lo largo de más de tres horas se mostró cauto y certero: como si su música hubiese logrado desligarse de su historia violenta, como si el tiempo lo hubiese devuelto a una época más brillante y menos trágica de su vida.

“Está contento, está feliz. Compró seis kilos de purpurina y le tiró a todo su equipo para que brillaran literalmente”, contó un integrante de su equipo de producción con la cara y la ropa decorada con glitter plateado aquí y allá. Pity se mostró muy agradecido y se encargó de decirlo todo el tiempo. Tenía la completa lucidez de comprender que sin un gran equipo atrás su regreso a los escenarios no hubiese sido una realidad tangible.

Las edades de quienes se reconocen en la música del rockero son variopintas, pero predominan quienes se fanatizaron con sus canciones de adolescentes, en los 90 y los 2000. Para los fanáticos que se acercaron al show desde distintos puntos del país, con amigos y en familia -había hasta tres generaciones de un mismo apellido acunados por el espectáculo- la concreción del recital de Pity era algo casi místico.

“Al fin llegó el día, llevo años esperando este momento. Pensé que no iba a poder hacer un show así nunca más”, le contó a LA NACION Vanesa Suárez, que viajó junto a su mamá, su esposo, y su hijita de 8 años desde Mendoza para verlo. Entre los fans que se desplazaban por el predio se podía vislumbrar que muchos de ellos viajaron a Córdoba como quien viaja al pasado: desempolvaron remeras de Intoxicados y de Viejas Locas que ni la más remota adultez los impulsó a deshacerse.
Queríamos Rock
— Alén Rappaport (@alenrappaport) December 21, 2025
Nos dio Rock
Gracias por volver Pity Álvarez.
Te estábamos esperando pic.twitter.com/AbyZ6uGPOF
Pity logró establecer con su público una conexión emocional fuerte a través de sus canciones. El tema elegido para la apertura fue “Intoxicado”. “Me gustas mucho”, “Volver a casa”, “Mirta”, “Una vela”, “Está saliendo el sol”, “Fuego” y “Lo artesanal” fueron tan solo algunos de los múltiples éxitos de los que se hizo eco el Pity en su noche y que reactivaron una alegría efervescente en sus fanáticos.
A lo largo de una lista de 33 canciones -hubo un intervalo de 10 minutos en el que el músico se retiró del escenario para “tomar una vaso de agua”- se encargó de recorrer todos sus hits y de estrenar en vivo dos de sus nuevas creaciones: “No te entiendo” y “No sé cuándo”.
Pero también hubo espacio para momentos más íntimos. Cuando Pity entonó “Nunca quise”, en el campo se desató un aluvión de lágrimas. La gente lo lloró. Lo acompañó. Lo celebró. Otro de los momentos más emocionantes vino de la mano de “Homero”, la canción que le dedicó a su padre. Como cuenta la letra, Enrique (que falleció en 1997 a causa de un extraño tumor en el mediastino) era un trabajador que llegaba cansado a su hogar y al otro día se levantaba temprano para volver a la fábrica.

Además de la fiesta y la emoción, en el recital también hubo espacio para el característico humor de su protagonista. “Hoy todos tenemos la misma jerarquía: en el próximo recital vamos a hacer una máscara mía para que se la pongan todos”, declaró mientras vestía una remera con la frase “Cualquier similitud con Pity Álvarez es pura coincidencia” en la segunda parte del show, después del intervalo. Además, justo antes de interpretar “Reggae para Mirta”, las pantallas proyectaron la muy viralizada visita histórica de la asesina Yiya Murano, conocida como “la envenenadora de Monserrat”, al programa de Mirtha Legrand, y Pity bromeó: “¿Quieren masitas?“.

Por fuera de la música, el músico prefirió ser escueto en sus palabras. En ninguna instancia se refirió explícitamente a lo que vivió los últimos años: ni de la cárcel, ni de la clínica de rehabilitación, ni del tratamiento psiquiátrico, ni de su lucha constante contra sus adicciones.
Las causas
Además del juicio por homicidio, Cristian Gabriel Álvarez Congiú, tal su nombre completo, tiene otra causa por abuso sexual. Sin embargo, algo en la historia de Pity logra atravesar a sus seguidores. Quizás se sientan conmovidos por sus inicios, tan marcados por la vulnerabilidad extrema y la marginalidad.
Este regreso ocupa un lugar singular en la historia reciente del rock argentino, pero sobre todo pone sobre la mesa un debate social. La vuelta de Pity a los escenarios es también la historia de los que creen que existe una reinserción social posible. El recital abrió una discusión sobre la posibilidad o imposibilidad de la redención.
Lo cierto es que no hubo condena social tras el asesinato cometido por el cantante, ocurrido el 12 de julio de 2018, y si bien hubo un procesamiento por el crimen, debido a la salud mental del músico no hubo juicio. Eso le permitió embarcarse en proyectos, como el nuevo disco o el recital de este sábado.
El show fue posible gracias a que la defensa de Pity logró que bajo la base de su situación psiquiatra y psicológica, se lo declarara inimputable provisoriamente. “No es que el juicio se borró de un plumazo. El debate está suspendido, pero no anulado”, dijeron a LA NACION calificadas fuentes judiciales.
En el último tiempo, Pity contó con la guía del Padre César, el “cura rockero” que lo acompaña y lo trata de ayudar en sus problemas de adicción. “Compartimos cosas lindas más allá de lo que cada uno haga, él no me evalúa como sacerdote y yo no lo evalúo como artista, somos amigos y tenemos un trato muy lindo. Cristian es un ser humano muy bello, muy buena persona. Es un hombre muy profundo con una interioridad muy rica, es un lujo compartir esa gran amistad con él”, destacó el cura en una entrevista con LA NACION.

Como ocurrió desde su infancia, y más tarde, en los 90, desde sus orígenes con Viejas Locas -cuando creó una nueva subcultura que se dio cita este fin de semana en Córdoba- el rock fue y es para Pity un cable a tierra. Así lo resumió justo antes de cerrar el show después de cantar “Quieren rock” y “Piba”: “Espero que les haya gustado. Rock & roll”.
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