Por los caminos de Diego Torres
"Andando" es su nuevo álbum
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Hoy, Diego Torres volverá a reunirse con la prensa argentina para hablar de su nuevo disco, "Andando", el primer trabajo grabado a casi cinco años de su último CD de estudio.
Porque este flamante CD que será lanzado el próximo martes es el sucesor de su álbum unplugged, pero la última grabación de estudio fue lanzada el 19 de noviembre de 2001, se llamó "Un mundo diferente" y trajo en su primera pista el hit "Color esperanza", ese que no le dio un giro a la carrera del cantante, pero hizo que su trabajo creciera de manera exponencial.
Antes de entrar en detalles hay que decir que la novedad no parece traer un hit como "Color esperanza", aunque apostar a esto sería demasiado temerario ya que apenas lanzado "Un mundo diferente", ni Torres ni el más visionario ejecutivo de la industria discográfica local habría podido pronosticar el suceso de "Color esperanza". Es el público el que tiene la última palabra.
"Andando" es un disco en el que Torres va a lo seguro, pone al frente sus rasgos más personales sin arriesgar cambios notorios. Lo diferente fue la manera de llegar al CD porque se concentró en su propia capacidad de producción, como autor de la mayoría de los temas y como responsable artístico de la placa. Mientras que en álbumes anteriores contó con la producción de Kike Santander y de su habitual colaborador y compañero de ruta discográfica, Cachorro López, esta vez se puso al frente del asunto y resolvió todo con sus músicos. Se encerró en un estudio entre enero y marzo de este año, escribió en sociedad con varios integrantes de su banda y sólo eligió algunas yapas como una letra de Joaquín Sabina y la voz de Juan Luis Guerra, la única figura invitada. Es menos rumbero que lo que grabó en esos años de correrías por la Madre Patria y menos rockero que en épocas en las que versionaba temas de Los Abuelos de la Nada. Pero Diego hace que casi todo gire en torno de las características propias de su estilo y a esos estribillos que parecerían quedar sonando cuando las canciones ya terminaron. Mantuvo los arreglos de viento a lo Phoenix Horns (los que usó tiempo atrás en “Por ti yo iré”, “Cantar hasta morir” o “Alba”, entre otros) e incorporó discretos contratemas de cuerdas y un expresivo violín solista.
Se pueden tomar algunos versos del primer tema para hablar del disco. “Andando. Por la vida mirando. Hay gente que se pierde de tanto buscar y andar.” Torres no suena perdido en búsquedas y parece mantenerse al margen de cualquier demanda de cambios o actualizaciones que muchas veces exigen los mercados musicales. “Sé que no soy el mejor, tampoco el peor, tan sólo soy lo que soy. Es así, no quiero fingir no voy a mentir”. Toda una declaración.
Este es un rápido recorrido por los 12 temas restantes.
“A veces”: canción a medio tiempo sobre los estados de ánimo y los amores.
“Hasta cuando”: clásica balada romántica que remite a la nostalgia por el recuerdo de una relación de pareja.
“Abriendo caminos”: la particularidad es la presencia de Juan Luis Guerra. Como devolución de gentilezas, al final de la canción se escucha una especie de descarga de improvisación donde cada uno larga frases de temas del otro: “Ojalá que llueva café en el campo” y “Me sube la bilirrubina”, entona Diego; “Saber que se puede, creer que se pueda” y “Deja que tus sueños sean olas”, responde Guerra (de “Color esperanza” y “Sueños”, respectivamente).
“Sé”: otra clásica balada –en versión con piano y guitarra acústica al frente–, pero con un violín que cuesta ser digerido por los oídos a primera escucha ya que no recurre a las líneas melódicas habituales de la música occidental (buen detalle, curioso en una placa muy tonal).
“¡Ay! No te vayas”: uno de los toques más caribeños, cruzado con acentos ibéricos puestos al servicio de una historia de amor que se alterna con cuestiones sociales y políticas rapeadas.
“Como un haz de luna”: candidez para una pieza que habla de las expectativas sobre la llegada de un hijo.
“Búscame”: surge el Torres más optimista aunque su historia hable de pérdidas y de distancia. “Búscame cuando estés triste y no te quieras levantar. (…) Búscame en un lugar donde crecerán las flores, donde puedas ver el mar (…) donde se acuestan los dolores de ese amor que no se va.”
“Por la escalera”: según los créditos del CD, es el tema escrito por Sabina. Es posible imaginar la voz del cantautor en estos versos, aunque no haya “Lágrimas de plástico azul” ni parezca de los más típicos de su repertorio. Está muy bien para el cancionero de Torres. No desentona. Todo lo contrario, parece hecho para mezclarse con el resto.
“Amores que matan”: suena una guitarra flamenca para canción pop que se transforma en una eléctrica con wah-wah para acompañar la sugerencia de esas bases al estilo Ketama que Diego supo adoptar. De este modo siempre obtiene buenos resultados.
“Después de ti”: “Dicen que después de la tormenta llega la calma”, anuncia el primer verso. Pero esta canción comienza tranquilita y va subiendo hasta poner el volumen bien arriba.
“Volver”: pero sin la frente marchita. Con una trompeta con sordina, guitarras con stacato, ritmos levemente quebrados y teclados hasta un clima de chill out que se va perdiendo con el correr de los compases hasta dar una fuerza más funk.
“Por ser como soy”: el toque mexicano aparece al final del disco, para ahogar una pena, para hablar de amores viejos y perdidos, como también lo hace, con otras palabras, en otras piezas del disco.




