Premios Gardel 2016: una ceremonia que no merece llevarse un premio

El Gran Rex fue testigo de la 18a. edición de los premios; una ceremonia opaca, sin momentos sobresalientes y con un ganador indiscutido: Luis Alberto Spinetta
Sebastián Espósito
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8 de junio de 2016  • 03:17

La sonrisa de Gardel volvió a ser invocada en un teatro de la calle Corrientes. Como desde hace 18 años o, mejor dicho, 18 ediciones, el hombre que nunca ganó un premio Gardel –como dijo el conductor de la ceremonia, Lalo Mir- fue motivo de besos, abrazos, felicitaciones, sonrisas amplias como la que lo caracterizó a ese hombre que se fue antes de tiempo para volverse inmortal.

Pero si es verdad que Carlitos cada día canta mejor, los premios que entrega Capif, la Cámara Argentina de Productores de Fonogramas y Videogramas, no parecen tomar nota de ello. Los Premios Gardel no mejoran con los años, al contrario, parecen estar estancados en una medianía. Como los Martín Fierro, se erigen para muchos como una especie de mal necesario. Por lo bajo, en los pasillos, en las charlas a media voz, diversos actores de la industria musical como músicos, managers, agentes de prensa y periodistas reconocen que podrían realizarse una numerosa cantidad de mejoras pero nadie parece estar dispuesto a pedir con firmeza por ese cambio.

La ceremonia de anoche, que sólo entregó en el Gran Rex y por tevé la mitad de las categorías –la otra mitad se entregó a la tarde y en el teatro de enfrente, el Ópera-, contó con un conductor de lujo, Lalo Mir y con un show pobre, por debajo de lo sucedido en años anteriores. Hubo menos espectáculos en vivo y se apostó a lo seguro: La Sole, Abel Pintos, Amelita Baltar con Adrián Iaies para el segmento tanguero, un pasaje tropical con Los Totora y Banda XXI… Y muy poco de rock: se mencionó muy tibiamente a los 50 años del rock argentino, se premió a Litto Nebbia y a Ciro y los Persas (Canción del año), tocó Kapanga y se coronó la noche con el Disco del año y Oro para Los Amigo, el álbum póstumo de Luis Alberto Spinetta junto a Rodolfo García y Daniel Ferrón.

Aún está reconvirtiéndose la industria discográfica, disfrutando del renacimiento del vinilo y de los índices que indican que el streaming empezó a caminar en el país. Pero los premios de la industria musical siguen jugando en segunda división. Los canales de aire no se interesan por transmitir la ceremonia y el público no está esperando este premio como sí aguarda por la llegada de otros. Es una noche de fiesta, donde músicos de distintos estilos se cruzan y celebran su arte. Pero aún queda mucho para hacer como para completar la fiesta. Que el Oro se lo haya llevado el queridísimo Flaco Spinetta no debería tapar el bosque. Hay errores en las categorías, como unir en una misma terna al rock pesado con el punk y falta de criterio a la hora de cuidar la fiesta: algunas de las personas que subieron a entregar premios no son representativas de lo que musicalmente sucede en el país.

El homenaje a Carlitos Balá y el reconocimiento sentido de toda la sala fue lo mejor que le pasó a los Premios Gardel. La sonrisa de Carlitos es inalterable, está ahí, en la estatuilla. Pero no creo que esté muy contento con varios de los detalles que conforman esta suerte de invocación anual de la que es parte involuntaria.

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