
Ravi Coltrane, el hijo de la leyenda, con voz propia
Ravi Coltrane Quartet / Músicos: Ravi Coltrane (saxo tenor), David Virelles (piano), Dezron Douglas (contrabajo) y Jonathan Blake (batería) / Sala: Sinfónica del CCK / Nuestra opinión: excelente
Apenas comienza "Homeward Bound", Ravi Coltrane se arquea, se agazapa y se contorsiona: su cuerpo funciona como una extensión no de su instrumento, sino de la melodía misma. Detrás de él, o tal vez sea mejor decir a su lado, los músicos que lo acompañan construyen un andamiaje perfecto que de entrada deja en claro dos de los grandes atributos del cuarteto: la paciencia y el manejo de las dinámicas. Para ello, resulta vital la figura de Jonathan Blake, un gigante que se acrecienta sobre una batería comprimida, encargado de comandar los pequeños cambios de rumbo que toman las composiciones a medida que se desarrollan. Así, al primer solo de saxo, repleto de ligados, le sigue uno de piano en el que Virelles elige, casi en un juego de claroscuros, centrarse en un encadenamiento de acordes de coloratura.
Tras coquetear con la atonalidad en los sobreagudos de "Cobbs Hill", y de que Blake haga rechinar sus platos atacándolos por el borde, Coltrane demuestra en "Four Down", una composición propia, su liderazgo solapado. Retirado del centro del escenario para que sus compañeros tengan visibilidad, le ordena a Virelles que continúe su solo durante una vuelta más, para que, sin apuro, la intensidad del trío baje hasta el punto de hacer desvanecer el tema. Recién ahí, el saxofonista se suma en la cadencia final para terminar en un fade out tracción a sangre.
"Muchas gracias", en español, son las primeras palabras del saxofonista para presentarse en su debut porteño. Entre los aplausos que no cesan, alcanza a presentar "A Slight Taste", una composición del contrabajista. Una vez que Douglas introduce el swing machacante, el cuarteto se hace bien ancho hasta adquirir musculatura de big band. Con una melodía ágil y una ligereza rítmica impecable, Coltrane y los suyos se prueban capaces de dotar su música de eclecticismo sin perder personalidad. La balada "Cynthia's Song" funciona para calmar las aguas y para que el hijo de la leyenda introduzca un fraseo extendido con el tono espeso que caracteriza su sonido.
Entre el stride y el impresionismo, Virelles da pie al momento del show más anclado en la tradición bluesera con "Bianco Meco". Al pequeño motivo que Coltrane repite y varía con destreza se le suma la vorágine rítmica de Blake, capaz de duplicar velocidades y retomar su cauce natural con total soltura.
Para el final, llega el repaso obligado por una de las piezas de su padre. "Countdown", incluida en el imprescindible Giant Steps y que pone al cuarteto a interactuar a la velocidad del bebop con las herramientas del hardbop, el lugar donde más cómodo se siente. Uno de los standards que introdujo los Coltrane Changes (una progresión armónica a partir de acordes sustitutos) le da a Ravi el terreno ideal para que cierre su presentación haciendo gala de un solo intempestivo, como si se tratara de una declaración de linaje. Es cierto que la figura de Ravi Coltrane no puede pensarse sin hacer referencia a sus figuras paternas -es hijo de John y Alicia Coltrane-, pero después de casi dos horas de concierto queda claro que es, también, hijo de una época y un sonido que lleva no como un peso sobre sus espaldas, sino como una punta de lanza.
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