
Ricardo Vilca, el humahuaqueño
El músico acaba de publicar su nuevo trabajo discográfico, "Majada de sueños"
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Después de "La magia de mi raza" y "Nuevo día", el músico humahuaqueño Ricardo Vilca sacó un nuevo trabajo, llamado "Majada de sueños". La noticia seguramente alegrará a esa enorme legión de seguidores que Vilca cosechó, trabajando y componiendo en silencio desde la Quebrada de Humahuaca. Entre ellos, León Gieco y Ricardo Mollo, de Divididos, que grabaron e incluyeron las canciones de este compositor en sus trabajos.
Gieco conoció a Vilca en el viaje que hizo de Ushuaia a La Quiaca, y con el tiempo se animó a ponerle letra a una de sus obras instrumentales, "Rey de las nubes", que incluyó en "Orozco". Divididos, por su parte, compartió su recital en el Pucará con el maestro, haciendo juntos una versión de "Guanuqueando", que dejaron registrada para el CD "Vengo del placard de otro".
Ahora, una productora independiente está filmando una película sobre la vida de Vilca en la quebrada, donde reside actualmente. Este redescubrimiento del maestro viene a echar luz sobre la obra instrumental de uno de los artistas que lograron plasmar la cosmovisión de su aldea y así trascender las fronteras de la música.
Vilca, que en 1983 recibió un premio de la Unesco por su contribución cultural a la Quebrada de Humahuaca, tiene una larga historia como docente rural. Las experiencias vividas durante esos años de enseñanza en medio de escuelas perdidas en la Puna o en pequeños caseríos fueron la materia prima que inspiró su obra.
El canto del tero; el sentir hondo que produce el peregrinaje en un misachico (procesión de rugos a la Virgen); el paisaje de Cangrejillos; la espiritualidad de los antigales, donde quedan los restos de una cultura vencida por el hierro de la Conquista, o el silencio del runa mirando sobre la cuesta cómo se pierden sus ovejas entre las nubes que tapan los cerros, todo ello puede ser la excusa para transmitir esa íntima canción puneña, con elementos de la música barroca.
Vilca es un músico autodidacto, como muchos de su región. El contexto en el que creció -la narración oral, los carnavales, la copla, las danzas rituales, el sonido de las bandas de sikuris- forma parte fundamental de su educación musical, como las campanadas de la iglesia que le dieron el primer tono para afinar su guitarra. "El sonido de las campanas es la afinación natural que tenemos los quebradeños", suele decir. Sin embargo, el guitarrista humahuaqueño pudo pintar, recurriendo a toda una paleta armónica, fugas, contrapuntos y reelaboraciones de ritmos, como el tinku, que enriquecen las composiciones instrumentales.
Muchas de sus canciones, como las doce piezas concebidas para el nuevo álbum "Majada de sueños", son creadas con esa arcilla musical, en la que se fusionan los sonidos de la guitarra, los aerófonos, el charango y la percusión, para dar forma a una pequeña suite andina creada de alguna manera colectivamente y por todo ese sedimento ancestral que fluye en este artista del silencio.
Como un artesano, Vilca modela su música para generar un sentimiento profundo de placidez y de introspección, que hace entrar al oyente en una suerte de mantra o de viaje chamánico, sólo con el pulso constante de las cuerdas de la guitarra. En ese viaje también lo acompañan sus amigos músicos, parte fundamental de este ensamble andino de cuerdas y aerófonos: José Sergio Toconás, en el charango, y José "Chato" González, un soberbio ejecutante de vientos, son fundamentales en la música de Vilca, a la que se sumó en este CD Raúl Rolando Tolaba en bajo.
En "Majada de sueños", el compositor sigue revelando esos disparadores, imágenes o sensaciones de alguna situación cotidiana que dieron pie a una creación. El sobre interno ofrece breves apostillas sobre cada tema. El tema que le da nombre al disco, por ejemplo, es un llamado a la paz mundial. "Sikuris", en cambio, es un homenaje a "esos peregrinos de la vida y la Pachamama que van soplando el tiempo, con sudor, esperanza y cargados de una profunda fe", según sus palabras. La canción "El minerito" recuerda uno de los oficios más duros de la Puna: "Socavones regados con sangre de gente color cobrizo", dice en la tapa interior del CD. En la sencilla canción "Nada tengo", con letra y música suya, Vilca se entrega al canto para luego hundirse en la letanía instrumental de esa elegía musical, pequeñas plegarias y ofrendas a las silenciosas vidas anónimas de los hombres, mujeres y niños de Humahuaca. En la frescura de la cueca "El avioncito", en el homenaje a su pueblo de "El afilador", o en el sonido que trae "Vientos norteños", Vilca ofrece sugerentes pasajes musicales.
Majada de sueños
Ricardo Vilca y amigos
El mudito, Majada de sueños, Sikuris, El minerito, Fiesta, Dolor ajeno, Zamba del sueño, Nada tengo, Presagio, El avioncito, El afilador y Vientos norteños. (Producción independiente.)
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