
Sagaz mirada sobre Verdi
El director Nello Santi vuelve al Colón para dirigir "Falstaff"
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Luego de las representaciones de "Atila", el Teatro Colón reanudará el jueves la serie de homenajes a Giuseppe Verdi, en el centenario de su muerte, con una nueva versión de "Falstaff", última ópera escrita por el compositor italiano cuando contaba casi con ochenta años, estrenada en el Teatro alla Scala de Milan, en 1880. El libreto de Arrigo Boito está basado en "Las alegres comadres de Windsor" y "Enrique IV", de William Shakespeare, en lo que respecta al personaje titular.
Si bien es cierto que el libreto es una inteligente recreación del personaje literario, es la partitura musical un prodigio de frescura y elegancia, con una notable realización melódica y armónica que se desarrolla con un frenesí y un empuje interior encantador y vivaz.
Apenas surge una melodía cantable, aparecen otras ideas tan encantadoras como la anterior y la exquisita orquestación es de una delicada transparencia. Los conjuntos son de una maestría polifónica notable, como no podía ser de otro modo en un creador que desde sus primeras obras había demostrado en esos pasajes una habilidad llamativa y una originalidad sorprendente.
Precisamente el compositor inglés sir Charles Villier Standford dedicó a "Falstaff" un amplio y detallado análisis, resumiendo su concepto con una observación que dice: "La partitura es tan luminosa y soleada como el jardín que Verdi tiene en Busseto; de transparencias cristalinas en la construcción, tierna y explosiva según el momento, humorística y aguda, sin el menor desliz de vulgaridad o extravagancia. Cada acto se desarrolla con la rapidez del rayo, sin detenerse nunca y casi prescindiendo de los tiempos lentos".
De ahí que los auténticos protagonistas de "Falstaff" son la orquesta y la maestría del director, razón por la cual el Colón convocó a Nello Santi, verdadero especialista en la materia. El reencuentro con el director de orquesta permite revivir la experiencia de conocer la obra de Verdi y en general el mundo de la ópera desde sus más recónditas raíces.
Hombre apasionado, amigo de la buena mesa, de compartir veladas en amable charla entre amigos, siempre acompañado de su amada esposa, un símbolo femenino de compañera de infinita bondad, paciencia y sabiduría, se apresta con naturalidad a rendirle homenaje a Verdi, por el que siente evidente admiración.
Entonces, en una charla interminable, distendida y elocuente, aparecen las imágenes de los recuerdos de una vida dedicada al arte lírico. Las risueñas anécdotas, no exentas de una fina ironía, surgen a borbotones, pero el tono es en todo momento de marcada modestia, profundo respeto por sus colegas, indudable admiración por los cantantes que alguna vez trabajaron bajo su dirección, cariño por los teatros que lo tuvieron como protagonista.
-¿Es realmente Falstaff una ópera bufa?
-Para mí es un drama lírico -dice Nello Santi con apasionamiento y saboreando lentamente un vino tinto-, es la vida misma, la de todos. De ahí el célebre "tutto nel mondo e burla"; se trata de un compendio de la propia existencia de Verdi. Porque no cabe duda de que en la sociedad de todas las épocas ha existido este tipo de embrollos y el propio compositor fue protagonista de muchos. Entonces Verdi reflexiona sobre su intensa vida.
Sobre el final de la frase, Santi grita "¡Ehi!, taverniere, ¡un altra bottiglia!"
-Maestro, pero no de jerez como Sir John...
-¡No!, ¡no!, ¡jamás! -los gestos de Santi son elocuentes y grandilocuentes como los del propio Falstaff-, de este vino argentino que es muy bueno y no lo cambio por nada.
-¿Y cómo conceptúa usted la partitura?
-Mire, lo que voy a decirle -Santi baja el tono a niveles de secreto y su mirada se hace pícara en contradicción con su rostro serio, que esconde un espíritu alegre predispuesto para hacer una gracia- puede parecer una locura... Sabe... Escuche bien... ¡Falstaff lo hubiera podido escribir Brahms!
La risa es sonora y contagiosa. Sin pausa, continúa. "Si uno escucha pasajes de la cuarta sinfonía de Brahms encontramos una melodía muy similar a una que aparece en "Falstaff". Si tomamos otro momento rítmico y ágil de la misma obra sinfónica, recordamos el comienzo del segundo cuadro de "Falstaff", tan delicado, sutil y liviano. ¡Oh! ¡qué maravilla!"
Evidentemente, el músico Santi demuestra con su reflexión un pleno conocimiento de la música en general y una conmovedora admiración por la partitura de Verdi.
"¿Sabe por qué esto es así? Yo se lo diré -dice, y nuevamente sus palabras están acompañadas por la gesticulación de sus manos y de todo su cuerpo-. Simplemente porque Brahms es el padre de la música moderna y Verdi es el padre del teatro cantado del futuro. Ambos son verdaderamente grandes impulsores, porque Falstaff no es el final del romanticismo, sino el principio de lo que vino... digo ¡vino!, así que brindemos por los dos gigantes, por Brahms y por Verdi, que se unen en su grandeza."
La charla permite descubrir los quilates intelectuales de un director que no se detiene en el repertorio italiano, porque su labor en el mundo del concierto es muy destacada, ya que fue durante mucho tiempo director titular de la Orquesta Sinfónica de la Radio Suiza y con frecuencia ofrece conciertos con programas que incluyen a Mozart, Beethoven o Schoenberg.
"Pero mire qué interesante -comenta el artista-: cuando Brahms estaba de vacaciones en Baden, Richard Strauss fue a visitarlo. Entonces Brahms le dijo: "Jovencito, esto es bueno, pero le aconsejo que escriba una melodía completa de por lo menos ocho batutas". Es que, por ejemplo, en "El caballero de la rosa", con toda su magnificencia, deja escuchar una enorme cantidad de melodías que no están totalmente concluidas, y me parece que la opinión de Brahms fue muy justa. Ahora que tocamos el tema de Strauss y del Caballero, es interesante recordar que es una de las pocas partituras con dos ejemplares autógrafos y uno está en Zurich, la ciudad donde resido con mi familia, y el otro, tengo entendido que está aquí, en Buenos Aires, ciudad que el compositor visitó en los años veinte con la Filarmónica de Viena."
La orquesta y la puesta
Otros temas surgen de la charla como a borbotones. Se habla de Richard Wagner y su admiración por Rossini y Bellini, y en especial de su "Norma". "El maravilloso final de "Tristán e Isolda" -acota el maestro- ejemplifica la admiración del alemán por la melodía belliniana."
- ¿Cómo encontró a la orquesta del Colón en relación con la de 1993?
-Mejor a la que tuve con "Turandot", claro que no es el mismo el grado de exigencia. Aquí Verdi no permite distraídos, y él está ahí con su fuerza eterna como presente y lo hace para no dejar de controlarnos. Yo espero que todo funcione muy bien.
-¿Qué opina de la puesta escénica de hoy en el mundo?
-¡Oh, gran Dios! Ya tuvimos a Hitler y las SS en "Fidelio", de Beethoven; a Sadam Hussein en "Nabucco", de Verdi, y ahora, para colmar la medida, nos faltaría una ópera con talibanes (y ríe con fuerza).
Por fortuna, en las cercanías hay un monje de la orden Benedictina que con sus rezos ayudará para que eso no ocurra. Se trata de Giorgio Cebrian, el barítono que personifica a Ford y que tiene una licencia especial de su orden de clausura para dedicarse al canto.






