Salir de las sombras con luz propia

Richard Coleman / Músicos: Richard Coleman (voz y guitarra), Gonzalo Córdoba (guitarra), Daniel Castro (bajo), Diego Cariola (batería y coros), Bodie Datino (teclados, guitarra y coros) / Invitados: Roly Ureta (guitarra) y Juan Blas Caballero (sintetizadores) / Sala: La Trastienda. funciones: anteayer y el viernes / Nuestra opinión: muy bueno
Existe una concepción errónea, o al menos incompleta, que etiqueta a Richard Coleman como una suerte de caballero lúgubre del rock local. Y si bien es cierto que el período que lo tuvo al frente de Los 7 Delfines entre los 90 y la primera década de este siglo tuvo una cuota predominante de oscuridad, su carrera solista hizo bastante por borrar esa estampa. El flamante F-A-C-I-Les prueba fiel de ello, con el pulso bailable como armazón de un repertorio que busca salirse de las sombras.
Esa latencia rítmica no es casual: el espíritu de su tercer disco solista de alguna manera linkea con el de Fricción, la banda que comandó en la segunda mitad de los 80, que puso el foco en el costado menos opresivo (y por ende el más rítmico) del post punk británico, con Gang of Four y The Pop Group como modelos a seguir. Bastante de eso hubo en el primer tramo de su show, con siete canciones de su tercer disco, casi sin solución de continuidad. "F-A-C-I-L", "Días futuros", "Cuarto secreto" y "Sin un plan" tuvieron mismas dosis de groove y distorsión, con el bajo trepidante de Dani Castro como punta de lanza, y los aportes intermitentes de Roly Ureta en guitarra (casualidad o no, dos ex compañeros de Coleman en Fricción).
Finalizada la primera presentación en sociedad de las nuevas canciones, una lectura rockera y con tracción a sangre de "I Feel Love" de Donna Summer ofició de separador en el repaso entre presente y pasado. Así, Ureta volvió a tomar el escenario para "Enjaulados" y "Perdiendo el contacto", de Fricción. Poco después dejaron solo a Coleman en el escenario para que repasase "Secreto", de Los 7 Delfines, sin más recursos que su guitarra y voz, y para que aplicase la misma economía de recursos en "Cuestión de tiempo". El exorcismo de los rincones más oscuros se aferró a la literalidad en "Incandescente", en el que al juego de luces de la sala lo complementaron un foco eléctrico y tres estrobos salidos de un set de filmación de la era dorada del cine.
"Este es el único tren que funciona al revés. Los que empujan son los vagones", fue la metáfora elegida por Coleman para celebrar el aporte de su banda de apoyo, El Trans Siberian Express. Y aunque sea su nombre el que ocupa las marquesinas, es difícil pensar en un show con una maquinaria tan ajustada sin el músculo rítmico que aportan Castro y el baterista Diego Cariola, las texturas de los teclados de Bodie Datino o el complemento de la guitarra de Gonzalo Córdoba. Es justamente la química entre el protagonista y sus laderos la que hace que "Turbio elixir", "Fuego" y "Como la música lenta" ensamblen como partes de un todo con el músculo rockero como guía. Y es también lo que hizo posible que la relectura de "Caravana", de Gustavo Cerati (de quien Coleman fue íntimo amigo y socio artístico), fuese de la versión fiel a la catarsis rockera, sin abrir el juego a comparar diferencias entre el original y el facsímil.
Ya bien entrada la madrugada, "Hamacándote" y "Corre la voz" fueron las últimas perdigonadas antes del cierre definitivo, a dos horas del comienzo. "Perdí la memoria, no sé qué paso. No tengo historia y no sé adónde voy", cantó Coleman en, justamente, "Memoria", el último tema de la noche. Y aun cuando su letra no se manifiesta como autobiográfica, es sólo cuestión de recorrer sus más de tres décadas de carrera para contradecir ese último verso y rebatirlo.




