
Conocé a Andrew Taggart y Alex Pall, dos tipos comunes con un plan macabro para dominar el mundo
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Alex Pall había planificado una cita con su novia la otra noche, pero se quedó zapando en el estudio con Chris Martin, y la tuvo que dejar colgada. No es algo que Pall haga demasiado, dice, porque le gusta hacer música de día y terminar antes del atardecer. “Me lo tomo como un trabajo”, dice. “Había raperos que me decían: ‘Juntémonos a las 10 de la noche’. Y yo les decía: ‘Eh, ¡no!’. No puedo entender esa forma de trabajar.” Pero aquella noche, instalado con Martin en Malibú, “como a 300 dólares de UberX de mi casa en Hollywood”, Pall hizo una excepción, porque el líder de Coldplay “quería empezar después de que sus hijos se fueran a dormir”. Y, bueno, también porque era Martin y porque Coldplay son “los mejores que hay, man”.
Así que los Chainsmokers compusieron lo que Pall dice que fue “una de las mejores canciones que hicimos”, y él incluso logró compensar a su novia, gracias a Martin, quien le cantó una serenata en el smartphone de Pall, responsabilizándose por el inconveniente. “Cuando Alex y yo nos subimos al auto después”, dice el compañero de Pall, Drew Taggart, “no lo podíamos creer, como: ‘¡¿Quéeee?!’.”
Los Chainsmokers tuvieron muchos momentos de “¡¿Quéeee?!” últimamente. Son el dúo de pop más hot del país, con tres singles en el Top 10 de 2016; su mayor hit –en su sexta semana en el Número Uno al momento de esta entrevista– es “Closer”, un dueto entre Taggart y Halsey sobre el desamor. Este verano, mientras tocaban con Halsey en los MTV Video Music Awards, levantaron la vista “y estaba Kanye, ahí mirándonos”, dice Taggart. No sólo rompieron el récord de Calvin Harris de la mayor cantidad de canciones en el Número Uno en el ranking de Hot Dance/Electronic de Billboard, también pasaron tiempo con Harris “y básicamente le quemamos la cabeza”, según dice Pall, “y le hicimos un montón de preguntas”. Quizás lo más loco de todo: poco tiempo antes de la sesión con Martin, escucharon de Ryan Tedder que a Bono también le gustaban sus cosas, así que Bono “se apareció en el estudio, por su cuenta”, dice Taggart, “y nos mostró algunas cosas nuevas de U2. Le mostramos algunas cosas nuevas nuestras, y con una canción él nos dijo: ‘Está buena... ¿me la mandás?’. Y fue una locura.”
Ahora están en el backstage de un centro de eventos en los suburbios de Salt Lake City, a punto de encabezar un recital al aire libre “por básicamente nada de dinero”, dice Pall, como un favor para una radio local. Hay una atmósfera divertida, pero está muy lejos de pasar un rato con Bono: uno de los patrocinadores principales es una oficina de servicios legales por daños personales con un 0-800 en su nombre. El artista que hay ahora mismo sobre el escenario es un DJ que pasa electrónica junto a un baterista que toca en vivo con una máscara de gorila. (“Esto es un tributo a Harambe”, grita el DJ.) En su camarín, Pall, 31 años, se saca los shorts y se pone unos jeans sucios Ksubi, su look para el escenario; Taggart, 26 años, toma agua de coco. “Perdón por...”, dice Pall, señalando los alrededores poco lujosos. “¿Querés algo de fiambre a temperatura ambiente?”
Los shows promocionales como éste abundan en el calendario de los Chainsmokers, apiñados entre recitales en Las Vegas, festivales importantes y eventos corporativos. Les paguen poco o nada, a los Chainsmokers el dinero no les está faltando exactamente. Les pagan incluso por recitales en los que no tocan: Adobe, el gigante del software, los contrató para una fiesta, la cancelaron y tuvieron que pagar la tarifa de 80.000 dólares de todos modos. “Para mí, es la locura más grande”, dice Pall. “Yo trabajaba en una galería de arte, comía cualquier cosa y me pagaban 500 dólares por semana. Sin hacer nada, Adobe me pagó lo que en esa época me llevaba dos años ganar.”
Es hora del show. El escenario de los Chainsmokers está hoy despojado –hay un par de pantallas LED y una mesa de picnic entre cajas y parlantes–, lo cual al principio les molestaba. Pero lo aprovecharon, mezclando algunas de sus canciones con cosas de Skrillex, A$AP Ferg y Eurythmics, y moviendo la boca con torpeza y tocándose el pelo constantemente. Sus mejores canciones originales son sutiles comparados con la electrónica mainstream, y tienen un toque de melancolía. En “Closer”, Taggart se sale de la cabina con un micrófono, y canta sobre un amor ocasional que empieza “en el asiento de atrás de tu Rover que yo sé que no podés pagar”. Las últimas palabras le sacan el glamour a la frase, y sigue “en el colchón que le robaste a tu roommate en Boulder”. Taggart le dice al público que cuando la componía, “estábamos en nuestro ómnibus, pensando en Blink-182 y Dashboard Confessional, lo personal que era su música. Dijimos: ‘Hagamos una canción así’”.
Taggart dice que quería cantar letras como las que le gustaban cuando era un chico emo en Maine, pero también eso es parte del plan de los Chainsmokers. “Queremos que este momento dure”, dice Taggart, “pero si es corto, queremos tener una conexión con nuestros fans que lo supere”. Por eso, cultivan unas personalidades desvergonzadamente alegres y no les importa que les digan “bros”. “Honestamente, somos dos tipos blancos a los que les gusta ser amables, hacemos chistes estúpidos y nos gustan las películas graciosas, y nos gusta la fiesta, pero como a todo el mundo”, dice Taggart.

En el público, hay tipos en cuero agitándose en lo que Pall más tarde describirá, entre risas, como un “ballet de chicos de fraternidad”. Explotan cañones de papel picado. En menos de una hora, el show terminó. Pall y Taggart salen del escenario. La ansiedad anterior acerca del escenario escueto se disipó, y Pall, sintiéndose bien, tiene el chiste verde apropiado para el momento: “Supongo que es cierto”, dice. “¡El tamaño no importa!”
Taggart y Pall se suben a un SUV con chofer y van a un restaurante de carne en Salt Lake, pagado por la estación de radio. Pall pide una botella de pinot noir, a la que sigue rápidamente una segunda, y después revisa el menú. “Oh, mierda, ¡tienen una torre de mariscos!”, dice.
Pall pasó los primeros años de su infancia en el Upper East Side de Manhattan, donde su padre era marchand de arte. “Teníamos Picassos y Lichtensteins en las paredes”, recuerda Pall. En la escuela media, era compañero de Alex Soros, hijo del filántropo multimillonario George. Más tarde asistió a una escuela privada para “fracasados” en Westchester, donde disfrutó de actividades de fracasados como “fumar porro y tomar hongos con amigos”. Cuando entró a NYU, para estudiar historia del arte y negocios, decidió “ganarle a la universidad. Estudiaba al profesor. O sea, ¿qué quieren ellos que yo diga?”. Los primeros meses de cada semestre, Pall revisaba los programas de los cursos y adelantaba la mayor cantidad posible de trabajo para después tener tiempo de “hacer fiestas y recitales con amigos”.
Pall tiene la ironía de los neoyorquinos, mientras que Taggart, quien se enamoró de la electrónica durante un programa de intercambio en Argentina en la escuela secundaria, es más dulce. Usa palabras de moda en el mundo de la tecnología, como “disrupt” y “iterate”, y pregunta cómo se compara el “reach” de Rolling Stone con el de Chainsmokers, preguntándose en voz alta por el retorno sobre la inversión de haber participado este artículo. Le encanta cocinar, y alardea: “Puedo hacer que cualquier vegetal –col de Bruselas, espárragos– quede espectacular”. Usa un Rolex, pero dice que viene “de una familia realmente frugal”, y que heredó esa disposición: acaba de comprarse una casa ultramoderna en West Hollywood de cinco habitaciones por 3,3 millones de dólares, pero se apresura a señalar que vino con una “garantía de dos años en caso de que haya que arreglar cualquier cosa”.
Se conocieron en Nueva York alrededor del año 2012. Pall estaba tratando de meterse en el circuito de DJs locales, y Taggart era un aspirante a productor, haciendo electrónica con el programa Ableton en su MacBook pro. Al asociarse, arreglaron una división de tareas que todavía continúa: Pall es un poco como el cazatalentos, dice, buscando cantantes invitados para sus temas, y ayudando en la dirección de la estética de Taggart. “Alex escucha mucha música, así que cuando le muestro algo, me dice: ‘Eso suena fresco’, o ‘Esto no’”, dice Taggart. Pall dice que escucha más o menos 300 canciones nuevas por día. Pone un tema en SoundCloud, escucha un par de segundos, después adelanta 30 segundos, y sigue. “Puedo darme cuenta rápido si es buena”, dice. Tiene listas en su computadora de blogueros influyentes y sus gustos; cantantes potenciales. Dice que esta última lista, que viene compilando desde hace años, “tenía a gente como Halsey y Tove Lo mucho antes de que nadie supiera quiénes eran”. Al dúo le gusta colaborar con talentos infravalorados, lo cual va bien con su ethos “disruptivo”. Cuando Rihanna rechazó su demo para la canción “Don’t Let Me Down”, Pall dice que estuvo bien, “porque otros artistas jóvenes tienen más sed, están dispuestos a trabajar más duro”. Sacaron el tema con la incipiente Daya, y llegó al puesto Número Tres.
Los Chainsmokers son más ambivalentes acerca de su éxito revelación de 2014, “#Selfie”, un tema de house profundamente bobo que se burla torpemente de la obsesión por uno mismo en las redes sociales. Les consiguió un contrato discográfico con un sello grande, y los presentó al mundo. Hoy la canción queda fuera de sus sets. “Nadie dice ‘#Selfie’ es mi canción preferida’”, dice Pall. “Pero nos enseñó mucho sobre la industria de la música y sobre nosotros mismos: qué tipo de artistas queríamos ser.” Reconoce “pasos en falso” iniciales, como haber aparecido en American Idol, tocando el tema mientras se sacaban fotos con Jennifer Lopez y Harry Connick Jr., una jugada que Pall admite que fue “mala”, y que despertó resentimiento en otros grupos de electrónica. El más notorio fue Deadmau5, quien tuiteó: “Lo único que @TheChainsmokers y el pop electrónico tienen en común probablemente sea el cáncer”. A Taggart, quien dice que Deadmau5 era uno de sus héroes, esto lo lastimó. “Fue la primera vez que alguien se tomó el trabajo de basurearnos”, dice. “En ese momento, me desenamoré de su música. Ahora su marca pasa menos por su música y más por su personalidad, que consiste en comportarse como un tarado.”
Más allá de su éxito, el dúo sigue hablando sobre colegas músicos con el ardor –y candor– de un fan. Envidian a los artistas con estéticas completamente elaboradas: Twenty One Pilots, Stromae, Die Antwoord. En el restaurante, un representante del sello pregunta lo que piensan de “Perfect Illusion”, el single de Lady Gaga. “Es malísimo”, dice Pall. Taggart, más diplomático, dice: “Es una gran artista. O sea, Jeff Koons hizo una escultura de ella...”.
“Estoy de acuerdo”, dice Pall. “Y hay mucha gente talentosa que trabajó para esa canción. Pero...”, y se queda en silencio, apretando la nariz como si algo se hubiera podrido en la torre de mariscos.
Tienen reserva para un vuelo de Delta a las 9:57 pm de regreso a Los Angeles, así que vamos al aeropuerto. Los Chainsmokers pocas veces viajan en vuelos privados, dicen. Esto se conecta con su conciencia de que la dominación en el pop no está llamada a durar para siempre. “Una vez estaba en la última fila de un vuelo y Dame Dash vino y se sentó en el asiento del medio”, dice Pall. “Le dije: ‘Man, la última vez que te vi estabas tirándole dinero a una chica en la cara en un video. ¿Qué pasó?’.”
Se va cada uno a su asiento en clase turista y se retrae. Es importante darse espacio el uno al otro. “Nos conocimos para trabajar, pero nos hicimos amigos”, dice Pall. “Nos peleamos una vez en México, y ni siquiera me acuerdo sobre qué. Habíamos estado en un strip club y nos golpeamos en el asiento de un taxi. ¡Tenemos una foto que nos sacamos después todos ensangrentados! Fue un momento de locura disparada por el tequila.” Añade: “Cuando nos mudamos a Los Angeles, pensamos: ‘¿Deberíamos buscarnos una casa tremenda para vivir juntos?’. Y dijimos: ‘Mejor que cada uno tenga su lugar’”.
A la mañana siguiente, están en su estudio en Hollywood, jugueteando con un riff simple de marimba que Taggart toca en un teclado MIDI, añadiéndole reverb y distorsión para que tenga una grandilocuencia más sombría. “Esto fui yo tratando de hacer algo como ‘The Scientist’, de Coldplay”, dice. Compone mucho en el piano, y su plan para el futuro es incorporar esos talentos de manera más palpable en sus recitales en vivo. “Podemos hacer mucho más que ser sólo DJs”, dice Taggart. “Miramos a Beyoncé y decimos: ‘Quiero tener un show en vivo del que se hable y al que se respete como el de ella o el de Kanye’. Queremos agregar elementos de performance.”
“Como, si Drew quiere hacer una versión a capella de ‘Closer’, podría”, dice Pall.
“Y queremos agregar elementos de teatro musical”, señala Taggart.
“Definitivamente, tenemos un plan”, dice Pall.
Saben que va a requerir de mucho trabajo, y de mucha suerte, pero, man, si lo pueden lograr... ¡Sería lo más!
Jonah Weiner



