Tiene 12 años, aprendió a tocar el violín antes que a leer y asombra al mundo con su oído absoluto
Marcos Carreras, oriundo de Almagro, tiene tan solo 12 años y se transformó en una de las revelaciones de la música clásica en la Argentina; sueña con encabezar presentaciones en los escenarios más importantes del mundo
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El talento es innato: se trae o no se trae. Si a esa capacidad natural se le agrega un ambiente que facilite y potencie el don, ya estamos hablando de casos que pueden quedar en la historia. Un ejemplo de esta conjunción perfecta es el de Marcos Carreras, un chico de 12 años oriundo del barrio porteño de Almagro, que es la nueva revelación de la música clásica argentina gracias a su corta pero destacada carrera como violinista.
De muy pequeño, aprendió a tocar el instrumento -incluso antes que a leer- y sus padres, dos violinistas de carrera, ayudaron a impulsar su aptitud a través de métodos de aprendizaje especiales. El joven músico ya tocó en el Teatro Colón y sueña con encabezar los escenarios más importantes de Estados Unidos y Europa. “Cuando toco el violín me siento libre”, reveló en diálogo con LA NACION.

Al hablar, Marcos parece casi un adulto. Sus ideas son claras, se expresa con complejidad y demuestra un amor por la música que pareciera haber crecido por décadas. Sin embargo, también es solo un chico que el año que viene empezará la secundaria en la Escuela de Música Juan Pedro Esnaola. Allí tendrá una cursada especial como Artista de Alta Dedicación, que permite mayor flexibilidad por las constantes giras.
El amor por el violín
Marcos viene de una familia de violinistas, su papá Lisandro trabaja en la Orquesta Nacional de Música Argentina “Juan de Dios Filiberto”, mientras que su mamá, María José, lo hace en la Orquesta del Tango de Buenos Aires. “Desde muy chiquito admiré cómo tocaban mamá y papá. Cuando mi mamá estaba estudiando una obra en casa, yo me quedaba en mi pieza y un rato le destinaba a escucharla, me encantaba”, rememoró Marcos.
Un día, el niño decidió ingresar al cuarto de su madre para verla ensayar y allí sus padres le permitieron empezar a tocar. “Me preguntaron si quería tocar y yo les dije que sí, ¿qué tan difícil puede ser?“, bromeó el joven músico, sin saber que allí se iniciaría una historia de amor que se transformaría en el centro de su vida. “Crecí escuchando el violín y siempre admiré el trabajo de las orquestas. El violín fue mi centro de atención porque es lo que tenía a mano todos los días. Si a mí me piden nombrar un instrumento, lo primero que se me viene a la cabeza es el violín”, aseveró.

Su conexión con las cuerdas fue inmediata y para los cuatro años ya tocaba con prestancia el violín, incluso antes de saber leer. Para el estudio del instrumento empezó con el método Suzuki, una filosofía de educación musical creada por el violinista japonés Shinichi Suzuki, que se basa en aprender música como se aprende el lenguaje materno: escuchando, imitando y repitiendo. De esta manera, se prioriza el desarrollo del oído y la memoria musical antes de la lectura de partituras.
“Se trata la música como la lengua materna, se va aprendiendo desde edades muy tempranas. Con la repetición y el acompañamiento del maestro, no hace falta saber de música al principio para tocar el violín. Está buenísimo porque los chicos muy chiquitos pueden hacer obras”, contó María José y precisó que sus primeras clases eran de solo 30 minutos.
Cuando Marcos se fue haciendo mayor, la complejidad fue incrementando. “Tuve que acompañar la lectoescritura de la música. Siempre supe que con constancia y dedicación podía hacer cosas grandes. Entonces, eso me impulsó”, reconoció el prodigio y se definió como “un ser social” que le gusta estar con amigos, por lo que siempre llevó de a poco el estudio musical. También le dedica tiempo al fútbol y es hincha de Ferrocarril Oeste.

Fue en el desarrollo de su incipiente carrera musical que se dieron cuenta de que Marcos tenía oído absoluto, que es la capacidad de identificar, nombrar o reproducir una nota musical exacta sin necesidad de una referencia previa. Esta habilidad se destacaba en personajes como Mozart, Freddie Mercury o Charly García.
“Nos dimos cuenta porque cuando escucha una melodía la podría reproducir en el instrumento con mucha facilidad. Si bien hay diferentes grados de oído absoluto, él tiene la capacidad de escuchar un sonido y saber cómo se toca, o incluso saber la nota si escucha una bocina”, comentó Lisandro.

Su amor por la música
Marcos se define como un “amante” de la música y sus gustos van más allá de lo que interpreta con el violín en sus conciertos. “Me gusta todo, pero sobre todo el tango y el jazz me encantan. No dejo de lado la música clásica o la folclórica, pero si tengo que ponerme a escuchar algo me pongo a Astor Piazzolla”, afirmó y contó que, contrario a la mayoría de los chicos de su generación, no logró generar un gusto por la música urbana actual como el trap o el reggaetón.
“Tengo una mirada particular, me parece que están hablando más que cantando. No me llama mucho la atención porque es una música que es más que nada ritmo”, explicó. Una vez, Charly García expresó en conferencia de prensa una teoría similar: “Por ahí soy tradicionalista, pero para mí la música es melodía, armonía y ritmo. Ahora hay ritmo, pero falta la melodía y la armonía”, sostuvo el músico.
“Mi banda preferida es Queen y mi violinista favorita siempre fue Hilary Hahn. Admiro como toca, la soltura, es un todo perfecto. También admiro a mi maestro Rafael Gíntoli, es un super músico, me encantaría tocar como ellos dos”, aseguró Marcos, que comparte sus videos tocando el violín en la cuenta de Instagram @marcoscarerrasviolin, que administran sus padres.

Su llegada a los grandes escenarios
Desde hace unos años, Marcos brilla como solista en distintos escenarios del país y su carrera no para de crecer. El año pasado ingresó como becario de un programa de la Corporación América, dedicada a la Cantera de Talentos. Recientemente, estuvo tocando en el marco de “La Noche de los Museos”, en los estudios de Radio Nacional Clásica, y en el Concierto “El Legado”, un homenaje al reconocido violinista -y su maestro- Rafael Gíntoli, donde tocó ni más ni menos que en el Salón Dorado del Teatro Colón. Antes, se había presentado en la Usina del Arte, el Teatro 25 de Mayo, el Palacio Libertad y el Centro Cultural San Martín, entre otros.
Como solista, Marcos tuvo el privilegio de tocar junto a la Orquesta Aeropuertos Argentina, la Orquesta Sinfónica Municipal de San Martín, la Orquesta Sinfónica Municipal de Avellaneda y la Orquesta del Tango de Buenos Aires, durante el “Octavo Festival Konex de Música Clásica 2023” y en la entrega de los premios “Radio Nacional Clásica 2023”.
Tocar en el Teatro Colón, el más importante del país y uno de los más reconocidos del mundo, lejos de intimidarlo lo entusiasmó. “Fue la primera vez que toqué en una sala tan grande y fue buenísimo. Yo siempre mantengo dos cosas con el instrumento: la primera es que mientras más gente mejor, así que tocar allí fue impresionante. Y la segunda es que yo cuando toco el violín me siento libre, me expreso sin hablar. Es genial si puedo transmitir algo a los que me escuchan”, aseguró.

El futuro Marcos es muy prometedor y, según comentaron sus padres, todo “se va charlando en familia”. “Es paso a paso, se le van abriendo nuevas puertas y nuevas oportunidades. De hecho, ahora se va a hacer un curso a Bariloche a principios de enero y en marzo vuelve porque lo llamaron para participar de la semana musical del Hotel Llao Llao, un evento que reúne artistas nacionales e internacionales. También quiere el año que viene poder hacer un concierto grande con la orquesta de alguna provincia”, contó Lisandro. “A nivel formativo va a seguir con su maestro porque es una eminencia”, agregó María José.
Como todo chico, Marcos sueña y sueña en grande. “A nivel personal mi sueño es tocar ya no solo en Argentina, sino hacer una gira internacional y hacer shows en los lugares más importantes del mundo como Europa y Estados Unidos”, se esperanzó.
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