Tras las huellas de Mangoré
Berta Rojas y Paquito D’Rivera homenajearon al "Paganini de la guitarra"
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"Tupá, el Espíritu Supremo y protector de mi raza, encontróme un día en medio del bosque florecido. Y me dijo: «Toma esta caja misteriosa y descubre sus secretos»". Nacía la leyenda de Nitsuga Mangoré, el Paganini de la guitarra. El misterioso hombre que salía a los auditorios líricos vestido como un cacique guaraní, ataviado de plumas y un vestuario selvático, había llegado a la década del treinta para deslumbrar a los auditorios de América latina y desorientar a la crítica de la época. Agustín Barrios, el verdadero compositor y virtuoso guitarrista detrás del personaje, fue admirado por obras como "La Catedral", "Confesión", "Invocación a mi madre", "Sueño en la floresta", "Danza paraguaya" y los valses Nº 3 y 4, que tenía entre sus fieles seguidores a Héctor Villa-Lobos y detractores como el maestro Andrés Segovia.
Entre el orgullo por sus raíces guaraníticas y el oportunismo comercial, Mangoré se presentaba como un chamán de la guitarra, que declamaba un designio sagrado de los dioses. Su figura exótica envuelta en misterio (decía que había sido criado por los jesuitas) y una vida nómade por distintas ciudades del continente acrecentaron el mito: en 1918, un diario de Asunción lo daba por muerto y al mes tuvieron que desmentir la noticia. Agustín Barrios murió solo y pobre en El Salvador, en 1944. Pero la leyenda creció con el tiempo. La guitarrista paraguaya Berta Rojas y el saxofonista Paquito D’Rivera desandaron el enigmático itinerario musical de este artista con el proyecto Tras las huellas de Mangoré, que están llevando de gira por América y que ayer pasó por el teatro Coliseo, dentro del festival Guitarras del Mundo.
"Nitzuga Mangoré fue un álter ego que Barrios creó durante su estadía en Brasil entre los años 30 y 34 y que surge a partir de una idea de su productor brasileño en esos años. Supongo que debe haberle dado buenos resultados a un Barrios que buscaba llamar la atención hacia su arte. Igualmente, requiere agallas haberlo hecho. Hoy nos sorprendemos con Lady Gaga y su manera transgresora de llamar la atención, Barrios ya hizo esto en el 30 y con la guitarra clásica", desmitifica con admiración la célebre guitarrista paraguaya Berta Rojas, figura de Guitarras del Mundo.
Agustín Barrios había nacido en 1885 en San Juan Bautista de las Misiones de Paraguay, en el seno de una familia aristócrata con un padre cónsul y una madre institutriz, pero a los 13 años, el pequeño Agustín ya demostraba un espíritu indómito. Sus condiciones de niño prodigio lo llevaron a trasladarse a Asunción. En 1910 salió por primera vez del Paraguay y sería el primer viaje de un largo itinerario trashumante de treinta años por diversos países. "El peregrinaje de Barrios por las Américas es un tema que siempre me ha fascinado, por lo vasto de su recorrido en tiempos en que esto se hacía por tren, barco, a caballo, o caminando, desde Argentina hasta El Salvador, y de esa manera se dio el tiempo de absorber la música y la cultura de estos países. Este conocimiento se refleja en su obra que hace una síntesis maravillosa de música clásica y popular con un fuerte contenido latinoamericano", cuenta Berta Rojas, que con este proyecto replicará el mismo itinerario que Nitsuga Mangoré realizó por América latina.
La discípula dice que quiere completar el círculo del maestro y para ello culminará con un concierto junto a Paquito D’Rivera en el Lincoln Center. "Su sueño era llegar a los Estados Unidos, deseo que nunca pudo cumplir. Recorrer estos lugares con una mirada contemporánea me pareció una hermosa idea porque me permite, con la música de Barrios, hablar de mi tierra, el Paraguay", contextualiza.
En ese avistaje retrospectivo de la vida de Barrios, su figura se imagina como un "outsider" para la época: excéntrico en la utilización de cuerdas de acero y pionero de la guitarra de concierto al grabar comercialmente un disco de 78 rpm. Su virtuosismo sorprendente que combinaba Chopin con polcas paraguayas, era producto del romanticismo tardío y su profundo interés por las danzas folklóricas de América latina con las que fue acunado en su región. De esa manera Barrios se ganó discípulos y enemigos. "Segovia fue uno de los grandes detractores de Barrios por esto, y por su afinidad con la música popular. Y, paradójicamente, John Williams, el alumno mimado de Segovia, fue el gran defensor de la música de Barrios."




