
Una ópera con ideas renovadoras
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Opera bufa "La serva padrona", de Giovanni Battista Pergolesi. Libreto de Gennaro Antonio Federico, con subtitulado en español. Elenco: Natalia Cappa (Serpina), Alejandro Spies (Uberto), Fernando Romero Barrios (Vespone). Conjunto instrumental Lysios. Dirección escénica: Guillermo Cacace. Dirección musical: Hernán Schvartzman. En la Sala Estudio Apacheta, Gascón 623, los viernes y sábados de este mes, a las 20.30.
Nuestra opinión: muy bueno
Sobre la base de ofrecer la música de Giovanni Battista Pergolesi con un pequeño conjunto instrumental, seguramente fiel al utilizado con ocasión de su primera representación durante un intervalo de la ópera seria "Il prigioner superbo", también del mismo compositor, un juvenil conjunto de músicos, dos cantantes y un actor, logran recrear "La serva padrona" con acierto.
Bien se conoce que el título que dio origen a la ópera bufa y a la célebre "Querella de los bofones" fue una famosa discusión estética con algunas interferencias políticas, en París de 1752. Era el momento en que dos facciones, una encabezada por Luis XV, madame Pompadour y la plutocracia, defensores de la gran tradición escénica francesa (Lully y Rameau), se enfrentó a otra conformada por la propia reina, Rousseau, d´Alambert, defensores de la aceptación de las formas libres de los bufos italianos.
Este asunto apasionante se prolongó, también en la Ciudad Luz, en la disputa sostenida por Gluck con Puccini. Finalizó con el triunfo de este último, que impuso la ópera italiana a pesar del enorme prestigio del músico que en aquella época dominaba exitosamente la escena parisiense.
Movimiento con ritmo
En esta propuesta, "La serva padrona", obra cuyo éxito histórico aparece como muy excesivo, comparando el valor de su partitura con "Lo frate ?nnammorato", "La Olimpiada", o el inspirado "Stabat Mater", del mismo Pergolesi, es presentada con ingenio y una muy buena cuota de conocimiento del espíritu de la época.
En ese aspecto desempeña un papel preponderante el joven director musical Hernán Schvartzman, muy atinado y eficiente como para lograr un buen equilibrio entre los instrumentos de su pequeño conjunto de cuerdas, con clavicordio para el bajo continuo, y las voces en las partes cantadas.
Por otra parte, la sencilla historia de gran vivacidad se reduce a un juego teatral de tres personajes, uno de los cuales es mudo; Serpina, la temperamental criada del viejo Uberto, logra que su amo se case con ella, utilizando la complicidad del criado Vespone, a quien disfraza para hacerlo pasar por su pretendiente.
Los jóvenes cantantes Natalia Cappa, de voz bien timbrada, segura musicalidad, atractiva y de desenvuelta estampa, y el barítono Alejandro Spies, poseedor de una voz de grato color, buen volumen y sobriedad como actor, cantaron con seguridad las varias arias de estilo ágil y cómico y formas musicales alegres y espontáneas, en tanto que el actor Fernando Romero Barrios cumplió con buena movilidad para hacer creíble su personaje.
Otros aportes
Cabe destacar el acertado aporte de marcación de gestos y movimientos de Guillermo Cacace, que por otra parte introdujo sobre la gran tarima que sirvió de escenario a varias buenas ideas renovadoras, para contar la historia con total claridad y sin detener en ningún momento el ritmo del discurso musical, una de las premisas básicas de todo director de escena lanzado al terreno de la ópera.
En definitiva, una hora de espectáculo de mucha sensualidad logrado por la naturalidad teatral de la pareja protagónica, al que se sumó, con acierto, la inclusión de una pieza instrumental, el concerto grosso, Op. 3, Nº 5, del excelente creador del barroco Francesco Geminiani (1687-1762), a modo de obertura. Cabe señalar como una debilidad no inherente a los artistas, el precario y limitado ámbito utilizado que no condice con el fervoroso esfuerzo artístico y las condiciones individuales de un conjunto de valiosos jóvenes embarcados en hacer un trabajo ciclópeo sólo por amor a la música y al teatro cantado.





