Vattuone: la voz de los tangos al mango
Recital de cantante y compositor Juan Vattuone. Presentación del disco "Tangos al mango". Con Jorge Giuliano y Víctor Laciar (guitarras). Invitados: Silvia Boggiano (voz), Eduardo Pandolfo (bajo) y Emiliano Pascanán (cajón), Anteayer, en el Bar Tuñón. Próxima función: el viernes, a las 21.30.
Nuestra opinión: Muy bueno
Pasaron varios años de haber subido a escenarios porteños con el espectáculo "Tangos al mango" hasta que ese repertorio pudiera llegar al disco. Pero el momento llegó y el cantor y compositor Juan Vattuone pudo lanzar su álbum y darse el gusto de terminar un recital y decir que ahora el público también lo puede escuchar desde la casa. "Hablemos de intercambio. Ustedes ponen 20 pesitos y yo, el disco", dice.
Eso llega al final del show. Todo lo anterior es una muestra de ese Vattuone desaforado; del tanguero más desaforado del mundo, del tipo que construyó, para subir a escena, un personaje a partir de sí mismo.
Es un cantor que se ciñe a muchos códigos de las costumbres tangueras. Sin embargo, jamás se llevará un "excelente: 10" si su trabajo se mide desde las reglas convencionales. Pero eso, a la larga, se transforma en su mayor ventaja. Vattuone es fiel a sí mismo, expresivo, visceral. Se diferencia de los intérpretes for export, de las voces para orquestas o de las escuelas gardelianas.
Para quien no lo haya escuchado aún, su voz puede estar relacionada con la caudalosa emisión de Rubén Juárez y el fraseo de Omar Mollo. Apenas comienza el recital Vattuone canta una versión de "Vieja viola" sin ningún tipo de amplificación. Suena a puro pulmón y a todo corazón. Y cuando va por el lado de canciones como "Pablito, el grande" y "Como gusanitos", su timbre disfónico se acerca más al estilo de León Gieco.
En cada pieza que interpreta acompañado por dos guitarristas no ofrece medias tintas. Y será esa efusividad la que provoque atracción o rechazo. Habla de Gardel, le pega duro a Menem y a Galtieri, a la policía corrupta. A algunos tal vez no les guste su modo políticamente incorrecto, a veces chabacano y tan espontáneo. Es directo y nada esconde. Será justamente esto último lo que fascine a tantos otros. El cantor cae en muchos lugares comunes en la descripción de situaciones de "avería" y sordidez. En "El yuta Lorenzo", por ejemplo. Pero también sorprende con "Nos ponemos a llorar", que lleva el poema de Silvana Boggiano "El coraje del llanto". Ese es Vattuone: un personaje sin filtro.





