
"Yo jamás me alejé del tango"
Desde hace siete años, encabeza el elenco del show que ofrece El Viejo Almacén
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"El tango nunca se alejó de mí, ni yo jamás me alejé del tango". Virginia Luque resume así su larga carrera artística, que llega hasta nuestros días, en los que "la estrella de Buenos Aires" encabeza, desde hace siete años, el elenco de El Viejo Almacén, ese popular reducto ubicado en pleno corazón de San Telmo.
En su cálido camarín, ella recuerda que "cuando los bailarines Nélida y Nelson eran directores artísticos de este lugar me convocaron para cantar, y lo que yo no imaginé nunca es que mis actuaciones podían prolongarse en el tiempo... Estar frente al público me da una enorme felicidad, ya que ello significa que puedo seguir brindando un repertorio tanguero en el que se desgranan infinidad de temas que me lanzaron a la popularidad".
Sus profundos ojos marrones y una sonrisa entre tímida y pícara acompañan sus palabras y se remiten a sus comienzos artísticos. "Desde muy chica -dice- quise ser actriz. Felizmente, mi vocación no tuvo tropiezos familiares, ya que mi padre, un comerciante que siempre se sintió atraído por el arte, me impulsó a subir a un escenario. El era amigo del empresario del teatro Liceo, e iba a montar la obra «16 años». Allí había un pequeño papel para una chica pizpireta y desinhibida, y me propuso para cubrir ese personaje. De allí en más, mi trayectoria no tuvo intervalos, lo que me demostró que mi pasión por ponerme en la piel de cientos de personajes no había sido un capricho de juventud."
-¿En qué momento el tango desplazó a la actriz?
-Yo soy una actriz que canta. En mis comienzos, compuse muchos papeles dramáticos en obras tanto de autores nacionales como extranjeros. Después llegó el cine, donde debuté en "La guerra la gano yo", de Francisco Mugica, y paralelamente intervine en espectáculos musicales y, ya apasionada por el tango, canté con las orquestas de Francisco Canaro y Atilio Stampone, entre otros grandes maestros. Aquí comencé mi camino como cancionista, aunque sin dejar de lado mi labor como actriz.
-En su filmografía, hay dos títulos que considero emblemáticos en su trayectoria. Uno de ellos es "La balandra Isabel llegó esta tarde", de Carlos Hugo Christensen, y "Sangre y acero", de Lucas Demare. ¿Cree que ambos films podían, de alguna manera, opacar a la cancionista?
-Son, sin duda, mis películas favoritas. Pero el tango ya había prendido muy hondo en mí, y comencé a grabar muchos discos, a realizar giras por todo el mundo, entre ellas las que me llevaron muchas veces a Japón, donde comprobé que allí nuestra música popular es amada y respetada, y a presentarme en escenarios con un repertorio que fui ampliando a través de los temas más emotivos de nuestros autores.
De aquellos personajes de ingenua en la pantalla nacional, pasando por infinidad de composiciones en dramas teatrales y en coloridos papeles en comedias musicales, Virginia Luque logró imponerse como una de las cancionistas más populares de la Argentina. "Con mis canciones -subraya-, necesito conmover, ser verdaderamente yo, entonar con fuerza cada una de las letras de los tangos. Por esto te repito que soy una actriz que canta. Preciso el escenario para desplazarme a mis anchas, para dar emoción a cada uno de los tangos que interpreto... En definitiva, cada estrofa de mi repertorio me tiene que conmover para, así, poder conmover al público."
-¿Cómo elige su repertorio?
-Soy muy clásica en esa elección. Mis preferencias pasan por los temas de Enrique Santos Discépolo, un maestro de la verdad y de la pasión cotidiana. Cuando, por ejemplo, canto "Yira yira" sé que estoy contando una historia tierna, emotiva y dramática. Si de verdad no siento lo que entono, lo dejo de lado.
-¿Qué papel ocupa Astor Piazzolla en su temática?
-Como te dije, soy absolutamente clásica en mis preferencias. Ello no significa que desdeñe las composiciones de Astor, aunque en mi repertorio hay sólo dos de él, "Balada para un loco" y "Chiquilín de Bachín", un enorme canto a la piedad y a la solidaridad.
Entre anécdotas y recuerdos, Virginia Luque, ya dispuesta a brindarse al público, apunta con firmeza: "El tango posee cada día una mayor vigencia porque no sólo es nuestro, sino que es de todo el mundo. Esto lo hace totalmente universal, lo que, sin duda, debe enorgullecernos a todos los argentinos".





