
Se esfuerza mucho como compositor, y escribió una cantidad fenomenal de canciones perfectas, pero al mismo tiempo le importa todo un carajo. Por Flea
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En la obra de Neil Young hay una contradicción inusual. Se esfuerza mucho como compositor, y escribió una cantidad fenomenal de canciones perfectas, pero al mismo tiempo le importa todo un carajo. Eso es porque se fija en la esencia. Algunas cosas suenan desafinadas o frenéticas y no están grabadas con el mayor de los cuidados. Y a él no le molesta. Hizo discos enteros de los que no se puede decir que son geniales, porque en lugar de repetir una fórmula que sabe que funciona, prefiere mostrar en qué está en ese momento. Eso es lo fascinante: ver cómo los altibajos de su carrera responden a su verdadero estado de ánimo del momento. Nunca es algo falso. Siempre es auténtico. La verdad no siempre es perfecta.
No tengo palabras para expresar cuánto me apasionan los Crazy Horse. Tienen un sonido profundísimo, tienen un groove profundísimo... Suenan genial hasta cuando se equivocan, porque lo sienten a fondo. Por mi parte, en general no elijo ese enfoque. Me gustan Sly & The Family Stone, Miles Davis y Mingus. Me gusta la maestría musical estable y cabal. Me crié escuchando jazz. Me puse a escuchar rock recién cuando toqué en mi primera banda de rock, en el colegio secundario. Pasé del rock progresivo a Hendrix, después al funk y después directo al punk de Los Angeles. Ahí caí en la cuenta de que la emoción y el contenido, por simples que fuesen, tenían valor. Un buen tema punk de un solo acorde pasó a ser tan importante para mí como un solo de Coltrane, y la misma sensación tengo con Neil Young. Me cambió la forma de pensar en la música rock. Como bajista, me enganchaba con las canciones muy ruidosas, sincopadas y rítmicamente complejas. Después de escuchar a Neil, empecé a apreciar la sencillez, la intensidad del "menos es más".
El disco de Neil que más me gusta es Zuma, con "Pardon My Heart" y "Lookin’ for a Love": "Pero espero tratarla bien/ y no arruinarle la cabeza/ cuando empiece a ver mi lado más oscuro". Y "Tell Me Why", de After the Gold Rush, cuando dice: "¿Es difícil hacer arreglos con vos mismo/ cuando tenés edad suficiente para devolver pero sos joven para vender?", parece que habla de mí. Sé que no estoy solo. Tonight’s the Night es quizás el mejor disco de rock crudo que exista, al mismo nivel que Fun House, de los Stooges, o que cualquier álbum de Hendrix. Es un barullo total; tiene cosas grabadas con tanto volumen que distorsionan. Los coros están completamente desafinados. Y no le cambiaría ni una nota. Representa el espíritu de lo que es el rock, y es el motivo para tocar rock.
Neil es la persona que tengo en mente cuando pienso en pasar los años en una banda de rock sin perder la dignidad, la significación y la honestidad. Nunca jamás se vendió, y nunca quiso ser lo que no es. Los Chili Peppers recibimos todo el tiempo ofrecimientos para vender canciones para publicidades y auspicios para giras, y nuestro manager dice que eso ya no se considera venderse. Es una movida inteligente, dice. Tal vez algún día nos prostituyamos por el precio justo. No sé. Pero siempre pienso: "¿Neil Young lo haría?". Y la respuesta es no. Neil Young no lo haría ni loco.
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