
Neil Young no escribe canciones, más bien las espera. El año pasado, a puertas de una cirugía cerebral, la espera terminó: un álbum llegó de prisa, el mejor en años y un testamento a su eterno espíritu rebelde.
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El hilo de resistencia que mantiene a neil young atado al mundo actual es delicado. Uno se da cuenta, al conocerlo, que a él nadie le parece ser más real que él mismo, y que detrás de sus ojos de profeta hay un paisaje amplio que es igual de absorbente al que tiene en frente. Young no parece reservado o encerrado en sí mismo, más bien constituido singularmente , miembro de la pequeña tribu de artistas para la que la simpatía es un credo. Él recibe igual cantidad de canciones a las que escribe. El intercambio es místico, y el misticismo, tal como G.K. Chesterton lo dice en alguna parte, mantiene a la gente y a las culturas cuerdas. La lógica, cuando se toma de forma demasiado enfática, es lo que deshace la mente.
Durante el último par de meses Young lanzó un cd de canciones nuevas, Prairie Wind, e hizo una película, Heart of Gold, con Jonathan Demme, que será estrenada el 10 de febrero. En la película Young aparece interpretando la mayoría de las canciones del disco. Ambos proyectos registran el testamento, profundamente sentido, de una mente rebelde que lleva trabajando 40 años. Los arreglos de las canciones son restringidos y poco embellecidos; ni una sola nota es tocada para hacer show. Los temas representan una vida madura, una que mira al pasado y que al tiempo se encuentra llena de esperanza, la expresión de una sensibilidad decidida a mantener su integridad. Las canciones están bañadas en mortalidad y en sentimientos fervientes por su esposa, su familia y sus amigos. La película muestra a Young hablando apaciguadamente sobre el amor que le tiene a su hija, una universitaria; y como sus ademanes usuales son tan discretos, incluso remotos, sus sentimientos en la pantalla son casi toda una revelación.
Es ampliamente conocido que las circunstancias en las que se encontraba Young mientras escribía y grababa Prairie Wind fueron terribles. En la primavera de 2005, como resultado de una migraña, su visión se tornó borrosa. Pero durante unos exámenes, a los que se sometió en Nueva York, para determinar un diagnóstico oficial, los doctores descubrieron que Young además tenía un aneurisma cerebral. Seguramente llevaba con él años, pero ahora podría estallar en cualquier momento. La cirugía quedó planeada para dentro de cuatro días. La operación no fue notablemente ambiciosa, pero cualquier invasión del cerebro incluye la posibilidad de que la persona pueda despertarse siendo alguien totalmente distinto al que era antes de la intervención. Young y su esposa, Pegi, [cantante], volaron de Nueva York a Nashville y se hospedaron en el Hermitage, un hotel que le encanta a Young. Con una guitarra vieja, que le perteneció a Hank Williams, él comenzó a escribir y a grabar con músicos con los que había tocado durante años. Grababa tres o cuatro canciones por día y luego regresaba al hotel y escribía tres o cuatro más. En el disco aparecen en el orden en el que fueron escritas. Young mismo dice que escoger la secuencia de las canciones nunca ha sido su fuerte; “demasiado impaciente”, dice. Le faltó terminar sólo una canción, “When God Made Me”, un himno, antes de entrar en la sala de operación. Se supone que iba a tocar en una ceremonia de premios en Winnipeg, Canadá, donde se crió. Y un par de semanas antes de la presentación, mientras daba un paseo con un amigo, le apareció sangre en la pierna del pantalón. Empezó a sangrar abundantemente de una incisión que le habían hecho para remover un vaso sanguíneo que usaron para remendar el aneurisma. Cuando se despertó, Young estaba mirando hacia una luz blanca e intensa. Estaba en una ambulancia, pero por un momento pensó que había llegado a la gloria. El hecho de necesitar más tiempo para sanar significaba faltar a la presentación en los premios, y cancelarla significaba tener que explicar su ausencia. De lo contrario, él nunca hubiera permitido que alguien se enterara.
El padre de Young, un escritor deportivo famoso en Canadá, falleció el año pasado, a los ochenta y pico de años, después de un periodo de demencia. Cuando era niño, Young observaba escribir a su padre. En esas ocasiones, Young le decía a su padre que parecía que no estuviera haciendo nada; su padre le solía decir “es ahí cuando se me ocurren las mejores ideas”. Esperar una idea es el sello distintivo del método de Young. La muerte de su padre no fue inesperada pero perseguía a Young, sobretodo en momentos durante los cuales su propia mortalidad era tan palpable. Se sentía bendecido por haber escapado de consecuencias duraderas, al igual que afortunado por haber descubierto su problema por medio de un MRI en vez de sufrir un infarto en el pasillo detrás del escenario de algún estadio.
Young vive en california del Norte, al sur de San Francisco, en una propiedad que él llama el Broken Arrow Ranch. En el Rand McNally Road Atlas aparece un pequeño pino en el lugar en donde realmente se encuentra el rancho. Compró el lugar hace treinta y cinco años. Antes de mudarse a él vivió en Los Angeles, en Topanga Canyon. Al salir de Los Angeles condujo a través de un incendio. “La autopista estaba en medio”, me contó. “Ambos lados de la calle estaban en llamas. Fue muy dramático. Yo salía de la ciudad mientras se estaba quemando”.
Young dijo esto hace un par de semanas, en California del Norte, mientras íbamos montados en su Plymouth viejo, y andábamos por los límites de su rancho. Es dueño de una flota de carros de la época de su infancia –ahora cuenta sesenta años–. Su fascinación por los automóviles tiene su génesis en una desgracia del pasado. Cuando tenía seis años se fue a nadar en el Pigeon River con su papá y se despertó esa noche con un dolor en el hombro. Antes de que amaneciera Young estaba tan tieso que su padre lo describió como “un hombre mecánico”. En Shakey, la biografía de Young, escrita por Jimmy McDonough, hay una descripción de cómo fue llevado al hospital y cómo el polio que contrajo en el río casi lo mata. Cuando sus padres llegaron para llevárselo a casa, él dijo: “no me morí, ¿o sí?”. Las enfermeras le cantaron “Beautiful, Beautiful Brown Eyes” y él lloró. Había perdido tanto peso que su madre le dijo a McDonough que “parecía el demonio: piel y huesos”. Había sido un bebé gordo, tan ancho como era de alto, dijo ella. Cuando ella ponía “Boggie-Woogie”, de Pinetop Smith, él se paraba en su corral, se sostenía de las barandas y empezaba a bailar. Un amigo de la familia lo describió como “un bebé malhumorado, gordo y de ojos oscuros. No un bebé feliz, no uno risueño, no uno que participaba en cosas”. Young tiene un hermano mayor, Bob, un ex-profesional de golf en la Florida. Sus padres, absorbidos por las dificultades de un matrimonio que fracasaba, a veces los descuidaban, así que Neil “se convirtió en un pequeño espectador”, según el mismo amigo. Le gustaban las tortugas y la pesca. Le gustaba pintar trenes, y lo podía hacer con ambas manos. Su madre predijo que iba a ser arquitecto o músico. Su padre solía llevarlos a él y a su hermano de paseo en el carro y les cantaba “Bury Me on the Lone Prairie”. Un pariente dijo que Young era “un pequeño niño burlón”.
Después del polio permaneció flaco. Caminaba extraño. [“Tuve que volver a aprender a caminar”, dijo Young cuando estábamos en el carro. “Eso fue interesante”]. Cuando se decidía por algo, decía su madre, no lo podías frenar. Insistió en caminar un par de cuadras hasta el consultorio del doctor por sí solo. A veces se caía en el camino y la gente salía de sus casas para ayudarlo.
Su cuerpo parecía demasiado débil para la ropa de invierno, así que sus padres lo llevaron a la Florida. Le encantaban los carros en Estados Unidos. En Canadá eran más viejos y no tenían tantos accesorios. Cuando la familia retornó a Canadá, vivía en el campo, en las afueras de Toronto. Young criaba gallinas y tenía una ruta para repartir periódicos. “Cuando termine el colegio planeo ingresar al Ontario Agricultural College y pronto aprenderé a ser un agricultor científico”, escribió en un ensayo para el colegio. A los diez años empezó a escuchar rock & roll. Cuando estaba solo en la casa bailaba al son de los discos de sus padres y pretendía ganarse concursos. El primer instrumento que todos recuerdan haberlo visto tocar fue un ukelele de plástico que recibió en su bota navideña. La familia de su padre incluía campesinos que eran músicos. Cuando la lluvia no les permitía salir a los campos se sentaban en la sala y tocaban. Tenía tres primas que cantaban armonías, esta escena la describe Young en “Far From Home”, de Prairie Wind.
Young tenía trece años cuando sus padres se separaron. Su hermano se fue con su padre y Young se quedó a vivir con su madre. Uno de sus amigos de esa época recuerda que Young estaba tan afectado por el colapso de su familia que cuando hablaba del tema, que era muy a menudo, su cara se enrojecía. Su madre se mudó con él a las praderas de Winnipeg. Si él era capaz de no morderse las uñas durante la hora de viaje que les tomaba en llegar, ella lo dejaba tocar guitarra.
La primera canción que Young escribió se llamaba “No”. Tenía un coro que decía: “no, no, no”. Un amigo de esos tiempos le dijo a McDonough: “si miro en retrospectiva, creo que él estuvo solo más tiempo de lo que debía estar”.
En 1962, Young era miembro de una banda llamada Squires, sobre la cual otro miembro decía que era la tercera mejor banda de la ciudad. El primer sencillo que Young lanzó fue con V Records, un sello especializado en polka. “En ese punto yo era diferente”, dijo mientras conducíamos. “No me gustaban los deportes. No era un estudiante especialmente bueno. No tenía la concentración para eso. Yo era un músico. Me preocupaba más tocar shows los fines de semana, y me perdí muchos aspectos sociales al crecer. En vez de estar pensando en quién iba a recoger para llevar al baile, con quién iba a estar o qué iba a hacer, estaba pensando en tocar. Toda esa parte mía se quedó congelada hasta que cumplí veinte años. Fui tardío en ese campo. Pienso que me moví a un ritmo más lento. En mi propia cabeza, muchas veces, pienso que aún tengo veinte. Cuando estoy soñando, aún soy muy joven. Lo siento de esa manera y veo las cosas de esa manera: es mi perspectiva en los sueños. No veo las cosas como una persona madura. Siento que todo el mundo está haciendo eso; la condición humana no está realmente entendida en su superficie; la persona despierta que camina es completamente distinta a la que está dormida. Por eso necesitamos dormir: así es como el alma se desarrolla: cuando dormimos”.
A sus veintitantos, por un instinto de auto-conservación, Young evadió las drogas psicodélicas. “Estaba demasiado atemorizado, porque mis pensamientos ya estaban allí”, dijo en el carro. “La gente se la pasaba hablando de lo que les ocurría cuando estaban en un viaje, y yo pensaba, “eso es lo que me pasa a mí todo el tiempo. Me lo advirtieron los neurólogos, ‹‹No uses estas drogas, no serás capaz de regresar.›› Yo ya tenía suficientes dificultades”. Cuando era niño, tuvo ataques leves que se agudizaron a medida que envejecía. Mientras tocaba con Buffalo Springfield, a menudo sufría ataques que empezaban durante la última canción de la noche y que le daban apenas suficiente tiempo para escapar del escenario antes de que se pronunciaran de lleno. McDonough escribe que cuando Young se encontraba en medio de un ataque veía gente como de otro mundo: le preguntaban cómo se encontraba , en dónde había estado y lo llamaban por otro nombre. Su identidad volvía a él lentamente, era como si se estuviera reconstruyendo pedazo por pedazo.
Principalmente, young conduce sus carros viejos alrededor de Broken Arrow, el cual es extenso. Los chóferes que prestan sus servicios en el sitio se dibujan mapas de las calles interiores entre sí para no perderse. Fuera de su casa, Young tiene un establo para sus trenes de juguete. Es dueño parcial de Lionel Trains y trabaja con el Departamento de Investigación y Desarrollo de la compañía. Entre las contribuciones que ha hecho está algo llamado Rail Sounds. Para Rail Sounds Young grabó ruidos de trenes y los instaló en chips dentro de los trenes de juguete. Según Elliot Roberts, amigo y manager de Young, “suena como si Amtrak estuviera pasando”. El Broken Arrow es remoto. Algunas personas, como Roberts y Graham Nash, lo visitan con cita previa, ya que es “un camino largo”, dijo Roberts, “hasta que te das cuenta que no hay nadie en casa”. Algunos de los autos que restauró, los llevó a su estado original y hoy los califica como objetos de museo. Otros únicamente los ha arreglado para que funcionen. El Plymouth tenía guardabarros altos y redondos, un techo redondeado y, sobre el panorámico, un visor como el de los taxis para que no estorbe en la lluvia. La pintura se había disuelto por el sol, así que se había tornado en un gris jaspeado y tenía la textura de un cuero animal. El asiento delantero era como un sofá. Una pluma de águila colgaba del parasol y otra colgaba del montante del retrovisor, y adherido al parasol había una fotografía borrosa con uno de los hijos de Young: tiene tres, dos hijos y una hija.
Habíamos partido del parqueadero de un restaurante cercano al rancho. Young nos condujo al oeste, en dirección al océano, por una carretera inmersa en sombra. A través de las copas de los árboles entraban rayos de luz tan distintivos que parecían las vigas de unas estructuras enormes, elevadas sobre el follaje y fuera de vista. La carretera apenas parecía lo suficientemente ancha para el carro. La bajada era aguda y las curvas cerradas. El manubrio de plástico era de un color crema y muy grande, y Young parecía estar forcejeando con él, como si estuviera conduciendo un camión. La impresión que daban el manubrio gigante y los guardabarros amplios, los árboles tan altos y derechos, como inmensas cortinas alrededor nuestro, y el sol, escondido detrás de ellos, era la de una infancia a escala desigual, en la cual los ojos de los papás parecen estar observando desde arriba, y la pared lejana de la sala aparenta estar al otro lado de un extenso campo.
Las canciones de Young son más descriptivas que narrativas. Pintan su estado mental o su relación con algo por lo que está pasando. Un autor autobiográfico típico está tratando de despojarse del material que lo atormenta. Como las canciones de Young documentan su estado mental durante los últimos casi cuarenta años, me pregunté si había temas que recurrían, y si él los había visto desde que era un hombre joven. Su respuesta fue oblicua: “he sido bendecido en mi vida con algo”, dijo, “con la habilidad y las ideas que tengo”. Se encogió de hombros. “Ha habido cosas que he hecho que le han costado trabajo a la gente. No les ha gustado todo. Quieren que haga la misma cosa una y otra vez, y piensan que soy inconsistente y que estoy errado cuando no lo hago. Esa es una perspectiva muy estrecha, pienso. Sólo porque no hago lo que le gusta a la gente no quiere decir que esté errado. Tengo suerte de tener ideas nuevas. Simplemente intento mantenerme abierto”.
“Pero ¿no ves temas en tus tópicos?”.
“Soy feliz cuando tengo una idea”, dice, “cuando mi música da la vuelta. Lo que es difícil para mí es ir de una banda a la otra. La gente piensa que es un viaje como solista, conmigo como pieza central; yo pienso que es una banda. Tipos como Ben Keith han estado conmigo treinta y cinco años. Rodando con la movida, saliéndose cuando no los necesito, luego regresando fuertemente, diciéndome lo que piensan de las cosas. Así sea una banda a nivel de negocios o a cualquier otro nivel, sigue siendo una banda para mí.”
Estar sentado en el automóvil me hizo sentir un poco como estar sentado en una habitación que daba vueltas. Cada vez que Young cogía una curva cerrada, mi lápiz se deslizaba por la página de mi cuaderno.
“Me gusta rockear y entonces no quiero rockear”, Young proseguía. “Quiero tocar a todo volumen y entonces no quiero tocar a todo volumen. Me siento abrasivo y entonces no me siento así. Me siento suave y no me siento suave. Tuve una banda y entonces no tuve una. Entonces fui un cantante de folk. Siempre me la paso yendo de un extremo al otro. Esa es una forma de hacer música que yo sigo. La única parte difícil es hacer el cambio. Tienes que decirle a la banda que no los usarás esta vez. Lo cual es difícil, porque me gusta tanto lo que hago que siento que esto es lo que voy a hacer por el resto de mi vida. Pero no sucede así. Hago lo posible para mantenerlo armado, pero tendré que cambiarlo, lo haré. Me dan antojos. Si estoy tocando con la gente adecuada y las historias siguen saliendo, las historias fluirán a través mío. Si estoy intentando hacer algo demasiado difícil, todo se cierra”.
Young es la clase de cantautor que es más estático que esmerado. Las canciones le llegan tan rápido que a veces tiene dificultades en anotar todas las palabras. Ocasionalmente una canción entera se le revela en cuestión de veinte o treinta segundos. En Nueva York, un par de semanas antes, habíamos mirado juntos el libro en el que él había escrito las letras de Prairie Wind. Tenía un encuadernado suave y páginas como de periódico. En una carátula Young había dibujado una octava de varias pulgadas de altura, con una corchea al final del tallo. “Ese es un título”, dijo. Luego le dio vuelta al libro, de arriba abajo, de manera que lo que estaba escrito al final del libro estaba invertido en comparación con lo que estaba escrito en la parte delantera. En esta carátula había escrito: “notas a mí mismo(s)”. Pasó por las páginas para mostrarme que esta sección contenía dibujos de controladores para trenes de juguete. “No sé cuál era el propósito de hacerlo de esta manera”, dijo, “pero en algún momento se encontrarán”. Después le dio la vuelta al libro y me mostró las letras, escritas en esfero, con alguna palabra tachada aquí o allá, y con los versos mismos, normalmente, no excediéndose sobre la mitad superior de la página. “Puede que tenga dos líneas y sólo uso una versión de ellas”, dijo. “O una o dos líneas sin usar. Si miras, a veces son tres, cuatro, una, dos en términos del orden de los versos, pero usualmente es tal como llegó. Es cuestión de en dónde lo intercepte, cuál parte. Si no lo cuestiono, sale bien. Si lo cuestiono, se puede demorar meses”.
Dije algo sobre lo inusual que es el poder escribir con tanta fluidez y cómo otros autores no lo describen normalmente.
“De pronto no se lo permiten”, dijo Young. “De pronto dejan que demasiadas otras cosas se les entrometan en el camino”.
El cerró el libro. “Cuando empiezas a escribir”, dijo, “no dejes que otras cosas te molesten. Sigue adelante. No se demora mucho. No toma mucho tiempo estar ausente”.
Young ha escrito que el es un niño, pero no es un niño perdido. Hay algo severo e idiosincrásico que lo ha guiado, sin ningún remordimiento, hasta sus propósitos. Aunque la inocencia no parece haberlo dejado nunca. Su música, su presencia y sus palabras están tan asustadas con la intención de ser receptivas a la sensación y a la sugestión interior, que terminan siendo una inocencia reforzada, una aceptación de un compromiso, casi primitivo, con el río, la corriente, catarata o fuente que dota las imágenes, palabras y sonidos que se convierten en canción en las manos apropiadas y talentosas. Debido a un deseo de preservar su mente casta, no lee mucho, si es que no lee en absoluto. La influencia, siente él, podría no ser bienvenida. Por otra parte, no es inusual que los hijos de escritores no lean, que sientan que no pueden encontrar su propio suelo en ningún sitio que no sea por fuera de la sombra que han dejado sus padres o madres.
Una vez que Young tiene una canción, es raro que vuelva a ella. Trata de grabarla rápidamente. Casi nunca le cambia cosas. Ve la edición como una pérdida de seguridad, como un método de fracaso. Su experiencia es que si él es suficientemente sensible, la canción quedará en su forma final. “Tienes que ser abierto”, dijo en el carro. “Si estás prestando demasiada atención, no estás abierto. Yo sólo quiero estar allí y los pensamientos y las ideas llegarán. No los afanes, y cuando lleguen, no los critiques. Si tengo que editar algo es por que no estaba suficientemente abierto para recibirlo. Y no siempre soy exitoso”.
Hace años, a Young le gustaba escribir las letras sobre páginas de periódico, por que sus propias palabras entonces quedaban escondidas en medio de las impresas, y de esta manera la actividad de escribir se convertía en algo menos cohibido [Tal vez también estaba haciendo una conexión inconsciente con su padre, quien tenía una columna de periódico]. “En la escritura”, dijo en el automóvil, “debes tratar de estar lo menos afectado por lo que está pasando a tu alrededor. Me gusta extraerme de mi mismo para escribir sobre lo que quiero escribir. Me gusta pensar acerca de mi como un alma más sobre el planeta. Si pensara en mi como un rockstar no creo que podría tener un punto de vista interesante”.
Young da la impresion de ser un hombre que es acechado por las fuerzas del arte, las cuales lo encontrarán más fácil de lo que él las encontrará a ellas. Cuando nada llega, él se ocupa de otra manera. “Por la mañana de pronto me voy al estudio y prendo una fogata”, me dijo en el carro. “Agarro una guitarra. Guitarras diferentes te hacen escribir de manera diferente. Cada día es diferente. Podría estar escribiendo mientras camino. Si no está funcionando, continúo viviendo mi vida. Para mí, escribir canciones es como cazar un animal salvaje, lo que pasa es que no estás tratando de matarlo. Estás es tratando de comunicarte con él, de persuadirlo para que salga de su guarida. No vas y le prendes fuego para sacarlo del escondite, y tampoco intentas asustarlo para sacarlo. Cuando salga no vas a querer que te tenga susto. Tienes que ser parte de lo que ve cuando sale, de lo que ve como natural, para que no te vea como una amenaza. Para mí, las canciones son seres vivientes. No se caza para capturar. Sólo quiero obtener un vistazo de ello, para grabarlo”.
Las canciones en Prairie Wind a menudo tienen significado obvio. En el primer plano de “Falling Off the Face of the Earth” hay una sugerencia de remordimiento y preocupación. Cuando uno se distancia un poco hay una sugerencia del vuelo que hace el alma en el momento de morir, si es que existe algo así, y sin duda alguna hay un archivo sustancial de referencias que apoyan la imagen, al igual que un catálogo de evidencia metafórica. Semejante descripción no le pide al oyente creer en una vida después de la muerte, únicamente en que hay un argumento plausible que dice que algo pasa después de la muerte; una presencia parece abandonar al espíritu humano, ya sea repentina, agresiva o pacíficamente. En la canción “Prairie Wind” él canta: “Prairie wind blowing through my head” [viento de la pradera soplando por mi mente]. Cuando mencioné, en el carro, la idea de que en ciertas culturas un viento que sopla por la mente es una imagen de locura y muerte él sonrió torcidamente pero no dijo nada.
Young tiene una sensibilidad de buscador, una susceptibilidad a las impresiones que recibe de paso o a medias. El himno “When God Made Me” es profundamente subversivo. Está hecho para inquietar a aquellos arduos creyentes, cuya seguridad en la santidad los hace sentir como si pudieran imponer sus creencias sobre el resto del mundo.
“Yo estaba haciendo preguntas sobre la fe”, dice Young, “pero una me evadía constantemente. No podía descifrar cuál era la última pregunta”.
Young se sorprendió al escribir una canción al estilo eclesiástico. Nunca antes lo había hecho. Tampoco parecía encajar en el contexto de las demás canciones del disco. Se preguntó, en voz alta, frente a uno de los ingenieros, de dónde podría haber salido una canción así. El estudio en el que estaban trabajando solía ser un hospital de la Confederación y una morgue. El ingeniero sacó una linterna y le dijo a Young que lo siguiera. Dirigió la luz a través de un hueco en el techo. “Se podían ver las ventanas de un arco”, me contó Young, “y la parte de una cúpula. Antes de que fuera un hospital, el edificio había sido una iglesia”. No estoy intentando sugerir que Young fue un médium que recibió información del mundo de los espíritus. Estoy diciendo que Young está atento a sensaciones oscuras. Desde el rabillo de su ojo, cuando caminaba por el edificio, o tal vez, por la manera en la que los cuartos estaban diseñados, le pareció recordar una iglesia, y en el ático de su inconsciente, esa observación se fusionó con otra que lo movió a expresar algo a través de una canción.
“When God Made Me” fue terminada un par de semanas más tarde, después de que Young decidió que la iba a tocar en el Live 8. “Me la pasé pensando, ‹‹no sé lo que estoy tratando de decir››. Ahí es cuando me meto en problemas, porque yo pensaba que sabía lo que quería decir. Finalmente, la palabra ‹‹compasión›› salió de la nada. Tratas de no ahuyentarla”. Los versos hacen una serie de preguntas sobre las intenciones de Dios. “Was he planning only for believers, or for those who just had faith?/ Did he envision all the wars that were fought in his name?/ …Did he give me the gift of voice, so some could silence me?/ Did he give me the gift of vision not knowing what I might see?” [¿Él estaba planeando únicamente para creyentes o sólo para aquellos que tienen fe?/ ¿Él visualizó todas las guerras que fueron peleadas en su nombre?/…¿Me dio el don de la voz para que algunos me pudieran silenciar?/ ¿Me dio el don de la visión sin saber qué podría ver?] El último verso dice, “Did he give me the gift of compasión to help my fellow man?” [¿Me dio el don de la compasión para ayudar a mi hermano?] Cuando se le ocurrió la compasión, Young se dio cuenta que era lo que había estado esperando. Entonces se sintió sorprendido por haber estado intentando de forma tan intensa.
“Había estado pensando, >. ¿Cómo puse eso en la canción? Ese es un pensamiento de negocio. Mi método se había desmoronado. No estaba siguiendo mis reglas. Estaba mirando, tanteando, y hubiera podido durar años”.
Se quedó en silencio por un momento. “Hay muchas personas diferentes dentro de ti”, dijo luego. “Muchas criaturas diferentes viajando dentro de ti. Por fuera puede que parezcas ser tú, pero tal vez son esas cosas diferentes que están pasando por ti, y es un tráfico pesado”.
Salimos del bosque a unas montañas onduladas de pasto verde y amarillo. “Saco mucha de mi música de esta geografía”, dijo Young. Luego señaló una puerta, al otro lado una carretera destapada, que llevaba a través de un campo y dijo, “ese es el camino trasero para entrar a mi rancho”. Seguimos conduciendo y la tierra se volvió plana; llegamos al océano y cogimos la autopista Nr. 1. Condujimos a lo largo del océano por un par de millas, hasta que llegamos a Pescadero, ahí giramos tierradentro.
Cuando señaló un cementerio le pregunté si él había hecho planes para su lugar de descanso y dijo que no. “Pero mi lugar es en la pradera, Winnipeg”, dijo. “Estuve allí cuando tenía ocho años y luego otra vez cuando tenía doce. Después de que mis padres se separaron. Las raíces de mi papá son de Cyprus River, Manitoba”.
Empezamos a subir montañas, en dirección este. Fuera de los escombros de un camión viejo y unas cercas, los campos estaban vacíos. Al ver ganado le pregunté a Young si tenía animales en sus tierras. “Oh, si”, dijo. “Caballos, ganado, algunas llamas”. El cielo no tenía nubes y era de un azul profundo. “Sales por acá, sobre estas carreteras viejas en un automóvil viejo”, dijo Young después de un momento, “no sabes en dónde estás, no sabes qué hora es. Eso siempre es bueno”.
En La Honda pasamos por un lote vacío y algo de maleza, y Young dijo, “este solía ser un gran bar, el Boots and Saddle Lounge”. Pasamos la siguiente curva. “No, aquí es donde era”, dijo. “Justo donde está la maleza. Se quemó. Yo solía tocar allá con Crazy Horse todo el tiempo. Le avisabas a la gente alrededor de las dos o tres de la tarde, entrabas tus equipos como a las cuatro, y a las nueve cuando empezabas a tocar ya había cantidades de gente”. Más adelante en la carretera, señaló una casa de un nivel cobijada debajo de unas secuoyas y me dijo que él pensaba que era la casa en la que Ken Kesey había vivido durante los días de los Acid Tests.
Habíamos estado conduciendo durante casi dos horas cuando reconocí, por los árboles, que debíamos estar cerca del restaurante. Pasamos junto a ocho o nueve camiones de basura que estaban parqueados junto a la carretera. Young dijo que estaban usando el sitio como área de partida para la carretera que están construyendo en las tierras que él acaba de vender. “Me siento como agri-dulce en cuanto a vender”, dijo. “Ya no tengo que cuidarla más, así que me siento bien. Por otro lado, realmente nunca te gusta perder algo que amas. Sólo hay un cierto número de cosas de las que te puedes agarrar”.

