
Neustadt, el hombre que volvió de la muerte
Afirma que cambió tras morir y haber vuelto a la vida; ahora que no le interesa el rating, lo deprimen las noticias y en 1999 va a jubilarse.
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Bernardo Neustadt no es Víctor Sueiro. Y sin embargo hay dos cosas que los igualan: los dos aseguran haber estado algunos minutos muertos, y los dos cambiaron a partir de esa experiencia.
Para quien lo escucha, la sola idea puede resultar por lo menos extraña. Pero para Neustadt representa un punto de inflexión. A tal punto que no quiere olvidar ese momento. Es más, sobre su escritorio, exactamente frente a la máquina de escribir en la que redacta sus monólogos de radio y TV, tiene la prueba de su resurrección: allí, encuadrado y rodeado de estampitas de santos, tiene el electrocardiograma donde se ven claramente esos cinco minutos de "muerte" que lo hicieron "cambiar para siempre".
Neustadt no tiene problemas en mostrar esa intimidad, en su propia casa. Tampoco en contar lo que le ocurrió ese martes de septiembre cuando se desvaneció. "Vi una bóveda celeste al fondo de la cual estaba mi madre. Ella me decía: ¡Bernardo, por fin viniste a visitarme!. Pero yo le avisé: Mamá, no vengo a quedarme. Y ahí termina el cuento así que no voy a poder escribir un libro como Víctor Sueiro", dice, conjugando raramente la tragedia y el humor.
Pero más allá de esa extraña combinación, Neustadt asegura que la experiencia lo cambió por completo. Dice que ya no es un "enamorado de los noticieros"; ahora, las noticias lo deprimen y le "ensucian el alma". Dice que ya "no le importa el rating"; que once puntos sólo significan que hay treinta dos millones de personas que no lo ven. Dice que se sabe no querido, pero que no le importa. Y asegura que en 1999, con el fin del siglo, se va a retirar para siempre de la radio y la TV.
Sólo el cartel que abre la entrada a su casa, en Martínez, denota que el trabajo lo persigue hasta allí: "Tiempo nuestro", dice el letrero que cuelga delante de la puerta prinicipal. Pero antes de llegar hasta allí hay que atravesar unas rejas celosamente custodiadas por un guarda y un enorme sabueso marrón.
Tras esa fachada, en el interior de la casa, el conductor de los "no me dejen solo" abandona la rigurosidad. Allí, en lugar del gran sabueso, está "Mía", un pequeño perrito de apenas tres meses que comparte las horas conNeustadt y hasta interrumpe la entrevista para juguetear y besar al conductor.
En ese ambiente, Neustadt se nota cómodo. Descalzo, en jeans y camisa, Neustadt recibió a La Nación en el living de su casa para hablar de la nueva temporada de su ciclo, "Tiempo nuevo", que comienza este lunes por América, de 22 a 24.
-¿Por qué asegura que cambió tanto?
-Porque el año pasado me morí y volví. Y después de haber estado cinco minutos muerto, me pregunté: ¿qué estamos haciendo con la realidad?. Entonces me dí cuenta de que los periodistas tenemos la desgraciada costumbre de generalizar. Nosotros nacimos para separar la cizaña del trigo. Pero no le voy a dar de comer cizaña a la gente. Y si se la doy, le voy a dar diez gramos contra un kilo de trigo. Quiero ser distinto. Lo mío es un sello: distinto, distinto, distinto. No voy a pelear por el rating. Voy a hacer lo que me reconforte. Y además voy a demostrar que la sociedad no está formada exclusivamente por perversos jueces o asesinos que matan fotógrafos.
-¿Va a negar esos temas?
-Lo que no quiero hacer es humillar a toda la gente. No quiero movilizar a la gente alrededor de la idea de que esta es una sociedad perdida. Es más, en la última media hora del programa voy a hablar con gente interesante como Alejandro Dolina, Alan Parker ,o quién sea.
-¿Se puede hacer eso cuando hace un mes asesinaron al fotógrafo José Luis Cabezas y todavía no hay nada resuelto?
-A mí me preocupa más la familia de Cabezas que Cabezas. Y además, se puede hablar del amor, de la generosidad, de las buenas conductas. Cuánto tiempo la gente va a guardar un minuto por Cabezas. A mí no me interesa guardar un minuto de silencio, yo quiero no guardarlo para saber quién lo mató. Voy a plantear el tema así: "Un día, seres humanos rabiosos mataron a Cabezas, apenas un fotógrafo. Otro día, seres humanos rabiosos mataron a María Soledad, apenas una criatura. Otro día, seres humanos rabiosos mataron a Carrasco, apenas un conscripto". Y si no podemos descubrir un crimen que no es del estado, qué podemos descubrir.
Estamos indefensos. No voy a ignorar a Cabezas ni al juez corrupto; pero a la media hora voy a mostrar a una chica del Chaco que devolvió cien pesos que le quería pagar una diputada.
-¿Usted cree que esa es la opción?
-La gente quiere alternativas. La televisión está marcada para la cizaña. Yo quiero dar de lo otro. No tengo cizaña para ofrecer. No tengo, no la busco y no la quiero.Puedo perder, no lo discuto; pero no me importa. Hay una parte de la sociedad que quiere ver otra cosa. Y yo le voy a dar la alternativa. Yo también antes era un enamorado de los noticieros. Pero hoy, cuando los veo, no me dan ganas de vivir. Por ejemplo, después de ver la investigación de Telenoche (sobre el juez Carlos Branca) tuve que suspender una salida con mi mujer porque me deprimí.
-¿Tanto le impactan las noticias?
-Lo primero que hago a la mañana es leer los diarios para preparar el programa de radio, que hago desde aquí, desde mi casa. Sólo la tinta me empieza ensuciar las manos; pero cuando empiezo a leer se me ensucia el alma. Es como alimentarse con comida intoxicada.
-¿Está cansado?
-No. Estoy arrepentido de haber aportado tanta cizaña. Qué idea quedaba en la gente que veía mis programas si sólo se insultaban, si sólo se decían boliviano o tarado. Quiero dar otra cosa. Después de lo que me ocurrió, entendí que sólo soy un sirviente de la gente común. A mi no me contrata un canal, me contrata la gente que desde hace 35 años me permite servirla desde la televisión.
-¿Pensó en retirarse?
-Sí. Lentamente voy a ir dejando cosas hasta llegar el 99, cuando termina el siglo, para terminar.
-Usted dice que el rating no le importa. Pero el año pasado empapeló la ciudad con afiches que hablaban exclusivamente de eso.
-Ya no vivo pendiente de eso. Antes, cuando terminaba mi programa, en vez de disfrutarlo, empezaba a pensar en el próximo y en el rating. Y es muy triste vivir así. Usted se dio cuenta que todos nuestros exitosos son tristes; todos tienen peleas, inconvenientes. Gabriela Sabattini es triste, Menotti es triste. Y usted cree que Perón...perdón, que Menem es feliz o que Duhalde es feliz.
-¿Quiere decir que usted es exitoso?
-Pero soy feliz.
-¿Entonces es una excepción?
-No. Creo que hay gente que cree que no soy exitoso. Cree que permanecí lo suficiente como para ser conocido. Pero nunca voy a perder la felicidad por mi profesión.
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