La desopilante vida de Nino Dolce: entre chamanes, Playboy y la Feria de Mataderos
El mediático volvió a la televisión con una serie; en diálogo con Personajes.tv habló de todo: sus experiencias en la selva peruana y su inminente paternidad
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Desde la habitación contigua llegan ruidos, música, diálogos cortados. El living es pequeño pero confortable, algo impersonal a simple vista pero lleno de identidad en sus paredes: un afiche de Il cucinero dell’ amore por aquí, otra foto suya en el rol que lo hizo famoso por allí y el inconfundible logo de Playboy recubierto con semillas de zapallo teñidas de rosa acaparando la escena.
Nino Dolce -o Rómulo Tirri, según indica su documento- está buscando algo que quiere mostrarnos en el DVD que contiene la primera temporada de Nino Dolce Hotel , la serie que acaba de estrenar en la señal del conejito. "Vengan, vengan", dice. Está sentado sobre su cama, mirando el televisor. Parece un niño entusiasmado con la idea de exhibir su última ocurrencia. En la escena se lo ve junto a una morocha muy agraciada, casi desnuda. "Esa es Connie, mi novia", dice al pasar. Connie es modelo y diseñadora. La conoció hace unos meses, durante las grabaciones del programa, y muy pronto lo convertirá en padre por segunda vez.
-¿Por qué decidiste volver a trabajar en Playboy TV?
-Se dio naturalmente, el año pasado. Yo había tomado en un momento la decisión de alejarme de los medios, estaba muy sobreexpuesto y se hablaban muchas boludeces. La verdad es que no me hallaba, sentía que le daba de comer a los programas pero me hacía mierda. Me fui un año a Perú, a la selva, en un viaje espiritual que hice. Estuve con los chamanes y me hicieron laburo de "limpieza".

-¿La decisión la tomaste de un día para el otro?
-No, la fui madurando. Estuve trabajando en Miami un par de meses y justo me encontré con los chicos de los Auténticos Decadentes, que son muy amigos. Algunos de ellos cada tanto van a Perú a tomar plantas y me hablaron un montón de su poder, de los curanderos. Yo sentía que tenía que abrir un camino espiritual, me sentía bastante vacío y muy contaminado por la porquería de la televisión y la noche, las malas compañías. En dos meses tomé la decisión, llamé y dije que iba a ir.
-¿Cuánto tiempo estuviste?
-A la selva en un principio fui por tres meses, pero después fueron seis y finalmente terminaron siendo nueve. Las sesiones de ayahuasca son increíbles, tomé unas 40 veces, una vez por semana, y cada sesión es como "chuparle un dedo a Dios", una cosa muy loca. Igual allá la vida es muy difícil, porque tenés que respetar la abstinencia sexual, no podés comer carne, ni sal, ni azúcar, ni café… Sólo comés arroz con verduras y frutas, te levantás a las 6 de la mañana, tenés que hacer meditación y yoga.
-¿Te resultó muy difícil seguir esa rutina?
-No fue fácil, pero sentía el cambio que se iba produciendo y eso me daba fuerzas para seguir. Lo complicado era estar incomunicado, no saber nada de mi familia ni de cómo había salido Lanús el fin de semana. Justo un día pasé por un lugar y en el televisor estaban pasando el resumen del partido en el que Lanús le ganó 2 a 1 a River en el Monumental, cuando los mandamos a "la B".
"A la selva en un principio fui por tres meses, pero después fueron seis y finalmente terminaron siendo nueve. Las sesiones de ayahuasca son increíbles, tomé unas 40 veces, una vez por semana."
-¿Cómo viviste ese shock de realidad?
-Y, me dieron ganas de volver, fue muy fuerte. Igual sentía que había cumplido un ciclo. Volví un par de veces a hacer lo que ellos llaman "dietas", que consiste en ir 10 días al interior de la selva, te dejan solo y hacés meditación, ayuno, tomás plantas y te conectás.
-Mucha gente tiene malas experiencias con la ayahuasca…
-En una ceremonia de ayahuasca vos pasás por todos los estados, desde una cosa muy psicodélica a vivenciar recuerdos de cuando tenías 2 años, temas que tuviste con tus familiares de miedo, de pelea, de odio. Cosas que vas trabajando durante toda la sesión. Es como que la ayahuasca no te deja meter la basura debajo de la alfombra, te deja todo enfrente y lo tenés que laburar. Entrás como a una dimensión que está pero que no la percibís, te sentís súper sensible y te das cuenta de que sos parte del árbol, de la hormiga, del agua… Es muy loco cómo te conecta con todo. Después de una sesión te sentís bueno, liviano, como que hiciste una limpieza muy profunda. Eso me ayudó a mantenerme lejos de las peleas, los quilombos mediáticos.

-¿En qué momento sentís que perdiste la lucidez?
-Cuando salí de la casa de Gran Hermano . No entendía nada, iba a un shopping y se me tiraba la gente encima, estaba muy sobreexpuesto. Yo en ese momento estaba laburando en Playboy y tenía un contrato en Fox para los sábados a la noche, pero me picó el "bichito" de ser más conocido, de estar en un producto sumamente masivo y me encerré en la casa.
-¿Y qué pasó adentro?
-Hice ese personaje exacerbado. Las cámaras estaban todo el día pero el minuto en el que hacía alguna locura lo editaban y parecía que era un sacado las 24 horas. Ojo, yo inventé ese personaje, pero hay un montón de otras cosas que no se vieron nunca. Todos estábamos catalogados entre el lindo, el bueno, el malo… Yo era el loco. Si bien la parte de hacerme muy popular dio resultado, no fue como yo quería y era complicado porque me llamaban para hacer quilombo, para hablar de la noche, de los gatos. Era muy diferente a la imagen del bon vivant que venía trabajando en Playboy.
-¿Nunca tuviste miedo de terminar odiando a Nino Dolce?
-Y, Nino Dolce me tiene un poco agotado. Es muy intenso el personaje y hace diez años que lo hago… Al margen, trabajo en Cultura del Gobierno de la Ciudad, en la Feria de Mataderos, organizo y se me va inclinando la balanza para ese lado. Pienso que puedo llegar a hacer una o dos temporadas más con este personaje y ya.
-¿No te gustaría probar con otra cosa dentro de la actuación?
-Lo que pasa es que siempre me convocan para ese tipo de personajes. Tengo escritos algunos cortos, estudié actuación con Norman Briski, con Pompeyo Audivert, compartí con Carlos Evaristo, tengo formación… Pero siempre fui cagón y nunca hice stand up , siempre me sentí cómodo haciendo a Nino. Y convengamos que todos los hombres quisieran ser Nino, siempre rodeado de las mejores minas, estar tomando champagne y que te paguen por eso. Es muy difícil decir que no.
-¿Tenés el proyecto de formar una familia?
-Bueno, mi novia está embarazada, estamos conviviendo... Además tengo un hijo de 14 que está estudiando, de una relación anterior. Lo del embarazo es bastante reciente, hace tres meses que nos enteramos y estamos muy felices.
"Si me hubieran llamado para hacer un programa de la tarde lo podría haber hecho perfectamente, pero quedé colocado en lo que es la noche y el sexo. Y lo de
-Eso capaz que ayuda a dejar a Nino a un costado…
-Y… no se. Lo del bon vivant se tiene o no se tiene, uno lo lleva consigo en todas las circunstancias de la vida. Obviamente va a haber cambios, otro tipo de horarios, pero ya pasé por eso. Soy un perro viejo.

-¿Sentís que Rómulo Tirri fue devorado por el personaje de Nino Dolce?
-Sí. Eso no es ni malo ni bueno, es lo que sucedió. Si me hubieran llamado para hacer un programa de la tarde lo podría haber hecho perfectamente, pero quedé colocado en lo que es la noche y el sexo. Y lo de Gran Hermano no ayudó mucho porque me dejó en el lugar del psicótico. Es muy loco, pero la gente me quería ver así, me pedía eso, y estar en la tele se convierte en una adicción. Fue un error, pero sobreviví.
-¿Qué podés contarnos de tu regreso a la pantalla de Playboy TV?
-Estoy haciendo Nino Dolce Hotel , y para hacerlo pedí que me acompañara Juan Carlos Velázquez, "el Mini". Fue como un capricho mío. Al principio como que en el canal no lo entendían, pero les pedí que confiaran en mí y realmente conseguimos armar una dupla muy divertida. En la trama, Nino puso un hotel y todo está armado como esas comedias de Olmedo, con situaciones picarescas… Hay secciones nuevas, nos acompaña Pamela Pombo. Nos divertimos mucho grabando.
-¿Y cómo llegás a la Feria de Mataderos?
-Mi mamá es la fundadora de la feria, hace 30 años que está ahí. Yo siempre trabajé en la oficina, pero cuando salió lo de Playboy venía el ministro de Cultura y le decía a mi vieja: "Che, lo vi a tu hijo en la tele, la rompe". Ella se agarraba de los pelos. Después, con lo del quilombo de Gran Hermano no daba estar ahí, era una locura. Cuando volví de viaje, los chamanes me habían dicho que tenía que enterrar a Nino y dejar que saliera Rómulo afuera, empezar a construir mi camino en la feria. Me hicieron hacer un ritual en el que tuve que cavar mi propia fosa de dos metros, me dieron una pajita para respirar y me enterraron desnudo en la tierra por un buen rato.
-¿Qué pensabas en ese momento?
-Que en algún momento vamos a estar todos ahí. Fue tranquilo. Me acuerdo que antes de la última palada de tierra, miré para arriba y vi pasar un pajarito. Me pareció que era un buen presagio. Igual enterré a Nino y al poco tiempo apareció de nuevo… O capaz que salió el zombie, no lo sé (risas).
"Los chamanes me habían dicho que tenía que enterrar a Nino y dejar que saliera Rómulo afuera. Me hicieron hacer un ritual en el que tuve que cavar mi propia fosa de dos metros, me dieron una pajita para respirar y me enterraron desnudo en la tierra por un buen rato."
-Es como tu karma...
-Los chamanes querían que cerrara mi Facebook de Nino Dolce, que diera de baja a la página y eliminara mi casilla de mail, pero llegué y me llamaron de Playboy y no me dieron tiempo a nada. Lo que noto de diferente es que el Nino de antes era indomable: arrancaban las grabaciones a las 8 de la mañana, a las 10 ya estaba en pedo correteando a las chicas por los camarines, las volvía locas, venía de fiesta de la noche anterior. Era Nino las 24 horas. Ahora voy descansado, con el guión leído, hago lo que tengo que hacer, me pido un lugar aparte para estar concentrado. La gente de Playboy misma se da cuenta de que es mejor laburar conmigo así, que no les demando otro cajón de champagne para seguir grabando. Era un muchacho difícil...
-¿Sólo consumías alcohol o también drogas?
-No, para Playboy sólo alcohol, porque la verdad que estar en cámara drogado es muy complicado. Pero champagne, a lo loco.
-Volviendo a la feria, ¿cuál es tu función específica?
-Soy el productor artístico, armo un poco lo que se va a ver en el escenario. También estoy en la parte de las solicitudes para los cortes de calle, la electricidad, los baños químicos, pedir artistas, pelear el presupuesto para el año siguiente.
-¿Te resulta sencillo hacer todo eso?
-¡Me resulta aburrido! Pero es algo que viene de familia, y después de 30 años me gusta decirle a mi vieja que descanse un poco y que me hago cargo. Creo que es momento de cambiar un poco los hábitos y hacer un poco más de escritorio y menos barra de bar.
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