Noche para la historia
En un concierto consagratorio, con la dirección de Claudio Abbado, la legendaria agrupación alemana se presentó por primera vez en el país.
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La espera terminó: anteanoche, la Orquesta Filarmónica de Berlín hizo su esperado debut en el Teatro Colón con un concierto conmocionante.
La legendaria agrupación alemana, con la dirección del italiano Claudio Abbado, ofreció una versión mágica y plena de música de la Sinfonía Nº 9 de Gustav Mahler ante una sala colmada y entusiasta. Fue la única obra de una velada histórica, organizada por la Asociación Wagneriana.
Y fue suficiente: la monumental despedida sinfónica de Gustav Mahler -la escribió dos años antes de su muerte y fue la última que completó-, fue interpretada con una entrega y una calidad musical inigualables.
La Filarmónica de Berlín era la última de las grandes orquestas del mundo que todavía no se habían presentado en el Teatro Colón. La leyenda dice que Herbert von Karajan, director desde 1955 hasta 1989, fue quien se negaba a viajar, enojado por una crítica adversa que había recibido en Buenos Aires, cuando dirigió aquí en 1949.
En una conferencia de prensa antes de las funciones, el manager de la orquesta relativizó la historia, al sostener que las causas fueron múltiples y cambiaron a lo largo del tiempo. Uno de los últimos frustrados intentos por traerlos, en la década del 80, se suspendió por la delicada salud del mítico director que, asociado a la Berliner Philharmoniker, se transformarón en la fórmula clásica más célebre del planeta.
Finalmente, la orquesta sinfónica más conocida -y también la más cara de todas- llegó a América del Sur por una decisión conjunta de los músicos y Claudio Abbado, director titular de la Filarmónica desde 1989 y que dejará su cargo el año próximo, cuando lo suceda en el puesto más codiciado por los directores el inglés Simon Rattle.
Ya desde el ensayo que hicieron el jueves a la mañana, para conocer la sala, quedó claro que el debut de la Filarmónica de Berlín sería histórico.
Carlos López Puccio comentaba antes de la función los sorprendentes pianissimo que habían logrado las instrumentos de cuerdas en el final de la novena Sinfonía. "El sonido es casi imperceptible, con una afinación increíble y no usan vibrato", decía, todavía atónito, el integrante de Les Luthiers y experto director coral.
Ya desde las ocho de la noche, la sala del Colón lucía a pleno, con gente parada en todos lados, desde la exclusiva platea (una butaca costaba 250 pesos) hasta el popular paraíso.
Fanáticos melómanos, como los periodistas Nelson Castro, Víctor Hugo Morales, músicos clásicos como el director Pedro Ignacio Calderón y populares, como Mercedes Sosa, no quisieron perderse la histórica función.
Renovación generacional
Como ya había anticipado el propio Abbado en la conferencia de prensa previa, se comprobó la fuerte renovación generacional que tuvieron las diferentes filas de la Filarmónica de Berlín. Renovación que por supuesto no afectó en lo más mínimo el célebre sonido característico de, por ejemplo, la sección de violines, conducida por el concertino Daniel Strabawa o de los cornos, cuyo primer intérprete Stefan Dohr sobrellevó con éxito la endemoniada parte que escribió para su instrumento Gustav Mahler.
Abbado y la Filarmónica de Berlín fueron, en su primera noche en el Colón, directos y contundentes: sin prolegómenos se zambulleron en la hora y media que dura la Novena Sinfonía de Mahler, arrastrando a todos en su fenomenal interpretación. En el tenue final de la obra un silencio profundo de medio minuto fue el signo elocuente del estado de shock en el que quedaron todos los presentes.
Después estalló la ovación y una vez más, la coherente decisión de no incluir ningún bis después de semejante titánica faena.
Luego, en el café Petit Colón, los felices asistentes del concierto veían como, en las mesas de a lado, varios de los músicos alemanes apuraban un cafecito, contentos, por la feliz tarea cumplida. Y preparándose para repetir el suceso ayer a la noche.


