Norberto Fontana: del vértigo de las carreras a la paz de Arrecifes
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El campeón 2002 de TC2000 vive con su madre en Arrecifes, en la misma casa donde nació y pasó su infancia. Un barrio de casas bajas llamado Las Flores, no por casualidad. “Es lindo y muy colorido. Mi casa es mediana, tiene un patio, nada del otro mundo. Pero ahora la valoro más que antes. Pasé muchos años en el exterior y estoy disfrutando de este regreso. ¿Cómo es mi vida hoy? Tranquila. Me levanto a las 8.30, desayuno cereales y té con leche y me voy al gimnasio. A veces vuelvo al mediodía, si no almuerzo con amigos en dos bolichitos del lugar que se ponen muy buenos.”
A los 19 años cumplió su sueño de correr en Fórmula 1. Pero por razones económicas, no pudo avanzar. “Mi gran objetivo era ganar un campeonato del mundo. No pudo ser, pero tampoco lo descarto. Aunque parezca extraño, regresar a la Argentina en 2001 fue un acierto. No me arrepiento. Probé en otra categoría y me fue muy bien. Aquí la paso bien, estoy cerca de mis afectos, lo más importante. Hace seis años que estoy de novio y, la verdad, mantener una relación a la distancia es complicado. Luciana (Nombedeu) es profesora de aerobics y tiene un gimnasio en el pueblo. Estamos muy bien, pero por el momento no hablamos de casamiento. Somos jóvenes, yo tengo 27 años. Pero claro que algún día me gustaría formar una familia.”
Cuenta que su pasión por los coches viene desde muy chico. “Debuté en karting a los ocho años. Y nunca más paré. Viví tres años en Suiza, en Japón, Inglaterra, Estados Unidos. Pasé por varias categorías, viví mil anécdotas, conocí gente interesante. Para dedicarse a esto hay que tener una vocación real. Y algo debe suceder en Arrecifes, que es cuna de campeones. De allí salieron pilotos como Froilán González, los Di Palma...”
Hay una frase de Fangio que marcó su carrera: Nunca creerse el mejor, sino tratar de serlo. Es lo más acertado que escuché. “Yo soy muy ubicado y, a veces, bastante tímido. Es que todavía no me acostumbro a que me reconozcan. Por ahí, voy a comer a un lugar y alguien me mira demasiado. ¡Qué incomodidad! Prefiero que vengan de una y me pidan un autógrafo.”
Le gusta el cine de acción, muere por San Lorenzo y por el pollo al ajillo que le prepara su madre, se confiesa adicto a la mayonesa y no pasa un día sin correr diez kilómetros. “Tengo que estar en forma, así que entreno bastante. Igual, corro con la ventaja de tener un físico desarrollado ya que vengo de categorías más exigentes. Cuando estuve en Formula 1 me mataba; era un entrenamiento muy duro.”
Tuvo algunos accidentes, pero asegura que no le tiene miedo a la muerte. “Cuando uno se sube al coche se olvida del mundo. Si estás resfriado se te va, si te dolía algo, es historia. Es que te sumergís en otra cosa, tus sentidos están puestos en un objetivo y nada importa. ¿Cómo tener miedo? Si fuera así, me dedicaría a otra cosa. Pero ojo, que también rezo. Aunque me tengo mucha confianza, siempre hablo con Dios.”
Responsable
Dice que cuando se sube a un auto no corre, que es un ciudadano común y responsable. “Me gusta correr, obvio, pero acá las rutas son peligrosas y no todos los que están al volante son expertos. ¿Si discuto en la calle? No, no me voy a estar peleando con todos los troncos que encuentre. Me relajo y punto. Tampoco mandé a lavar los platos a ninguna mujer, porque eso no me parece bien y, además, soy un caballero...”
Arisco: “Para las madres uno siempre es un nene. La mía me viene a abrazar y yo me escapo. Después me arrepiento. Es que viví mucho tiempo solo en Europa y Japón, en clima de competencia, y eso te hace un poco más frío”.
Padres: “Mis viejos se separaron hace tiempo, pero me llevo bien con los dos. Papá ama el mundo de los autos y siempre me apoyó. En cambio mamá no quería, le daba pánico”.
País: “Representar al país en el mundo me hizo sentir un poco embajador. Por eso me duele lo que se ve de nosotros. Nadie me saca de la cabeza que el escándalo del fin del gobierno de De la Rúa fue un poco armado. Tenemos un país bárbaro, pero con gente empecinada en hundirnos”.
Candidato: “Me gustaba Reutemann, qué pena... Y no porque era corredor de autos sino porque me parece serio, inteligente, austero, de perfil bajo. Me siento identificado, aunque juro que jamás me metería en política. No tengo vocación de complicarme la vida”.






