La generación iPod puede estar perdiendo la audición sin siquiera sospecharlo
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La perdida de la audición es uno de los secretos sucios del negocio de la música, y todos los involucrados –desde los músicos hasta los fans que escuchan mp3 con auriculares– corren riesgo. “Subimos el volumen sin darnos cuenta de que estamos causando daño”, dice Brian Fligor, un audiólogo del Boston Children’s Hospital. “La pérdida de la audición inducida por el ruido crece tan lentamente y con tanta insidia que no sabemos qué está pasando hasta que ya es demasiado tarde.”
En 1989, Pete Townshend admitió haber sufrido “un daño auditivo muy severo”. Desde entonces, Neil Young, el productor de los Beatles George Martin, Sting, Ted Nugent y Jeff Beck hablaron de sus problemas auditivos. Hace unos doce años, el baterista de Fleetwood Mac, Mick Fleetwood, notó que estaba teniendo problemas para escuchar conversaciones en lugares con mucha gente. “Lo peor es cuando uno se ve a sí mismo como un viejo con la mano detrás de la oreja”, dice Fleetwood. “Era una gula por el volumen. Tarde o temprano vas a pagar el costo.”
En la actualidad, más de 28 millones de norteamericanos sufren algún grado de pérdida auditiva, según el National Institute on Deafness [instituto nacional de la sordera], y en tanto los baby boomers [la generación de los nacidos en los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial] envejecen, el número se espera que aumente hasta los 78 millones en 2030. “Durante los últimos veinte años, el ruido ambiental se duplicó en cada década”, dice Marshall Chasin, director de investigación auditiva en el Musicians’ Clinic of Canada. “Todo está más fuerte: los teléfonos, las películas, los ruidos de la construcción. Y el rock & roll forma parte de este proceso.” Para la generación iPod, el problema podría ser peor. Veintidós millones de adultos norteamericanos poseen un iPod u otro adminículo digital, y los estudios demuestran que su uso permanente, incluso a un volumen moderado, puede causar serios perjuicios.
Hay un número limitado de estudios específicos sobre los efectos de la música fuerte en los oídos, que puede dar como resultado la pérdida auditiva o un zumbido constante en los oídos llamado tinnitus. Pero la evidencia del riesgo para los fans y los profesionales de la industria de la música está creciendo, y los médicos, los audiólogos y los investigadores dirigen su atención al problema. “Cuando estaba haciendo el doctorado, la pregunta «¿Cuán alto pueden mis hijos escuchar música en sus auriculares?» me venía a la mente, y no encontraba una buena respuesta”, dice Fligor. “Un chico de 15 años con pérdida auditiva inducida por el ruido llegó a la clínica y le preguntamos si escuchaba música fuerte. Cuando nos mostró su discman, vimos que estaba a todo volumen. El problema era que él no tenía modo de saber que eso era malo.”
En 2001, Fligor comenzó un estudio para determinar cuán alto –y por cuánto tiempo– uno puede escuchar sin problemas con sus auriculares. Descubrió que la clase de auriculares que se utilizan aumenta enormemente el riesgo. “Cuanto más cerca del tímpano, más alto es el nivel de sonido que el sistema es capaz de producir”, dice Fligor. En promedio, Fligor descubrió que uno puede escuchar sin correr riesgos con auriculares externos hasta el nivel seis (de diez) durante una hora al día. Con la mayoría de los auriculares internos, como los que vienen con casi todos los reproductores de mp3, el tiempo aceptable es menor: alrededor de 30 minutos.
Los fabricantes de equipos portátiles reconocen que sus productos son potencialmente peligrosos –Sony, por ejemplo, incluye una advertencia sobre la pérdida auditiva junto a sus reproductores–, pero dejan a los usuarios la responsabilidad de mantener el volumen a un nivel seguro. Apple se negó a especificar cuán alto se puede escuchar música en el iPod, pero los resultados preliminares de Fligor indican que el iPod es comparable a un reproductor de cd portátil de Sony con auriculares internos, que puede llegar hasta los 130 decibeles, es decir, el equivalente a un taladro neumático. Los iPods europeos, en contraste, están limitados por ley a 100 decibeles.
Los fans más jóvenes parecen más vulnerables al desconocimiento de los riesgos. En 1999, el doctor Roland Eavey, profesor de otorrinolaringología de la Harvard Medical School en el Hospital de Ojos y Oídos de Massachusetts, asistió a un concierto de r.e.m. con su hija adolescente. “A la salida, en el estacionamiento, todo el mundo decía: «¿No te zumban los oídos?»”, cuenta. “Yo sospeché que no se daban cuenta de que estaban realmente en problemas.” Eavey dirigió un estudio en la Escuela de Salud Pública de Harvard para determinar cuán consciente del daño que podía sufrir su audición eran los asistentes a los conciertos. El año pasado, el equipo de Eavey posteó un cuestionario en el sitio web de mtv. En tres días, casi 10 mil personas (la mayoría menores de 21 años) respondieron las 28 preguntas sobre sus actitudes frente a cuestiones relacionadas con las enfermedades de transmisión sexual (el 50 por ciento dijo que eran “un problema muy grande”), el uso del alcohol y de drogas (47 por ciento) y la depresión (44 por ciento). “La pérdida auditiva fue un 8 por ciento”, dice Eavey. “Pero más tarde preguntamos: «¿Alguna vez sentiste pérdida auditiva o un zumbido en tus oídos?». Y dos tercios contestaron que sí.”
El House Ear Institute de Los Angeles estuvo evaluando a profesionales de la industria de la música desde 1997. Rachel Cruz, una investigadora y audióloga del instituto, analizó los datos recogidos a partir de 4.000 casos, entre músicos, productores, ingenieros y djs. “En promedio, las personas que testeamos, de más de 20 y menos de 40 años, mostraron claros daños por causa de la exposición al ruido, pero su audición estaba dentro de los parámetros normales”, dice. “De todos modos, una vez que lleguen a los 40, va a haber un gran salto. Si no se cuidan, puede ser muy molesto.”
“Todos los músicos que conozco tienen algún problema auditivo”, dice la cantante de Garbage, Shirley Manson. “Todos los chicos de mi banda sienten unos ecos raros que vienen por estar cerca de música realmente fuerte.” El guitarrista de Pearl Jam, Stone Gossard, dice que él no está afectado, pero que el bajista Jeff Ament, el guitarrista Mike McCready y el baterista Matt Cameron sufren pérdida auditiva o tinnitus. “Para ellos es duro lidiar con eso, entonces estamos haciendo algunos ajustes”, dice Gossard. “Estamos tratando de mantener el volumen a un nivel que nos permita a todos seguir haciendo música.” Es una ironía cruel: la gente que más necesita de sus oídos corre los mayores riesgos. “Si un audiograma te da mal, no importa cuán buenos sean tus parlantes”, dice el doctor Charles Limb, cirujano en el Johns Hopkins Hospital. “Porque no vas a poder oír correctamente.”
Eso es lo que le pasó a Phil Collins, quien, hace cinco años, como resultado de una infección viral, perdió la audición de determinadas frecuencias en su oído izquierdo. Aunque su pérdida no fue a causa de la exposición al ruido, el baterista y productor se alejó de la consola. “Pensé que si alguien iba a pagarme para producir un álbum, más me valía tener bien mis dos oídos”, dice. “Además, estaba poniendo demasiado bajo, porque esa era una de las frecuencias que no escuchaba bien.”
Durante los últimos quince años, una organización llamada Hearing Education and Awareness for Rockers [educación y conciencia auditivas para rockeros] ha trabajado para inculcar la precaución de los problemas auditivos relacionados con la música. Su directora ejecutiva y cofundadora, Kathy Peck, creó h.e.a.r. tras empezar a notar una pérdida auditiva cuando su banda, los Contractions, fue telonera de Duran Duran en el Oakland Stadium en 1984. “Fui a una institución, pero me pusieron a estudiar cómo leer los labios con chicos de 8 años. No entendieron que estaba en una banda que se suponía que iba a tocar con Santana en el Golden Gate Park.” Sorprendida por la falta de acción terapéutica específica para músicos, Peck se juntó con un doctor en la Haight-Ashbury Free Clinic para crear una clínica de audición. Pete Townshend donó 10 mil dólares para ayudar a fundar h.e.a.r. A lo largo de los años, la organización se convirtió en un grupo de abogados que producen servicios públicos y avisos con Lars Ulrich de Metallica y ayudan a promover una ordenanza de la ciudad de San Francisco por la que los locales deben distribuir gratuitamente tapones para los oídos.
“Los tapones que se consiguen en la farmacia obturan cerca de 25 decibeles”, dice Eavey. “Esa es la diferencia entre el daño potencial y ningún daño.” Pero la distribución de tapones no está muy difundida, y los fans tampoco están demasiado prevenidos de su importancia, al menos según el estudio de Eavey en mtv. “Se trata de educar a la gente. Lo mismo que con el uso de condones”, dice Manson, de Garbage. “Si no empezamos a tomar precauciones, a los 40 vamos a ser increíblemente inútiles.”
Algunos grupos más jóvenes se resisten. “A mí sólo me gusta fuerte”, dice el cantante de Killers, Brandon Flowers. “Nuestro show no sería igual si yo usara protección en los oídos.” Barry Hyde, de Futureheads, agrega: “Traté de tocar con tapones, pero me los saqué enseguida no estaba disfrutando. Tendré que sufrir las consecuencias más adelante.”






