Obsesionado con el amor

Dispuesto a filosofar, el artista plástico Bony Bullrich es un entrevistado ideal. Lejos de las respuestas monosilábicas, se hace preguntas, se explaya generoso sobre sus creencias y hasta confiesa su debilidad por la palabra relajate. Además, se saca una foto
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17 de febrero de 2012  

-Contá algo grosso para vos, Bony.

-Dale.

-¿Qué?

-Fue hace poco, llevaba el mundo sobre mis espaldas. La justicia, las relaciones humanas, los desencuentros, y en el momento menos pensado, como en el oráculo de Delfos, la persona más importante, la que más respeto, dijo como embriagada por Apolo la palabra mágica: relajate . Me confundí. Pero esa palabra dicha por esa persona en ese momento será inolvidable.

-¿Y esa palabra qué te llevó a reflexionar?

-Que la razón del Homo sapiens nos instituye amos de lo creado. También, que el instinto es animal y amar es un instinto. Los animales, paradójicamente, nos observan destruir lo creado. La razón entonces adquiere una dimensión impensada. Creíamos que estábamos llegando a la cima del escarpado camino de la caverna, después de la democracia griega, con sus ciudadanos y el origen del pensamiento como lo conocemos hoy. Pero, ¿y los esclavos? Bueno, sin ellos no podemos pensar , diría un filósofo griego. Mientras, los animales desde su panóptico brutal contemplan. Están ahí como estuvieron siempre. No caminan por el escarpado camino platónico. Sin embargo, con ellos lo creado está a salvo. Semióticamente relajate recobra una nueva dimensión en mi sistema de creencias. ¿El amor, un instinto, transciende por primera vez a la razón? Relajate como signo transmutó en mi silogismo vital a la premisa mayor. Lógico. Parece racional, pero hay algo más. El contexto en que me dijeron relajate . El meollo de la cosa: el amor. Pero no tengo tiempo para el amor. Me saca energía, me desconcentra, me tira abajo, me controla, me asfixia. Relajate será la palabra que me hará sortear piedras del escarpado camino. Pienso en relajate y las formas devienen tridimensionales, Lejos, pero ya no son planas como las veía abajo. Eran sombras, claro? Abajo, el meollo de la cosa otra vez. La dimensión de la palabra amor. Al prójimo, a la naturaleza, al esclavo, al que está del otro lado del muro y a quien elegimos casualmente para amar. Y me surge esta pregunta: ¿si los que vivimos en Recoleta tomáramos baldes de pintura y fuéramos a ayudar a los que viven en la villa 31 a pintar sus casas?

-Parece que te movés, que fluctuás, entre la razón y el amor...

-Es que las playas se construyen de granos de arena. Nuestro futuro está lleno de acciones concretas de hombres seguros, capaces. ¿Viste el peluquero brillante que nos hipnotiza con una tijera? Tiene 15 asistentes, 15 familias dignas?, y mucho más. Genera mucho más. ¿Discurso cartesiano posmo? Nooo? Es mi método. Observar las razones por las que existimos en lo práctico. Las reales. A veces, cuando el amor lo hacen las almas, los cuerpos se confunden, es cierto. La razón se siente tímida e insegura frente al ser amado. Si el que está a mi lado es mejor que yo, el amor me permite decirlo sin miedo. Amar es dejar volar. El proyecto de vida del ser amado es tan importante como el mío. Todo tiene que ver. El futuro de lo creado, los animales, la razón, el peluquero y la tijera. El centro de la cuestión: el amor. Y esa palabra, amor, que no sabés por qué cambió mi vida. Es mi secreto y no lo puedo revelar.

-¿Pero qué te pasa con esa palabra? ¿Podés revelar algo?

-Con ella, mi razón se repliega. El amor se infiltra insolente. Pienso en el escarpado camino, los animales, el hombre. Estoy listo para aceptar el instinto. ¡Sííí! Un fuerte . Como con EEE. Subvertir el ritual? ¡Primero el amor y vamos a llegar hasta donde nos deje el sol!

Producción:

Fernando Castro Nevares

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