Ozzy Osbourne celebra los 37 años de la noche en que mordió a un murciélago, con un peluche desmontable

Ozzy Osbourne
Ozzy Osbourne Fuente: Archivo - Crédito: Santiago Filipuzzi
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21 de enero de 2019  • 15:13

"¡Hoy se cumple el 37 aniversario desde que mordí la cabeza a un murciélago! Celebralo con este peluche conmemorativo con cabeza desmontable". Así es Ozzy Osbourne, el único músico que puede celebrar los 37 años desde que mordió la cabeza de un murciélago arriba de un escenario y se convirtió en leyenda. Ayer, desde su cuenta de Twitter, Osbourne anunció la venta de este peluche al módico precio de 40 dólares, y sus fans corrieron a comprarlo. Tanto, que enseguida se agotó la primera tirada y ya se largó una "pre-venta" para los que no pudieron hacerse de uno de estos "tiernos" murciélagos.

El 20 de enero de 1982, durante un concierto de Ousborne (solista desde que sus compañeros lo habían echado de Black Sabbath, en 1979), en el Auditorio Memorial de Veteranos en Des Moines, Iowa, una persona del público arrojó un murciélago al escenario y en cuanto lo vio, Ozzy fue hasta él y mordió su cabeza. Muchos discuten sobre la veracidad del hecho e incluso si el animal estaba vivo o muerto al momento de ser lanzado al escenario. En varias ocasiones, el músico aseguró que era todo cierto y que al terminar el show debió salir corriendo a un hospital para que lo vacunaran contra la rabia.

Mi boca estaba instantáneamente llena de este líquido caliente, pegajoso, con el peor regusto que te puedas imaginar. Podía sentir que manchaba mis dientes y corría por mi barbilla

La historia cuenta que fue un tal Mark Neal, desde el medio del público, el que lanzó "la mascota muerta de su hermano" al escenario de Osbourne. El músico jamás pensó que el animal era de verdad, sino que creyó que era un muñeco de hule, lo tomó entre sus manos y le arrancó la cabeza con los dientes. En sus memorias publicadas en 2009, I Am Ozzy, el cantante recordó aquella noche: "Inmediatamente, sin embargo, algo se sintió mal. Muy mal. Para empezar, mi boca estaba instantáneamente llena de este líquido caliente, pegajoso, con el peor regusto que te puedas imaginar. Podía sentir que manchaba mis dientes y corría por mi barbilla. Entonces la cabeza en mi boca se crispó. ‘Oh, jódanme’, pensé. No me digan que me acabo de comer un jodido murciélago". De allí en más, el mito. Y, 37 años después... ¡El peluche desmontable!

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