País de ciencia ficción
El mes próximo se estrena "La sonámbula", de Fernando Spiner, film enrolado en ese género
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Una maraña de autopistas penetra la ciudad repleta de edificaciones. No se ve gente. Sólo autos de líneas dinámicas, moles de cemento codéandose con cúpulas de reminiscencia barroca y apenas un retazo de río en el horizonte lejano. Es la imagen de una ciudad extraña y la vez, reconocible. Un collage de líneas modernas y antiguas, que resume desde un afiche de colores acerados el ambiente que domina una historia narrada en miles de metros de celuloide.
En ese paisaje urbano futurista transcurre "La sonámbula", ópera prima de Fernando Spiner que se estrena en septiembre y ha sido invitada a participar en los festivales de cine de San Sebastián (España) y Toronto (Canadá).
El español Eusebio Poncela, Sofía Viruboff, Lorenzo Quinteros, Gastón Pauls, Norman Brisky, Alejandro Urdapilleta y Patricio Contreras encabezan un elenco que también incluye a Noemí Frenkel, Pastora Vega, María José Gabin, Belén Blanco, Lucrecia Capello, Martín Adjemián y Silvina Bosco, entre otros. A ellos les toca interpretar una fábula de corte fantástico imaginada por Spiner y trasladada al guión por éste y el escritor Ricardo Piglia, con la colaboración de Fabián Bielinski.
Tras ganar un concurso de operas primas convocado por el Instituto Nacional de Cinematografía y Artes Audiovisuales (Incaa) en 1995 -que se tradujo en un adelanto de 625.000 dólares en concepto de recuperación por exhibición en medios electrónicos-, el cineasta integró inversionistas privados al proyecto y encauzó la realización de "una película argentina de claro tono independiente", definición que abarca la producción del film, pero también su concepción formal, según explicó a La Nación .
"Desde el comienzo nos planteamos una propuesta experimental en lo formal, porque había que concebir una Argentina del futuro. Pensamos mucho en cómo hacerlo para que no fuera una mala versión de "Doce monos" ni de "Blade Runner" hecha con el 5 por ciento del presupuesto con que cuentan ese tipo de films. Queríamos que tuviera una identidad propia pero también un impacto visual importante", recordó Spiner.
-¿Cómo resolvieron ese aspecto?
-Hubo una movida interesante cuando conocí a Guillermo Otero -dueño de Metrovisión, una empresa de posproducción líder en nuestro país-, e hicimos un convenio de coproducción. La película se posprodujo íntegramente en esa empresa y eso cambió completamente su perfil. Porque hicimos un trabajo exhaustivo sobre cómo íbamos a filmar lo que luego posproduciríamos. Terminamos haciendo un film de un costo importante para el cine argentino.
-¿A qué llama "un costo importante"?
-Supera los dos millones y medio de pesos, pero eso es significativo en cuanto al aporte de Metrovisión. Rodamos en el verano del 97, hicimos durante todo ese año posproducción y en lo que va del 98 hicimos el finish. La película tiene un nivel de posproducción inédito en el cine argentino. Tiene un gran impacto visual y un proceso de elaboración del que a veces no dispone un film que tiene fecha de estreno fijada cuando se está empezando a filmar.
-¿Cómo nació la idea de esta historia?
-Surgió de muchos lugares. Uno siempre está escribiendo guiones. También tiene en la cabeza ciertas películas que le interesan, le gustan o cada tanto vuelve a ver porque las ama. En general, en este caso se trata de films que no tienen que ver con el género que terminó desarrollando "La sonámbula". Por ejemplo "Laura", de Otto Preminger, siempre me gustó por la idea de esa mujer de la que se enamoran en ausencia. Otro de mis favoritos es "Vértigo" de Alfred Hitchcock, donde también hay una mujer que aparenta ser algo que no es y después aparece otra que niega ser lo que es. El punto de partida de mi película es una protagonista y tres hombres enamorados de ella, pero lentamente se interna en otro género.
-¿Es un film de ciencia ficción, concretamente?
-Es difícil de definir, porque es muy original. Al principio se instala en la ciencia ficción -una parte transcurre en el futuro-; lentamente los protagonistas hacen un viaje -que la transforma en una road movie- hacia lo que termina siendo una historia de ficción fantástica, especulativa. De todos modos, el término "ciencia ficción" le queda muy bien a la película. Su desarrollo y final es muy sorprendente.
-¿Quién es la sonámbula del título?
-Sofía Viruboff, que hace el personaje de Eva Rey. Es una chica que de un modo fantástico que no voy a develar, viaja al futuro. En ese futuro han sucedido cosas. Una de ellas es que han hecho experimentos con armas psíquicas, que inesperadamente produjeron pérdida total de memoria en miles de personas. Como ella no recuerda nada, es considerada una afectada por esos experimentos psíquicos. Pero en sus sueños -después de leer en una pantalla de lectura de sueños- descubren algo mucho más importante, que tampoco puedo anticipar.
-¿Desde qué época ella viaja hacia el futuro?
-Desde el presente. Está en Saavedra, un pueblito de la provincia de Buenos Aires, y viaja a la Capital, no físicamente, en su mente. Lo que pasa es que ésta es una película de construcción.
-¿El espectador va armando la historia como un rompecabezas?
-La película no es lineal. Cada momento le va dando elementos al público para armar la historia. Según lo que palpamos después de una exhibición privada, "La sonámbula" es una película para conversar. Y creo que ésa es una de sus virtudes.
-¿Provoca una reacción similar a la que puede experimentar el espectador frente a un film como "Terminator", en el que hay muchas lecturas posibles?
-Sí. También tiene la virtud de que no pensás en "Terminator" ni la comparás con ese film.
-No me refería a la comparación, sino a los distintos niveles de lectura que posibilita la historia.
-El ejemplo es válido. Hay una historia central y muchas otras para discutir. Pero desearía no decirle al espectador "esto es tal cosa". Porque el film tiene muchas puertas de lectura abiertas y esto también es interesante. No deja afuera a nadie sino que lo involucra de un modo muy inteligente.
-El futuro que plantea "La sonámbula" tiene que ver con el bicentenario de la Revolución de Mayo, ¿por qué eligió esa fecha?
-Era una fecha interesante para construir un futuro no demasiado lejano, que pudiese tener esa síntesis que muestra la película sobre un futuro bizarro-tecnológico (donde conviven cosas muy viejas con otras tremendamente nuevas). Y nos gustaba la idea de un grupo muy grande de argentinos festejando el aniversario de la patria, sin saber lo que significaba porque habían perdido la memoria.
-¿Todos los personajes perdieron la memoria?
-Cientos de miles están afectados por la pérdida de memoria, pero otros no. Lo interesante es que, como se trata de una película argentina, en ese sentido con Piglia buscamos una raíz y una tradición. Encontramos todo eso en la literatura de Jorge Luis Borges, de Adolfo Bioy Casares y de Julio Cortázar. Si fuera una historia al estilo "Blade Runner", a los que pierden la memoria les inyectarían un chip con un background. En este caso un funcionario de gobierno, para parar el caos que significa tener miles de personas que no recuerdan nada, les dice "vos sos tal persona, éste es tu marido, éstos son tus hijos y tu profesión es tal. Hacé eso. Hacelo hoy, mañana, pasado mañana. Vas a ver cómo poco a poco vas a ir construyendo tus propias nuevas huellas y vas a terminar creyendo en esto". Ese es el método de rehabilitación al que se somete a la gente, que vive una vida que no recuerda y tiene parejas que no recuerda. Es casi una cosa terapéutica, en donde a la gente le hacen hacer algo que le dicen que es. Pero también hay una resistencia. Hay un líder mítico que nadie conoce, llamado Gauna, que está llamando a resistir.
-¿Gauna es la memoria?
-Es una especie de subcomandante Marcos, alguien que está llamando desde algún lugar a descreer de lo que la gente es. Su consigna es "el miedo es el enemigo". Y convoca a salir de una ciudad totalmente amurallada, de donde no se puede escapar y fuera de la cual no hay nada.
-En la Argentina de hoy conviven elementos de gran modernidad con otros de enorme atraso, así como la lucha por mantener viva la memoria frente a la actitud de pretender olvidar el pasado. ¿Hay una lectura política en "La sonámbula?
-El tema de la memoria es muy argentino. Piglia dice -y estoy de acuerdo- que el género de ciencia ficción es eminentemente político, porque generalmente presenta sociedades donde han sucedido hechos puntuales. Si uno piensa en "1984", la misma "Blade Runner" o en "Fahrenheit 451", son películas muy políticas. "La sonámbula" podría definirse como una aventura en el futuro. Porque está sostenida por una gran historia de amor. Pero también es una película política. Me preocupé mucho por que eso no estuviera exageradamente en la superficie del film. De todos modos, creo que el espectador interesado va a hacer una lectura política de "La sonámbula", porque transcurre en la Argentina, se habla de la memoria y hay un nivel de control que las autoridades ejercen sobre los ciudadanos.
-¿Es una película "de efectos especiales"?
-No. Tiene una historia, un nivel de actuaciones maravillosas, de caracterizaciones, de escenografía, de vestuario, de puesta en escena y de puesta de cámara. Los efectos especiales ayudan a que la historia avance de manera más efectiva. Pero no es un film de efectos, como podría ser "Godzilla", donde uno sabe que verá lo habitual, con un monstruo impresionante. Aquí hay muchas cosas sorprendentes, no sólo los efectos especiales.
-La ciudad que recrea su ópera prima muestra un llamativo cruce de estilos arquitectónicos, combina lugares reconocibles para el espectador con otros que no lo son.
-Sí. Buenos Aires tiene algunas construcciones muy racionalistas que datan de los años ´30: el Correo Central, el Cavanagh, el Abasto, la Usina Puerto Nuevo. Nos costaba mucho, para construir esa cosa bizarra, cruzarla con otras muy modernas que también tiene la ciudad -como el edificio Catalinas o el llamado "rulero"-. Entonces hicimos una suerte de collage de elementos de la ciudad, que hacen a Buenos Aires muy identificable y a su vez la convierten en un lugar muy raro y especial. Además, todo está repleto de autopistas. También es una ciudad muy desolada, donde la gente viaja por los subterráneos. La cosa no es tan obvia en el relato, pero a partir de este gas del olvido que estalló hay mucha desolación y un control policial muy fuerte.
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