Palabras
1 minuto de lectura'
Soy apenas un monje budista y, si bien mi experiencia no es nada excepcional, logré probar los beneficios de una actitud amorosa, compasiva y de respeto hacia los demás seres humanos. Hace muchos años que trato de cultivar tales cualidades y, pese a circunstancias difíciles, compruebo que tal actitud me ha brindado felicidad.
La compasión es una de las cuestiones más importantes. No la podemos comprar en los grandes almacenes de Nueva York. No la podemos producir con una máquina, pero sí con nuestro desarrollo interior. Sin paz interior, es imposible alcanzar la paz mundial.
Pero no es suficiente quedarse pensando en lo agradable que es la compasión. Necesitamos hacer un esfuerzo para desarrollarla y utilizar todos los momentos de nuestra vida cotidiana para transformar nuestros pensamientos y nuestra manera de ser.
Todos estamos aquí en este planeta, por así decirlo, como si fuéramos turistas. Ninguno de nosotros puede vivir para siempre. Lo máximo que podríamos alcanzar sería unos cien años. Así que mientras estemos aquí, deberíamos tratar de tener buen corazón y hacer algo positivo y provechoso de nuestras vidas.
Ya sea que vivamos unos pocos años o un siglo, sería verdaderamente muy lamentable y triste que pasáramos nuestra vida agravando los problemas que afligen a otras personas, a otros animales o al medio ambiente. La cosa más importante consiste en ser un buen ser humano.
Creo que el propósito de todas las grandes tradiciones religiosas no es construir imponentes templos y edificaciones grandilocuentes, sino crear precisamente templos interiores de bondad y compasión, en lo más íntimo de nuestros corazones.






