
Pantoja, copla y estampa
"A tu vera". Espectáculo con Isabel Pantoja. Bailarines: Ana Gaviño Martínez, Lidia Lechado Crusat, Juan Benabent Boluda, Zenón Ramos Reyes, José Donado Mestaza, Jesús Fuentes Telles, José Polonio Fernández y Javier Serrano Espinosa. Piano y dirección musical: Alejandro Monroy. Iluminación: Fernando Diyorio. Producción y dirección general: Ricardo Berbari. En el teatro Gran Rex. Nuestra opinión: Muy bueno
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Isabel Pantoja nació en Andalucía; y dentro de Andalucía, en Sevilla; y dentro de Sevilla, en Triana. ¿Qué más para encontrarse con la auténtica copla, con ese ritmo que, en su voz y su figura, cobra dimensión de nostalgia, de fuego y de ternura?
Ella es una de las grandes que nunca renegaron de la bata de cola, aunque por ello llegaran a tacharla de antigua. Y en esta nueva presentación en un escenario porteño no sólo luce con garbo esa indumentaria, sino que hace volar como paloma sin retorno su mantón de Manila y su abanico.
Cuando aparece enmarcada por una escenografía sin rebuscamientos y entre luces que ponen suave acento en rojos, verdes y blancos, es recibida con estruendosos aplausos y claveles que caen a raudales. Tras un breve saludo, Isabel Pantoja interpreta "Rocío", la primera de una seguidilla de coplas que hablan de amores heridos y de lejanías sin retorno.
El duende eterno
Las canciones hallan en su voz de hondos tonos intimistas, en sus manos ágiles como caricias infinitas y en el revoleo de su bata de cola la grandeza sevillana, el dolor y la alegría de romances logrados y despedidas sin remedio. Así desgrana "Silencio, cariño mío", "¿Quién dijo pena?", "Pena, penita pena", "Yo soy otra" y "No me quieras tanto", piezas poéticas y musicales que reflotan de la memoria los nombres de León, Quintero, Quiroga y Solano, maestros hispanos de la autenticidad de la copla.
Cuando Isabel Pantoja deja el escenario para cambiar su sobrio vestuario, aparecen los integrantes de un excelente ballet que brindan, con elegancia y plasticidad, piezas que se entroncan con lo más depurado de la música sevillana. Y cuando Isabel Pantoja retorna, vuelven su magia y su duende. Su garganta derrama "La bien pagá", "La zarzamora" y "A tu vera", temas de los que ella hace verdaderas creaciones interpretativas.
El espectáculo reúne así un doble placer: el de revivir algunas de las mejores coplas y el de disfrutar de Isabel Pantoja cantando la música que más se acerca a su esencia y a su ser. Pero, era inevitable, el público no deseaba abandonar la sala sin que ella entonase la pieza que paseó con hidalguía por el mundo: "Marinero de luces". Y con una emoción que parte de sus más íntimas fibras de mujer, complació al auditorio, que pudo disfrutar, una vez más, de esa Isabel Pantoja que, acompañada por una excelente orquesta dirigida por Alejandro Monroy, volvió a deslumbrar con su voz y su estampa.





